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Claudio Gallardou no se queda en banda

El director de La Banda de la Risa habla de su infancia, sus máscaras y las razones de un éxito.
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21 de junio de 1997  

"En esta vida, muchas veces se sufre, otras se espera, y muy pocas se goza." Por esto que dijo Carlo Goldoni en "Il servitore di due padroni" y por otras razones personales más, Claudio Gallardou una vez se puso la simbólica nariz colorada de payaso y, como le daba "permiso para ser feliz", no se la sacó más. Así formó para el teatro y para la vida un grupo llamado La Banda de la Risa, que en poco tiempo pisará también la tevé.

Termina transpirado una función de "Arlequino", después de haber dirigido por la tarde "El Fausto, o rajemos que viene el diablo", dos reestrenos de este año en la Fundación Banco Patricios. Pero respira feliz. A los 36 años Claudio Gallardou se confiesa un obsesivo del trabajo, pero admite que disfruta el escribir teatro, actuar, hacer acrobacia, fabricar las máscaras de sus espectáculos, tocar instrumentos, dirigir a sus actores...

Y cuenta que nació en medio de una gira que hacían sus padres, en Madrid, con la Compañía de Teatro de Buenos Aires. El, escritor, recitador, juglar pampeano. Ella, cantante, actriz, y actualmente violinista en el Teatro Argentino de La Plata. Una tía cantante, un tío vestuarista. Así se cocinó su infancia.

"Estudiando teatro con Agustín Alezzo aprendí las nociones básicas para entrar al teatro ÔserioÕ. Y a los 16 debuté con "Sueños de una noche de verano" hasta que pude por primera vez vivir de un sueldo con "La lección de anatomía". Yo ya había decidido largar todo tipo de trabajo que no fuera artístico", cuenta ahora Gallardou, si bien admite haber tenido participaciones en programas de tevé y en cine "algunas cosas horrorosas que hice por experiencia y porque me divertía hacerlas en esos momentos". De esta calificación exceptúa al personaje del cura, en "Camila", de María Luisa Bemberg; su más reciente papel del ÔpoliladronÕ en "La Furia", de Juan Bautista Stagnaro, y su próxima participación en tevé para "Archivo negro".

_¿En qué momento nació La Banda de la Risa?

_Todo lo que se expresaba en el Teatro Abierto era la depresión del actor, la sociedad castrada. Era muy contestatario. Pero con la democracia se agotó este modelo porque el enemigo había cambiado y ya no había represión. Los enemigos éramos nosotros mismos. Entonces el clown aparece con la apertura social a esas cosas que estaban reprimidas, como trabajar en grupo, salir a la calle... Es una manifestación absoluta de alegría, un emergente popular de festejo. Y yo elegí disfrazarme y expresarme así.

_Todos tus espectáculos denotan un proceso previo de investigación...

_A mí me interesa transitar la profesión. Por eso todo lo que hago es sobre la base de la investigación. Para hacer "El Martín Fierro" estudié mucho sobre el teatro criollo, me junté con payadores... Para "La comedia finita" estudié sobre el varieté. Y para hacer la comedia del arte viajé a Venecia, compré máscaras, música, libros, sombreros, me informé, compré grabados. De este modo, cuando hago un espectáculo me siento seguro de que lo que hago está bien.

_Dicen que sos extremadamente riguroso en tu trabajo...

_Demasiado. Trabajo más de 24 horas por día, y lo disfruto. Pero la obsesión es como una enfermedad y a veces me trae problemas, porque deteriora mis relaciones con mis amigos y mis parejas.

Busca recuerdos

Claudio Gallardou vive en un departamento en San Telmo cálidamente decorado. En cada rincón se levanta una especie de altar con sus objetos y recuerdos más queridos. Sombreros por un lado, coloridas máscaras con distintos estados de ánimo por otro; por ahí unos cuantos premios ACE, en otro rincón las congas, el bongó, unas guitarras y un acordeón a piano; en blanco y negro las fotos de José Marrone, Pepe Biondi, Alberto Olmedo y sus amigos de La Banda.

"Me gusta sentirme rodeado por las cosas que quiero. Mirá la cara de felicidad que tengo en esta foto con mis compañeros. A veces nos peleamos y hasta fuimos a un coordinador de grupo para sacar afuera cosas. Pero lo bueno es que cada uno está contento con lo que hace. En el espectáculo cada uno se lleva su aplauso y su risa", cuenta Gallardou con el cantar de fondo de Cocola, un canario que lleva el apodo más casero de Marrone.

_¿Cómo heredaste estas cosas?

_Soy un busca. Un día llamé a Juanita Martínez porque a Marrone lo admiré toda mi vida. Cuando empecé con el payaso no me podía despegar el "Oña!". Entonces ella me regaló una naricitas de él y esta foto que Sandrini le había dedicado: "José yo sé. Yo sé que tu gran corazón reparte dinero a los pobres, eso es bondad. Yo sé que tu gran espíritu reparte alegría a los tristes. Yo sé que eso también es bondad". La hija de Biondi me dio estas fotos. Marina Borestein me regaló una de las pelucas de Tato. Y gente de circo me dio ésta, de José Podestá, el "Pepino el 88".

Si bien la filosofía de Claudio Gallardou fue formar un grupo de trabajo en donde todos se luzcan, no puede dejar de rendir tributo, en "Arlequino", a muchos de los grandes capocómicos argentinos a través de sus slogans: Mamita querida, Patapúfete, ¡Salta violeta!, ¡Qué fenómeno!, ¡La mama ve lo colores!. "Esa es mi infancia", agrega él.

_¿Quién te enseñó el oficio de fabricante de máscaras?

_Un día me senté con un molde y empecé. Para cada uno de los espectáculos de La Banda debo haber fabricado unas diez máscaras. Y para una obra homenaje al titiritero Javier Villafañe, en el Teatro General San Martín, me encargaron setenta.

_Todos los gestos son posibles...

_Totalmente. Yo las voy moldeando hasta que les encuentro el carácter al personaje. Y a una máscara le podés imprimir un gesto para que cuando el actor la tenga puesta encuentre su personaje en esa máscara. Hay una que levanta una ceja sola porque el personaje es un soberbio.

_¿Cómo pasaste la etapa de ser un integrante de una banda de amigos a dirigirla?

_Seguimos siendo un grupo de amigos. En total somos 25. En algunos espectáculos actúo y en otros sólo dirijo. Cuando se suma un integrante a La Banda primero me fijo que sea una buena persona. Porque el teatro es una forma de vivir y no de hacerse famoso. Por eso prefiero un actor menos talentoso que otro, pero que ponga el corazón en lo que hace. Cuando lo quiero me cuesta menos dirigirlo.

En el final de "Arlequino", el arlequín de Gallardou guarda con cariño al resto de los personajes con sus trajes de época y sus vestidos, sus gestos y sus máscaras, sus deseos y ambiciones. Los guarda como si estuvieran dentro de una cajita, como si fueran muñequitos. Y así, una vez más, cada uno se lleva su aplauso y su risa. Todas las noches y para siempre.

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