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Valeria Bertuccelli: fresca y natural

A los 35 años, está en su mejor momento. La actriz, que comparte su vida con el músico Vicentico y el hijo de ambos, hoy deslumbra en el cine, tras haber pasado por el teatro under y la TV
Fabiana Scherer
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26 de junio de 2005  

Espontánea, por sobre todas las cosas. Así es Valeria Bertuccelli, la muchacha de rara belleza y cejas tupidas que heredó el espíritu de libertad de su padre y encontró su vocación en el escenario. A los 35 años, la actriz ha construido una carrera encomiable. ¿La razón? "Todo lo hago con convicción", dice, y habrá que creerle. "No sé de dónde viene –se sincera a la hora de explicar qué la empujó a la actuación–. Pero de alguna manera mis hermanos y yo estamos relacionados con el arte. Mi hermana estudió dirección y mi hermano es pintor."

En su madre, profesora de Bellas Artes, siempre encontró apoyo para anotarse en el curso que se le ocurriese. "Quería hacer un taller literario y allá iba; danza, al Colón. Pero el entusiasmo, la confianza y el espíritu de lucha se lo debo a mi padre. Fue mi primer público. Para él bailaba e improvisaba. Lo hacía reír", dice, e imita su carcajada.

Dio sus primeros pasos en las trasnoches del under del Parakultural con Las hermanas nervio, el dúo humorístico que formó, a los 17 años, con Vanesa Weinberg. "En casa no estaban muy convencidos de que me metiera con la actuación; insistían en que hiciera una carrera paralela o estudiara algún idioma, por las dudas." Pero Valeria no tuvo dudas y siguió. "Recuerdo que cuando se publicó la primera crítica de Las hermanas... mi viejo me llamó a casa a las 11 de la mañana para que fuera hasta su oficina. Allí estaba con un ramo de flores. En ese momento supe que él siempre había esperado que yo me rebelara para buscar mi camino."

De ese camino nunca se alejó. A paso firme, abrió nuevas huellas que la llevaron a la televisión y al cine, al que hoy considera su lugar. "Es mágico –dice sobre el mundo de la pantalla grande–. Filmar te permite vivir encerrado un tiempo en una especie de submundo, para luego volver a tu realidad."

Fue precisamente en un rodaje, el de su primera película, 1000 boomerangs, donde conoció al amor su vida: Gabriel Fernández Capello, el músico y también actor conocido como Vicentico, la voz de los Fabulosos Cadillacs, con el que comparte la vida desde hace once años y con el que tuvo a Florián, su otro amor.

Recuerdos de provincia

Nació en San Nicolás de los Arroyos, cerca del río Yaguarón y de cara al cementerio.

–¿Te atemorizaba vivir frente al cementerio?

–De chica siempre fui muy miedosa. Durante el día hacía cualquier cosa, hasta jugaba entre las tumbas, pero cuando llegaba la noche me arrepentía.

–¿Superaste aquellos miedos?

–Los miedos de chica, sí. Pero cuando me fui a vivir sola dormía con la luz encendida. Hasta los 20 dejé siempre una luz.

–¿A qué le temías?

–Era un miedo irreal; es difícil de explicar.

–Pero de alguna forma los tuviste que volver a enfrentar como madre…

–Uh! –suspira profundo–. Siempre algo de temor te queda de aquella etapa, y cuando tu hijo te llama para que vos, como una valiente dama, enfrentes sus miedos, tenés que sacarte los propios de encima. Muchas veces le decía: "Florián, te dejo la luz encendida". Pero él me sorprendía con un "no mamá, apagala". Y yo me iba del cuarto con un ¡guau!, qué valiente es.

–Entre tus hermanos sos la mayor. ¿También tuviste que demostrar valentía ante ellos?

–Me costó ser la hermana mayor; realmente fui el experimento de mi familia. A mi hermano le llevo cinco años y a mi hermana, siete, así que imaginate. Cambiaba pañales, daba la mamadera, los cuidaba, los bañaba. Era la clásica "mamá chiquitita". Me encantaba, era como jugar a las muñecas con seres vivos. Sin embargo, siempre sentí una gran responsabilidad.

En un cuerpo delgado y delicado, Valeria encierra una enorme personalidad, condimentada con una fuerte dosis de humor; el mismo que irrumpe en cada momento de la charla y que ella parece disfrutar más que nadie.

Adaptarse a los cambios nunca le resultó traumático, ni siquiera cuando se trasladó con su familia a Australia, cerca de Sydney. "Mi papá consiguió un trabajo allí; sólo fueron un par de años", cuenta. En el ‘78 volvió a su tierra natal, San Nicolás, la ciudad de la Virgen María del Rosario de San Nicolás.

–¿Te criaste en un ámbito religioso?

–Ni siquiera soy bautizada, pero San Nicolás siempre tuvo una presencia religiosa, aunque no tan fuerte como ahora…

–¿Cambió mucho la ciudad?

–Cerró Somisa y al tiempo apareció la Virgen. Pero desde hacía mucho se hablaba de las apariciones de la imagen religiosa. Recuerdo que Guillermo Silvano, un compañero mío de tercer grado, hablaba de una vecina suya a la que se le aparecía la Virgen. La idea me aterraba. Aquella vecina era nada menos que Gladys, la señora que contó esta historia y que ahora miles de peregrinos visitan.

Valeria llegó a Buenos Aires a los 14 años, luego de un breve paso por Córdoba. "Dejamos una casa antigua, enorme, en San Nicolás, para vivir en un piso 14 de un edificio ubicado en Marcelo T. de Alvear, entre Libertad y Talcahuano. Estábamos todos metidos en una pecera –dice entre risas–. Pero cada vez que bajaba y caminaba por Santa Fe, me sentía como en la Quinta Avenida, en plena Nueva York."

Gaby, Florián y yo

Es bastante cuidadosa cuando habla de su vida privada. "No me gusta ir por ahí ventilando intimidades –aclara–. Y en ese sentido con Gaby (así le dice a Vicentico) lo tenemos más que claro."

Histriónica y pródiga en gestos divertidos, Valeria reconoce que disfruta de cada momento que pasa con Gaby y Florián, su hijo de diez años, pero que no siente la presión de ser madre por segunda vez. "Nunca pensé en eso de que está solo, porque no creo que sea así", dice.

Supersticiosa al extremo, Valeria asegura que lo suyo es algo serio. "Es una especie de TOC (trastorno obsesivo compulsivo). En casa viven cargándome porque me la paso haciendo los más insólitos movimientos sólo por cábala. Gaby se ríe de mis coreografías a lo Pina Bausch", confiesa, y desesperada sale en busca de una mesa y toca madera, no sea cosa que hablar de estas cuestiones le traiga luego algún dolor de cabeza.

Productora: Josefina Laurent

Agradecimientos. Peinó: Walter para Estudio H. Maquilló: Costy Yabes. Asistente: Julieta Cuevas. Casa Didot y Paula Cahen d’Anvers

Para saber más:

www.cinenacional.com

www.pol-ka.com.ar

Personal

Dio sus primeros pasos en el teatro under, para luego pisar las tablas del San Martín y el Cervantes. En la televisión, debutó con Carola Cassini y siguió con Gasoleros, Cuatro amigas y la telenovela Máximo Corazón. Pero el cine pudo más. Luego de 1000 boomerangs, Bertuccelli apostó por trabajos de riesgo y de corte más tradicional, como Los guantes mágicos, de Martín Retjman; Luna de Avellaneda, de Juan José Campanella, y Hermanas, de Julia Solomonoff. Acaba de rodar La antena, de Esteban Sapir. Y actualmente filma Hotel Rivoli, con dirección de Antón Reixa. Por si fuera poco, está escribiendo un guión.

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