La Fundación Antorchas cierra sus puertas después de 20 años

Desde 1985 distribuyó casi cien millones de dólares en ayudas para proyectos culturales
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27 de junio de 2005  

Antorcha significa, según el Diccionario de la Real Academia Española, "algo que sirve de norte y guía para el entendimiento". Y es exactamente eso lo que muchos científicos, artistas e investigadores argentinos consideran que fue para sus carreras profesionales la Fundación Antorchas, cuya luz se apaga lentamente desde hace dos años, cuando se anunció su cierre definitivo, previsto para diciembre de 2006.

Desde 1985, Antorchas invirtió cerca de cien millones de dólares en becas y subsidios de apoyo a más de 12.000 proyectos, individuales o de entidades, relacionados con educación y ciencia, artes y patrimonio cultural, y promoción social.

Las puertas del elegante edificio que Antorchas ocupó, desde su creación, en San Telmo –en Chile al 300–, por las que pasaron cientos de jóvenes con sus proyectos de futuro encarpetados y debidamente presupuestados, cerraron para siempre el 30 de abril último. Los trámites finales de la Fundación Antorchas se atienden, desde entonces y hasta diciembre del año que viene, en una oficina de Avenida del Libertador 5478, piso 7° (teléfono: 4781-1010).

"Dejé de asumir compromisos a partir de junio del año pasado y en diciembre de 2006 quiero firmar el último cheque y recibir el último informe", dijo a LA NACION Josef Oppenheimer, presidente de la fundación desde 1996.

"Cuando Antorchas nació ya tenía fecha de muerte: diciembre de 2006", dijo Oppenheimer y recordó que en 1985 los dueños del por entonces próspero grupo económico Empresas Sudamericanas Consolidadas decidieron vender sus activos y destinar el dinero resultante de esa operación a la creación de una organización sin fines de lucro. Así surgió la fundación Lampadia, con sede en Liechtenstein, que, a su vez, financió Antorchas y otras entidades filantrópicas en Chile (Andes) y Brasil (Vitae, Apoio à Cultura y Educação e Promoção Social). El grupo económico incluía explotaciones mineras, industriales y comerciales en esos países y en Perú, los Estados Unidos y algunos de Europa y Asia.

"Esos hombres, entre los que estaba Pablo Hirsch, primer presidente de Antorchas, decidieron que las fundaciones trabajarían durante 20 años y cerrarían definitivamente en 2006. Aquí dejamos de asumir compromisos un año antes, porque en 2002 creamos programas de emergencia para que un grupo de investigadores pudiera continuar su trabajo a pesar de la crisis económica", explicó Oppenheimer.

Patricio Garrahan, uno de los consejeros que integró el directorio de Antorchas entre 1989 y 1998, dijo a LA NACION que nunca supo que la Fundación tenía fecha de cierre: "Trabajábamos como para seguir por muchos años más", dijo.

Premio al mérito

"Hicimos un aporte importante en cuanto a las metodologías de evaluación y premiamos el mérito sin influencias externas, se podría decir que creamos una meritocracia", resumió Oppenheimer.

Durante 20 años, Antorchas distribuyó casi 97,8 millones de dólares, el 53% de los cuales (51,5 millones) fueron para 6179 iniciativas del área de la educación y la ciencia; el 29% (28,3 millones) para 2464 proyectos del ámbito de las artes y el patrimonio cultural y el 18% restante (18 millones) para 3399 ayudas de promoción social.

Si bien la mitad de las becas y subsidios fueron para proyectos científicos, donde más brilló la contribución de la fundación fue en el ámbito de la cultura. Museos, bibliotecas y teatros volvieron a abrir sus salas al público gracias a sus aportes.

Para Garrahan, Antorchas se diferenció de sus pares porque cumplía estrictamente los plazos de entrega de los subsidios una vez adjudicados. "Se puede dar dinero a una persona por los méritos pasados o por la esperanza que representa en el futuro. Antorchas optó por lo último", dijo Garrahan.

El taller de restauración de arte colonial, Tarea, que tuvo entre manos unos quinientos proyectos, es el único órgano del cuerpo de Antorchas que seguirá vivo luego del cierre de la fundación. Se hará cargo de su continuidad la Universidad Nacional de San Martín, en colaboración con la Academia Nacional de Bellas Artes y el apoyo técnico del Centro Atómico Constituyentes de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Según Oppenheimer, Antorchas "simplemente cumplió la misión que se había trazado y, por ende, llegó al fin de su vida".

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