Diseñan un "examen clínico" para ballenas

Se utilizan como indicadores la frecuencia de la respiración y el tamaño del rollo de grasa en el cuello
Fabiola Czubaj
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13 de julio de 2005  

Cada año, de mayo a diciembre, el mar que baña las costas de la península Valdés se convierte en una maternidad: las ballenas francas llegan desde aguas más australes en busca de refugio para dar a luz.

En el camino gastan la mayor parte de su energía -destinada a amamantar a sus crías- para escapar de las gaviotas, que las prefieren a la hora de obtener comida, lo que afecta su rendimiento físico.

Hasta ahora no había un método para determinar el estado de salud de estos cetáceos, pero científicos del Programa Ballena Franca Austral, del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), demostraron en los últimos siete años la efectividad de dos indicadores: el tiempo que una ballena retiene la respiración y la cantidad de grasa acumulada en el cuello. Esta última es la reserva natural en las hembras para producir leche y realizar las actividades diarias, como nadar, jugar con la cría o descansar.

"Me interesó el estudio del rollo de grasa del cuello de las madres porque la habilidad para construirlo y para encontrar comida suficiente está relacionada con su éxito reproductivo; es decir, con el crecimiento de la población de la ballena franca austral, que ya alcanza una décima parte del tamaño original", explicó a LA NACION por vía electrónica la doctora Victoria Rowntree, directora del programa y cofundadora de la Ocean Alliance, en los Estados Unidos.

El equipo dirigido por Rowntree observó en 1997 y en 2004 a 61 pares de madres y crías de ballenas francas en la península Valdés. Hallaron que la frecuencia de respiración del ballenato dependía de la cantidad de grasa en el lomo materno: las crías de madres con rollos más altos podían mantener la respiración por más tiempo.

El patrón de comparación elegido para demostrar ese mejor estado físico fue el ser humano. En especial, los atletas, cuya capacidad pulmonar y cantidad de hemoglobina (la proteína que trasporta el oxígeno a las células) en la sangre es mayor, por lo que la frecuencia respiratoria es inferior.

Según la hipótesis de los científicos, el mecanismo en las ballenas para oxigenar los tejidos es similar. "Si una ballena respira más seguido que otra del mismo tamaño, no toma la misma cantidad de aire con cada inspiración -señaló Rowntree-. Las que mantienen la respiración por más tiempo, quizá puedan comer bocados más grandes que las que necesitan subir a la superficie más seguido para respirar."

Un ejemplar adulto sano retiene la respiración de 110 a 80 segundos, exhala tres o cuatro veces con intervalos de un minuto antes de sumergirse, y permanece bajo agua por más tiempo (2 a 5 minutos). Las crías, en cambio, respiran cada 20 a 40 segundos.

Gaviotas amenazantes

Cada invierno y primavera argentinos, las ballenas que llegan a la "maternidad" en las aguas de la península Valdés sufren el estrés provocado por el acoso de las gaviotas cocineras en busca del preciado alimento: la piel y la grasa del cuello.

Para lograrlo, éstas sobrevuelan a sus presas y se aventuran hacia el agua: el 90,4% de los ataques ocurre sobre heridas en los lomos de los cetáceos, según una estimación hecha por Rowntree y Mariano Sironi, director científico del Departamento de Investigación y Conservación del ICB.

En los últimos 20 años, el aumento de la población de gaviotas intensificó esa amenaza. "Quizá, las jóvenes no podían competir con las adultas para alimentarse y algunas aprendieron a comer piel de ballena, lo que fue adoptado por el resto, dado el hecho de que entre 1984 y 1995 los ataques aumentaron más rápido que la población de gaviotas", diagnosticó Rowntree.

En 1995, un estudio del ICB halló que las madres perdían el 25% del día nadando a velocidad media y rápida para evitar las embestidas de las aves. En cambio, las que no eran atacadas nadaban rápido sólo durante el 7% del día.

Una tensión mortal

La acumulación de estrés puede ser mortal para estos cetáceos. Sin embargo, afirmó la experta, "aunque las gaviotas les producen enormes heridas en el lomo y gran tensión durante la estada en la península Valdés, no creo que sean una amenaza para los adultos". A los ballenatos, en cambio, el agotamiento de las madres les impide amamantarse lo suficiente en los primeros meses de vida. Para la científica, las gaviotas en este caso sí contribuyen a criar "una generación de ballenatos subalimentados".

Si esto no se controla, las ballenas podrían migrar a otras áreas de reproducción, donde las gaviotas no las molesten. "Esto sería una pérdida enorme para la Argentina", finalizó.

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