Por Orozco contó todo

León Gieco habla de su nuevo disco, cuyo tema principal fue escrito con palabras que únicamente llevan la vocal "o"
Daniel Amiano
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4 de julio de 1997  

"Sonó con Yoko Ono, lloró por John." León Gieco nunca renuncia a su raíz rockera. Y en su nuevo disco insiste, con la gravedad de la letra o y con un sonido renovado, en todos esos temas que lo ocupan desde siempre. Aquellos que lo afirman en ese lugar de la música popular al que llegan pocos.

El regreso es con "Orozco", un álbum de canciones que se caracteriza por las dos versiones de "Ojo con los Orozco", una especie de rap en tono satírico que se caracteriza porque las palabras -todas- llevan como única vocal la letra o.

Grabado entre Buenos Aires y Los Angeles con una lista bastante extensa de músicos invitados, como el percusionista Alex Acuña. el bajista Jimmy Johnson o los vientistas Ramón Flores, Don Markese y Eric Jorgensen, más las figuras locales: Mercedes Sosa, Alfredo Casero, Ricardo Mollo, Gustavo Santaolalla, Iván Noble, Ricardo Iorio, Chizzo, Diego Arnedo y Jorge Araujo, entre otros, más la asidua colaboración, en la composición y los arreglos, de Luis Gurevich.

Cuando se pone a hacer cálculos, León cae en la cuenta de que hace cinco años que no saca un álbum con canciones originales. "Si uno se propusiera hacer un trabajo serio... Si yo tuviese la voluntad de hacer eso, estaría sacando un disco por año, pero como estoy disperso en miles de cosas, no puedo".

Es que Gieco siempre está con algo más que su música. Se ocupa -estamos acostumbrados- de varias cosas a la vez. Se reúne con Hijos de Desaparecidos, viaja mucho al interior para dar conciertos a beneficio y, sobre todo, está al tanto de lo que pasa con la gente. Pero lo que hoy nos ocupa es el nuevo disco y cómo fue preparado.

"Esta vez fuimos con Luis Gurevich a mi pueblo, Cañada Rosquín, a una casa que tengo frente a la playa. Había un clima muy piola, porque era la fiesta del cumpleaños 102. Ahí avanzamos muchísimo. Nos levantábamos a la mañana, tomábamos unos mates, jugos, comíamos liviano y trabajábamos todos los días hasta las dos de la mañana, y uno de los trabajos que hacíamos era escuchar música. Por ejemplo, John Lennon; tocábamos arriba de él y descubríamos cómo componía las melodías... Era maravilloso. Entonces teníamos una melodía y Gurito la organizaba, le ponía la base, la batería y yo me iba para allá a escribir la letra. Todo eso lo hicimos en dos semanas. Nos pusimos en sincro."

-Y ahí fueron encontrando la forma del álbum.

-Son canciones normales, con una temática distinta de la que yo hago. Siempre por el lado de las injusticias, los derechos humanos. Esos temas son mi debilidad. Leo a Benedetti, a Yupanqui, a Galeano, a Neruda. Esa es mi vena. Hay artistas que trabajan con otras venas que también son elementales y fabulosas, pero a mí no me salen. Por ejemplo, yo me pongo a ver televisión y veo esas cosas.

-Pero empecemos por el tema de los Orozco, que se sale un poco de tus propuestas clásicas.

-Me costó como ocho meses terminarlo. Llegué a una obsesión tremenda buscando palabras con O y tratando de armar una historia. El primero que me hizo escuchar algo al respecto fue Pino Marrone. Tiene una cadena de amigos que se escriben historias con A, con E. Mi obsesión era grave. Primero fueron dos los Orozco, y terminaron siendo ocho, los únicos números con la letra O. Supe buscarles una personalidad a cada uno y al final quedó una canción que quedó como rappeada si querés, yo no sé bien qué es.

El ritmo, en realidad, es rioplatense. Se mezcla la chamarrita con murga. Le dimos ese trabajo a Alex Acuña, que la entendió perfectamente. El se mataba de risa. Teníamos que sacarle la letra para que pudiera tocar. Pero el tema no es gracioso, aunque algunas frases son simpáticas, se combinaron bien, como "Trosko, chocó con los montos, colocó molotov", y eso significa mucho para los argentinos. Pero no sé por qué le puse "Ojo con los Orozco". Estoy arrepentido por ponerle ese título. Son esas fallas milimétricas que uno no ve. ¿Por qué ojo si yo no lo digo en ningún momento?

Una vez terminado, tenía una letra que duraba doce o trece minutos y un toco de palabras que sobraban. Cuando lo mostré, a la gente le parecía original, pero me decían que un tema tan largo no iban a pasarlo en la radio. Entonces hice una versión reducida y al final, como bonus track, pusimos la versión completa, donde con Alfredo Casero decimos todas las palabras que sobraron.

-Se nota que Alex Acuña interpretó bien cuál era la idea.

-Sí, y para completar la base lo llamamos a Jimi Johnson, porque dijimos este tipo no sabe lo que es la música folklórica rioplatense y va a tocar con otro criterio. Y así fue.

-Pero "Ojo con los Orozco" no es apenas un tema gracioso.

-Todo salió como un chiste, pero después de terminado me di cuenta de que era una crítica muy fuerte a un sector que permanece todo el tiempo en la televisión, acá en la Argentina. Está el que se compra todo, el drogón... y el único tipo que se salva es Rodolfo: "Yo pongo los votos por Rodolfo". Es el artista, el músico. El tema es una autodefensa de los músicos. No sé qué les produce a los demás. Hay gente a la que le angustian las cuerdas, otra gente no entiende nada porque no está acostumbrada a escuchar palabras con O, otra se ríe todo el tiempo.

-Es que los personajes se van identificando de a poco. No es fácil entenderlo de entrada. Además, parece inaugurar el rap rioplatense.

-Hasta ahora nadie me dijo eso. Lo que sí te puedo asegurar es que me llevó mucho tiempo. De todas las cosas que hice en mi vida fue el que me tuvo más obsesionado. Me decía: ¿cuándo voy a tirar todas estas hojas? Fue una locura que capitalicé en una canción.

-¿Por eso el disco se llama Orozco?

-El nombre se lo di sin basarme demasiado en el tema, sino porque hay varios personajes en el disco. Es la primera vez que hago tantos personajes. Hago todos los Orozco, el imbécil... también el durito y el subcomandante Marcos. A mis discos siempre les busqué nombres poéticos, como "Mensajes del alma" o "Semillas del corazón", y la gente después les dice "Mensajes del corazón" y "Semillas del alma". Acá resumí y elegí un nombre bien latinoamericano.

-Es buena la historia de "Rey mago de las nubes".

-En Tilcara, Ricaldo Vilca me pasó su disco y hay un tema que se llama "Plegaria de sikuris y campanas", instrumental. Yo le puse letra, así que le cambié el nombre. Todas las historias nacen porque algo pasó. No se inventa tanto. Fui a tocar a una fundación en Salta donde hacían ropa, arreglaban muñecos. Cuando fui tenían que ir a un pueblito que se llama Porongal. Ellos iban a ir en noviembre para llevarles cosas a los chicos, pero se retrasaron y salieron a principios de año. Hay que ir con camiones o micros y después seguir a caballo, cruzar las nubes y, después de un día, llegar al pueblito. Y resulta que llegaron el 5 de enero; entonces, antes de llegar, se disfrazaron de Reyes Magos. Los chicos flashearon. Dijeron éstos son los reyes de verdad. Llegaron, repartieron los juguetes y todo lo que llevaban y se pusieron a instalar una cañería desde el río para que tuvieran agua. Cuando pusieron la canilla y salió el agua, la gente se persignaba. Es muy fuerte eso. Se persignan por el agua y acá la tiramos y queremos una computadora nueva. Es un mundo tan raro...

-Pero lo más fuerte y más rockero es "El embudo", donde además cantan Mercedes, Santaolalla, Chizzo, Noble, Mollo, Iorio y toca Divididos.

-Siempre me gustaron las letras que escribe Mercelo Berbel. Esta misma letra se la acercaron una vez a María Julia Alsogaray cuando fue a Bariloche por el incendio. Ella dijo que no tenía por qué leer nada de un pendejo subversivo. Resulta que Berbel tiene setenta y pico de años. Es decir que sigue desubicada. La poesía me la dio cuando me invitaron a tocar a Los Antiguos, que es el lugar donde iban los indios viejos a morir. Fui a tocar un par de veces gratis, porque allí cayeron las cenizas del Hudson y estuvieron dos años trabajando. Apenas la leí me gustó. Está escrita en décimas, y cuando volvía en el avión ya la venía cantando. Me dije que era muy raro cantar con músicas diferentes cada décima. Hice el demo y estaba lindo, pero ocho estrofas, todas iguales, resultaban un poquito aburrido que las cantara todas yo. Pero como siempre lo tomé como un homenaje a la Patagonia, le agregué eso al título y llamé a otros músicos. En vivo, como no voy a poder invitar a todos los que cantan en el disco, lo voy a convertir en canto colectivo. Le voy a dar la letra a la gente. Así zafo. ÝCómo vivo zafando!

-Son invitados bien variados.

-Y había más. Para este tema también llamé a Spinetta y a Solari, pero el Indio tenía que viajar y Spinetta no me contestó.

-Además está Iván Noble, con el que siempre estás en contacto.

-Considero que es un pibe que tiene una poesía muy piola... no me siento solo. Las canciones que él hace siento que tienen que ver conmigo; es una poesía fuerte, urbana.

-¿Y cómo fue con Iorio y Chizzo?

-Iorio me invitó a su disco, y él me recomendó a Chizzo. Me dijo grabá con él que es carne nueva, canta bárbaro. Y ahí me enteré de su historia conmigo. Estábamos comiendo y me contó cuando lo había agarrado la policía después de ver un recital mío y saltó para que lo viera y gritó salvame, León. Me bajé de la camioneta, pedí que lo soltaran y me fui. Nunca lo olvidé, y resulta que era él.

-El tampoco lo olvidó.

-Lo que pasó con él me pone muy contento, porque yo sé que soy una buena persona y soy un jugado en esas cosas. Sé que por ahí otro artista hubiese cerrado la combi y se hubiese preocupado, porque en ese momento no era el cantante de La Renga. Era un chico más. Hay que ser honesto y preocuparse por la otra persona, porque uno puede pensar: ¿por qué tengo que salvarlo yo?

-"Donde caen los sueños" es un final engañoso.

-Se lo compuse a mi suegro. Es una persona que tiene 91 años. Su cabeza es mucho más lúcida y más fresca que su cuerpo. Su cuerpo lo está abandonando mucho más rápido, y él se da cuenta de que le quedan pocos años de vida, y un día hablando me lo transmitió tan fuerte que le compuse esta canción, que también es un homenaje a la gente mayor.

-Pero enseguida viene la zapada que empieza después del tema, que parece una salida para una letra tan fuerte y que sirve como prólogo de la versión extensa de los Orozco.

-Es que saltar otra vez a los Orozco era muy fuerte, así que la zapada vino bien para salir de ese clima.

-El álbum también inaugura la recuperación del fileteado.

-Hace mucho tiempo que sigo el arte del fileteado, por eso le mandé dos guitarras a Luis Zorz para que las trabajara y le dije haga lo que usted quiera. Es un fileteador clásico, tradicionalista en el buen sentido. Por ejemplo, los puestos de libros del Paseo del Tango son todos de él, y también fileteaba camiones, micros. No es un tipo estilizado, es un fileteador. Yo rogaba que nadie redescubriera el fileteado para un disco. Creí que me iba a ganar de mano Palo Pandolfo, pero falló. Era una idea que tenía en secreto. Acá lo trajeron los italianos con el bandoneón, por eso tiene mucho que ver con el tango. No quería que nadie me robara el secreto, me di el gusto de ser el primero. Los segundos serán Los Fabulosos Cadillacs, ¡pero yo les gané de mano!

Un CD custodiado por expertos

León Gieco no abandona la música popular, y en este disco, como él dice, están sus canciones de siempre, aunque el sonido es un poco más rockero y, si bien es así porque lo grabó donde lo inventaron, tiene otra explicación: "La gente que trabaja en los estudios de grabación en Los Angeles o en Nueva York estudió en Berklee, pero no sólo la cuestión técnica; también tienen que estudiar música y saber cómo dirigir una orquesta sinfónica. Acá siempre se creyó que el que hacía buenos trabajos en vivo podía trabajar en un estudio".

-Además, el rock viene de allá.

-Si yo tuviese que grabar un disco de folklore (y algún día lo voy a hacer), lo haría acá, porque acá está el sonido. Es muy probable que lleves un disco de tango grabado en este país y si lo mezcla un técnico norteamericano el sonido final no va a gustar acá. Es una cosa que se lleva en las venas. Paul McCartney puede cantar bien y hacer bárbaro "El día que me quieras", pero lo escuchás por Gardel y te mata.

-Igual, nunca dejás el rock.

-Y todavía puedo llegar a sorprender. Tengo 46 años. En ningún momento me preocupo por tener el sonido de Brian Adams, tan producido, aunque me guste. Prefiero el rock and roll de Keith Richards. Yo quiero ese sonido. Me gusta escuchar el 1, 2, 3 y largar. Si hay alguien que no es careta, es Richards.

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