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El turismo carretera: aquella rivalidad con Gálvez y el salto internacional

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15 de julio de 2005  

"Ricardo Risatti". Sin hesitar, Juan Manuel Fangio disparó esa respuesta para identificar al volante que más lo había impresionado durante su campaña en las rutas. Y fundamentó tal preferencia con estas palabras: "Manejaba muy bien y, además, nunca bajaba los brazos. Podía llegar último en una etapa del Gran Premio, pero en la siguiente figuraba entre los primeros y así sucesivamente. Era un mecánico muy capaz y aprovechaba como pocos el tiempo de que disponía después de cada tramo para reparar el auto".

Fangio deslizó esa opinión con la misma suavidad con la que esa tarde guiaba su Mercedes-Benz particular en el trayecto entre Hurlingham y la Redacción de LA NACION. El inolvidable y respetado periodista Alfredo Parga; el secretario todo terreno del quíntuple campeón del mundo, Juan Gimeno, ubicados ambos en el asiento trasero, y este cronista, sentado a la derecha del conductor, fueron testigos privilegiados de la revelación.

Habían transcurrido cuarenta años largos desde que el balcarceño dejara de correr en los caminos para dedicarse enteramente a los llamados coches especiales, pero recordaba con entusiasmo y buena memoria su década con Chevrolet.

Inició su campaña el 19 de octubre de 1939 participando en el Gran Premio Argentino de Carretera y la finalizó con el segundo puesto obtenido en el Gran Premio de la República, iniciado el 5 de noviembre de 1949.

Durante más de la mitad de ese lapso –desde abril de 1942 hasta octubre de 1947– la Segunda Guerra Mundial obligó a suspender las competencias automovilísticas en rutas.

La última carrera antes del largo intervalo fue el premio Circuito Mar y Sierras y la primera al reanudarse las pruebas en rutas, la Vuelta Sierra de la Ventana. En las dos se impuso Fangio.

Pero los casi cinco años de actividad esculpieron para la historia del automovilismo argentino una de las épocas más feroces en realizaciones y más apasionantes en alternativas, que tuvo su punto más alto en un duelo que dividió al país por una lucha de hombres y máquinas: Juan Manuel Fangio, con Chevrolet, y Oscar Alfredo Gálvez, con Ford.

Gálvez corría desde 1937 y poco después del debut de Fangio, dos años más tarde, comenzó a despuntar entre ambos una sana rivalidad motivada por las encarnizadas y reñidas porfías que protagonizaban cada vez que una bandera a cuadros les daba vía libre en la carretera.

Por entonces, las marcas de autos más populares en las carreras ya eran Ford –la preferida por la mayoría– y Chevrolet, en ese orden, pero todavía participaban otras como Plymouth, Chrysler, De Soto y Mercury.

Al comenzar la década del 40, Ford y Chevrolet consolidaron su prestigio y desplazaron casi totalmente a las otras marcas competidoras.

Desde siempre, Fangio fue sinónimo de Chevrolet y Gálvez, de Ford; ambos eran los más ganadores entre sus compañeros de marca y concluyeron sus campañas sin perder la fidelidad a esa identificación.

Como paradoja, cuando Fangio decidió correr en el Gran Premio de 1939 buscaba una cupé Ford, pero no la consiguió a tiempo y, no muy convencido, adquirió la Chevrolet negra de un productor papero de la zona.

Estos excelentes pilotos vivían tan intensamente como sus hinchadas la rivalidad que protagonizaban y era frecuente que al concluir la etapa de un Gran Premio quien llegaba primero de ellos preguntase "¿Cómo viene el Chueco?" "¿Cómo viene Oscar?".

La elocuencia del siguiente texto, publicado en 1951 por el periodista Ricardo Lorenzo, "Borocotó", en su libro "30 años en el deporte", nos exime de más consideraciones acerca de aquella disputa: "Como jamás haya acontecido en nuestro automovilismo, Fangio y Gálvez o Gálvez y Fangio, originaron la más marcada división. Se fue Fangista o Galvista, y como al advenimiento de Juancito (N de la R: hermano menor de Oscar, que fue nueve veces campeón argentino de carretera) no se produjo cambio en los apellidos continuó la división sin darle entrada a ningún otro. Todos fueron de Gálvez o de Fangio. Y lo son todavía.

"Fangio-Gálvez o Gálvez-Fangio es el equivalente a Boca-River o River-Boca. Avellaneda, Boedo, La Plata, Rosario, Córdoba, Santa Fe y muchos lugares tienen su clásico futbolístico, pero existe uno que es el clásico de todos los clásicos. Y en automovilismo es Gálvez-Fangio ´Fangio-Gálvez, aunque haya entrado a terciar Juancito. Acaso no vuelva el balcarceño a las duras luchas en los caminos; quizás aparezca solamente en alguna carrera corta, pero sea lo que fuere quedarán en el recuerdo sus luchas intensísimas con Gálvez, los años en que acapararon victorias, en los que para ganar otro tenían que quedarse los dos en el camino". Juan Manuel Fangio y Oscar Alfredo Gálvez mantuvieron una cálida amistad hasta el fin de sus días.

Es posible que el fervor y la pasión que anidaban en los aficionados al automovilismo, así como la precariedad de las comunicaciones desde el lugar del hecho, hayan potenciado desmedidamente en nuestro país la repercusión inicial del trágico suceso ocurrido en la séptima etapa del Gran Premio de la América del Sur, que unía las ciudades peruanas de Lima y Tumbes.

El viernes 29 de octubre, en plena noche, Fangio, que encabezaba la caravana seguido a muy poca distancia por Gálvez, se desvió del camino, volcó varias veces en un terraplén y en el accidente murió su acompañante, Daniel Urrutia.

La primera noticia fue difundida por Radio Colonial y señalaba que los autos de Fangio y Gálvez habían chocado a la salida de un puente. El coche de Fangio quedó totalmente destrozado y Gálvez, ileso, continuó la carrera.

Esta versión, retransmitida en la Argentina, alimentó vivas discusiones entre los partidarios de ambos volantes. Con el paso de las horas se conoció la verdad: Fangio cayó a un terraplén y Gálvez, al ver que el auto colorado comenzaba a dar tumbos dirigió su máquina hacia el lado opuesto de la carretera y terminó volcando en un cañaveral. Además, ayudó a Fangio a buscar el cuerpo de Urrutia, que yacía a unos 20 metros del Chevrolet.

Sin embargo, la confusión no cedió fácilmente y sólo tendió a diluirse cuando el Automóvil Club Argentino, organizador de la magna competencia, emitió un comunicado para aclarar debidamente la participación del corredor porteño en el luctuoso episodio.

Fangio fue campeón argentino de carreteras en 1940 y en 1941.

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