La sangre fría de Capote

Dos films rescatan la figura del escritor y su obra maestra
Dolores Graña
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22 de julio de 2005  

NUEVA YORK (The New York Times).- A Truman Capote le encantaría saber que no habrá una sino dos películas dedicadas a recordarlo. No sólo "Capote" y "Have You Heard?" giran en torno de su tema favorito -Truman Capote-, sino que el conflicto implícito en la convergencia de ambos films agrega una promesa de deleite que lo habría hecho feliz.

La fama y sus malestares eran una obsesión de Capote, hecho que podría explicar por qué estuvo dispuesto a casi todo para conseguirla. Mientras hacía "A sangre fría", la obra maestra que sirve de marco a ambos films, Capote contó mentiras para contar una verdad. Así, se convirtió en una demostración ejemplar de cómo se cuenta y se consigue una verdad periodística. En el actual contexto de periodistas dispuestos a ir presos para proteger a sus fuentes de información, resulta fácil olvidar que gran parte de la profesión no obedece a imperativos tan nobles.

Durante los cinco años que Capote trabajó en ese proyecto, que contaba en detalle los asesinatos de cuatro miembros de una familia de granjeros a manos de un par de vagabundos en 1959 en Holcomb, Kansas, el autor desarrolló un vínculo emocional con los asesinos, especialmente con Perry Smith, otro hombre diminuto que anhelaba ser famoso. Relación que no le impidió desarrollar un profundo interés por las muertes de los convictos, sin las cuales su obra no hubiera tenido un final.

"Capote" se apoya en la interpretación que Philip Seymour Hoffman hace del personaje: novelista convertido en periodista, Capote sabía que debía romper huevos para hacer soufflé. "A sangre fría", publicada en 1965, fue una obra contada sin remordimientos: Capote conquistó a los dos asesinos, los convenció de que le contaran su historia y los vendió, gesto que la escritora Joan Didion planteó como la transacción fundamental del periodismo.

"Capote es una de esas personas que representan algo más que ellas mismas -dice Bennett Miller, director de "Capote"-. Su ambición, su éxito y su caída son un tema muy contemporáneo". Tan actual como para interesar a dos realizadores: "Capote" está basada en la biografía de Gerald Clarke, en tanto que "Have You Heard?" se basa en "Truman Capote: In Which Various Friends, Enemies, Acquaintances and Detractors Recall His Turbulent Career", de George Plimpton.

El nuevo periodismo

Allí terminan las diferencias: los films usan como marco "A sangre fría" y se centran en las motivaciones y la metodología que empleó para escribirla. "Capote" se estrenará el 30 de septiembre -día de su cumpleaños- en los Estados Unidos; en tanto "Have Your Heard?", protagonizada por Sandra Bullock, Gwyneth Paltrow y Sigourney Weaver será estrenada a fines de 2006.

Ambas películas empiezan cuando Capote, un novelista gay de Nueva York, llega a la Kansas rural para empezar a trabajar en su libro y pone en marcha su seducción, semejante a la que la araña ejerce sobre las moscas. Ambas pintan a un talentoso y venenoso narrador, un escritor que produjo una novela que estableció el género de no ficción. Casi todo el mundo que tipea hoy le debe algo a Capote, un novelista que desarrolló un interés pasajero por los hechos reales que le alcanzó para transformar el trillado trabajo periodístico en algo más sustancial.

"Nunca hubo nadie como Truman Capote en la vida pública de los Estados Unidos", dijo Mailer, que en una oportunidad afirmó que Capote era el mejor escritor vivo. "No es raro que la gente aún esté fascinada por él".

Desde el principio, el escritor tuvo la necesidad de ser reconocido por todos. Los periodistas llegan a la profesión con un deseo similar: ¿si no para qué cometer errores en público? Pero la profesión requiere cooperación: el sujeto en cuestión debe colaborar, aunque raramente le conviene. Capote demostró vívidamente la gambeta necesaria para lograrlo: lo que es bueno para el escritor termina por venderse como bueno para el sujeto.

Al hacerlo, inició un género, el periodismo literario, basado en la intimidad. En su mejor momento, el autor, y más tarde los lectores, se enteran de lo que piensa, siente y teme el sujeto en cuestión. Pero la intimidad suele requerir un engaño específico: el periodista se sienta ante el sujeto, todo oídos, para ayudar al sujeto a contar su historia. Pero la historia que se cuenta es la que el escritor elige contar. Y una vez que la escritura llega a la página, se desencadena el infierno.

En el film "Capote", Perry Smith se entera de que Capote ha leído en público un relato al que ha llamado "A sangre fría". Capote le dice a Smith que se trata de un error, y que su libro no llevará ese título. "Para poder contar la historia que él contó, hace falta ser astuta y artera que no quiera manipular las esperanzas y los sueños de otros", dice Douglas McGrath, director de "Have You Heard?"

El público siente una desconfianza acendrada ante la prensa. Es la gente que soporta al periodismo, con todas sus manifestaciones más burdas y arteras, la que lo tiene en más baja estima. Ha descubierto, a veces dolorosamente, que el fraude no está en tanto en el relato como en la investigación.

Hollywood se pone a leer

Las obras literarias siempre han sido algo así como el salvoconducto de Hollywood. Por un precio que suele ser irrisorio en comparación a lo que costará transformarla en un proyecto prestigioso que atraerá a estrellas y directores, los productores se hacen de los derechos de los grandes consagrados de la crítica literaria y, con ellos, de una historia bien contada, conocida por el público y, sobre todo, original. Tan original como las vidas de los escritores que las crearon, otro de los tópicos preferidos de las producciones de calidad. Aunque, sin dudas, aún mejor es la combinación de ambos, como lo demuestra "Las horas", sobre la novela de Michael Cunningham (por la que Nicole Kidman se llevó el premio al interpretar a Virginia Woolf).

En el caso de los bestsellers del momento -de "De aquí a la eternidad", de James Jones a "Lo que el viento se llevó", de Margaret Mitchell y de Harry Potter a "El código Da Vinci"- sus lectores son garantía, a priori, de por lo menos un mismo número de espectadores que pagarán la entrada para descubrir su transposición al cine (que, en muchos casos, termina opacando a su fuente literaria).

Por ello, en 2006, directores como Brian de Palma ("La dalia negra", de James Ellroy), Peter Jackson ("Desde el cielo", de Alice Sebold), Gus van Sant ("The Time Traveler´s Wife", de Audrey Niffenberger), Alfonso Cuarón ("Vida de Pi", de Yann Martel) y David Cronenberg ("Campos de Londres", de Martin Amis) filmarán adaptaciones de libros que fueron éxito de crítica. De hecho, Stephen Daldry (responsable de "Las horas") hará carrera dirigiendo films sobre otras dos novelas ganadoras del Pulitzer: "The Amazing Adventures of Kavalier and Clay", de Michael Chabon (autor del libro en el que se basó "Fin de semana de locos"), y "Las correcciones", de Jonathan Franzen.

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