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Félix Coluccio, el mayor estudioso del folklore

Investigaba con rigor científico y pasión
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6 de agosto de 2005  

Una vida dedicada con pasión y rigor científico a la divulgación de la cultura popular caracterizó la existencia de Félix Coluccio, uno de los mayores conocedores de las raíces del folklore argentino, cuyos restos fueron sepultados ayer en el cementerio de la Chacarita.

Como informó ayer LA NACION, su deceso se produjo a los 93 años en esta ciudad. Fue subsecretario de Cultura de la Nación (1974/75), director del Fondo Nacional de las Artes y miembro de la Academia Nacional de Geografía.

El año último fue galardonado con el Premio Konex de Platino, en reconocimiento a su vocación de toda una vida dedicada a la divulgación de la cultura popular. Era autor del Diccionario Folklórico Argentino y del Diccionario de Voces y Expresiones Argentinas, obras que se consideran clásicas en el campo lexicográfico.

Su infatigable interés por la recopilación de documentos sobre la cultura autóctona lo llevaron de viaje por Bolivia, México, Chile, Paraguay, Uruguay y la Argentina. Como resultado de sus investigaciones editó el Diccionario Folklórico de la Flora y la Fauna de América, el Vocabulario geográfico, el Diccionario Geológico Minero y el Diccionario del Folklore Americano.

También produjo otras obras excepcionales, como el Diccionario de Creencias y Supersticiones Argentinas y Americanas, y el Diccionario de Juegos Infantiles Latinoamericanos. El Gobierno lo declaró en 1999 "ciudadano emérito de la cultura argentina" e integró la Academia Nacional del Tango.

Ya fuera a caballo, a pie o algún vehículo ofrecido por lugareños, don Félix Coluccio recorría con enorme paciencia la geografía argentina o latinoamericana en busca de un mapa, de un libro, de un documento que le aportaran las referencias que precisaba para completar una investigación, la que acometía sin demoras y despojado de urgencias.

La Academia Argentina de Letras le rindió un homenaje hace tres años, por sus valiosos aportes, al considerarlo "decano de los folklorólogos de nuestro país y uno de los más respetados del continente".

La descripción de su obra no estaría completa si no se señalara una condición primordial de su personalidad: la vocación de servicio. Como señaló la Academia de Letras en el citado homenaje, Coluccio investigó, exploró y estudió para comunicar lo hallado a sus hermanos.

Para entender el significado de la muerte, visitó cementerios y estudió las cruces y los epitafios. Hace dos años había dicho a LA NACION: "El culto a la muerte es muy sentido, muy serio, porque tarde o temprano todos vamos a pasar por esa experiencia".

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