Roberto Marcelo Levingston: "Una dictadura no es una tiranía"

A 34 años de haber ejercido la Presidencia entre los gobiernos de Onganía y de Lanusse, el general retirado cuyo gobierno abrió la violenta década del setenta rompe un largo silencio
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14 de agosto de 2005  

Con 85 años, bisabuelo, de aspecto vital y un apego a las maneras militares que tampoco el tiempo ha mellado, el general (R) Roberto Marcelo Levingston es el decano de los ex presidentes vivos, selecta y heterogénea categoría que comparte con la autoexiliada neocastiza Isabel Perón, los abogados Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa y los militares Jorge Videla y Reynaldo Bignone.

Nada menos que 34 años pasaron desde que Levingston dejó el poder, donde estuvo 277 días (18/6/70-23/3/71) que coincidieron con la temprana juventud de la dirigencia de hoy y de varios millones de argentinos. El presidente militar que abrió la convulsionada década del setenta casi nunca había hablado en público sobre los porqués del período que le tocó protagonizar, en su caso de modo más inesperado que en otros. Por fin, en un sillón de su casa del barrio Belgrano, frente a una pintura que lo retrata en 1970 con la banda presidencial, durante esta entrevista con LA NACION reveló que no sólo conserva la salud, también muchas ideas, intactas, de hace tres décadas y media, cuando mandaba.

-Cuénteme cómo fue el día en que se convirtió en presidente.

-Yo estaba en Washington como agregado militar y representante del Ejército ante la Junta Interamericana de Defensa. El 13 de junio de 1970 recibo un llamado del general Lanusse, que me pregunta: "¿Está dispuesto a retirarse para ocupar un cargo?". Yo era general de brigada y pensaba que iba a ascender a general de división, así que le respondí que no estaba dispuesto. Entonces me dice: "El cargo que yo le ofrezco en nombre de la Junta es el que está por encima de nosotros". "El que tiene el poder que lo use", le dije, refiriéndome a él, que había relevado al general Onganía. Pero me contestó que eso no podía ser. Lanusse tenía que disimular ante los otros miembros de la Junta.

-¿Cómo le cayó el llamado?

-Yo estaba en una reunión social y le dije que a las 12 de la noche le contestaba. Fue una sorpresa. Tenía acuerdo con lo que venía realizándose para que la Argentina tuviera una transformación especialmente en lo político, que era el campo más vicioso, y que así continúa hasta nuestros días. Entonces, ante tan increíble ofrecimiento, respondí que estaba dispuesto a aceptar. Cuando llego a Buenos Aires me reúno con la Junta y hago solamente dos preguntas. La primera, si va a haber una nueva etapa o yo vengo a presidir una normalización institucional inmediata. Me dijeron: "Vamos a terminar con las cosas pendientes en un nuevo período de dos o tres años". La segunda: cuáles eran mis relaciones con la Junta. La Junta quedaba subordinada.

-¿Y de la apertura política y un posible llamado a elecciones qué le dijeron?

-Que iba a haber un período para que se realizara el plan político, que era mi idea, para buscar la renovación política.

-Se ha dicho muchas veces que a usted no se lo conocía en el país cuando fue designado presidente. Félix Luna escribió que usted fue el único presidente de la historia que obligó a los diarios a pedir un currículum y una foto para poder dar la noticia, porque no los tenían en los archivos.

-Félix Luna tampoco es la Biblia. Ya sé que yo no era un personaje conocido. Yo conocía a la gente políticamente importante, en el orden empresario?

-Usted quizás sí, general, el problema es que la gente no lo conocía a usted. Después Tato Bores bromeaba con eso. Pero uno de los problemas entre usted y Lanusse?

-Eso viene después. Yo tenía buenas relaciones con él. Habíamos acordado que habría un nuevo ciclo de la revolución para terminar las cosas. Lanusse tenía una intención política personal. Lo desafiaba a Perón. Quiso utilizar a Perón a través de sus delegados para que lo apoyaran. Cuando no pudo, dijo que no le daba el cuero. Pero parece que le dio el cuero.

-¿Por qué Lanusse lo eligió a usted?

-Lanusse no me eligió a mí. Yo era conocido en el Ejército. Por eso era el agregado militar en Estados Unidos. El general Lanusse le hacía oposición como jefe de Estado Mayor al general Onganía. El Cordobazo en alguna medida melló al gobierno y después del secuestro del general Aramburu el general Lanusse consigue producir el cambio de gobierno. Yo había prestado servicio con Lanusse en varios lugares, el último la Escuela de Guerra, con el almirante Gnavi en la Secretaría de Informaciones del Estado y con el brigadier Rey en el Estado Mayor Conjunto. Coinciden Gnavi y Rey, no Lanusse, en designarme a mí. Me proponen a Lanusse, que acepta. El espera su hora.

Levingston volverá en el curso de la conversación una y otra vez a Lanusse, siempre en términos muy críticos. Al recordar su discurso de asunción con elogios para su antecesor dirá que en esos años -el período de Onganía y el suyo- la corrupción prácticamente no existía y la economía funcionaba bien, sobre todo en contraste con lo que vino después.

-Es que usted tuvo un buen ministro de Economía, ¿no?

-¿A quién se refiere?

-A Aldo Ferrer.

-Primero lo tuve al doctor Moyano Llerena y después al doctor Ferrer, que tal vez no coincide tanto ideológicamente conmigo.

-¿Y si no coincidía ideológicamente por qué lo convocó?

-Porque lo conocía, lo había escuchado, él había estado en Washington haciendo una exposición. Moyano Llerena funcionó, pero tal vez no respondía con la rapidez que requerían las circunstancias. Yo tengo una posición más nacional a pesar de que creo en la economía de mercado

-Su gobierno abre la famosa década del setenta, la década de la violencia, que se inicia con el secuestro del general Aramburu, asesinado cuando usted es presidente, ¿no? ¿No tiene críticas para hacerle a la llamada Revolución Argentina después de 35 años?

-El gobierno de la Revolución Argentina no tiene la responsabilidad de la subversión, que se había iniciado mucho antes.

-Habitualmente se considera que el setenta -su año, general- marca el comienzo de la violencia política.

-Mi año no, porque el Cordobazo es anterior a mí. Antes ya había habido otros hechos aislados. El primer acto de envergadura que realiza la subversión, que viene trabajando desde la década del sesenta, es durante el Cordobazo. Lanusse, que tenía inclinación radical y por eso lo puso a Mor Roig de ministro del Interior, dice en su libro que a él le toca reprimirlo. Represión no es una mala palabra. Lo que es una mala palabra es cuando la represión se excede, porque cuando se producen alteraciones del orden hay que restablecerlo. Eso no se llama salir a matar a la gente sino utilizar el poder del Estado para restituir el orden. Intervinieron en Córdoba sectores políticos como respaldo de un acontecimiento que manejaba la izquierda marxista, que es la que continúa a través del tiempo la subversión. Respecto de la muerte del general Aramburu, cuando yo me hago cargo del gobierno no había aparecido el cadáver.

-Sobre el secuestro y asesinato de Aramburu, con el que los Montoneros hacen su debut, usted recordará que había rumores que especulaban con que ese grupo podía estar vinculado con sectores del gobierno militar.

-Eso es no conocer al general Onganía, con quien se podía o no coincidir pero que tenía una conducta de primer nivel. ¿Cree usted que el gobierno de Onganía va a tener contactos así?

-Las especulaciones se inspiraron en los orígenes ideológicos compartidos. Varios dirigentes montoneros también procedían del nacionalismo católico.

-Eso es como si me dijera a mí que yo también, como católico, puedo tener contacto con los nacionalistas católicos que están en la subversión, cuando tengo una estructura mental totalmente diferente. Pero eso que usted dice fue lo primero que yo investigué. Porque era un rumor. Había recibido a dos amigos del general Aramburu, el general Labayru y el ingeniero Olmos, quienes me hicieron un planteo para que se formase una comisión especial para investigar. Entonces yo les dije: "Señores, el gobierno no puede hacer eso porque tiene obligación propia de investigar la muerte". Por una investigación que se encontró en Timote, Córdoba, entre la policía cordobesa, de la de Buenos Aires y de la Federal, apareció este hecho. Lo llamé al doctor Eugenio Aramburu y le dije que no necesitaba una comisión especial para cumplir. Cuando la policía y los demás no encuentran nada, como ha ocurrido en casos posteriores, será porque hay otro tipo de intereses. Con la subversión no se juega. En la Argentina, la subversión, hoy blanqueada, es marxista, más allá de que fueran grupos católicos influenciados por el marxismo.

-Firmenich no se decía marxista.

-No se trata de decirlo. Chávez tampoco dice ser marxista pero anda del bracete de Fidel Castro.

-También se dijo muchas veces que Firmenich fue un agente doble. ¿Usted qué cree?

-No tengo información para abrir juicio sobre ese tema.

-Pero usted fue un oficial de inteligencia.

-A mí no me pregunte si pude tener en la inteligencia a un agente doble. No he dado ningún paso, ni lo va a encontrar, al margen de las leyes y los reglamentos militares, porque para hacer inteligencia usted no tiene que ir a buscar alianzas con el hampa.

-¿No se infiltraba la guerrilla?

-Parece que les ha ido mal a los que infiltraron la guerrilla porque la democracia los ha castigado severamente.

-Muchos historiadores sostienen que particularmente el golpe de 1966 fue el más inútil de todos, el más inapropiado. ¿Usted tiene hoy una visión crítica del pasado?

-Los golpes militares han sido siempre realizados con sectores políticos de la oposición que buscaban una alianza. Nunca han sido golpes militares químicamente puros. Lo que pasa es que a lo largo del tiempo los supuestos demócratas tienen la costumbre de querer responsabilizarnos.

-¿En el golpe de Onganía participaron entonces sectores peronistas?

-Por supuesto, siempre los golpes militares fueron iniciados o acompañados a través de un clima. Yo era el jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército cuando el doctor Illia era el presidente. Su gobierno era acusado de lentitud, carecía totalmente de plan de acción.

-¿Admite que hubo acción psicológica acentuando algunos rasgos que se le atribuían al gobierno radical?

-No de parte de las Fuerzas Armadas. Si usted encuentra una persona que le diga que el jefe del Servicio de Inteligencia? Ahora, si otros sectores lo hicieron?

-¿Piensa que estuvo bien o estuvo mal el golpe de 1966?

-No me pregunte a mí si estuvo bien o estuvo mal porque yo no soy quien realizó el golpe, sino que formaba parte de las Fuerzas Armadas, que se hicieron cargo del gobierno.

-Claro, pero usted fue uno de los tres presidentes de ese golpe.

-Sí, pero yo no intervine. Yo no tenía poder para detener el golpe. En esa época funcionaba en la Casa de Gobierno, como corresponde a un gobierno organizado, una reunión de los servicios de inteligencia con la Policía Federal, y los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas, la Gendarmería, presididos por el ministro del Interior, que nos reuníamos por razones de seguridad con el ministro Palmero, un hombre muy equilibrado en sus posiciones. Servíamos realmente al gobierno. Después, los hechos políticos se conjugaron de esa forma y se hicieron cargo del gobierno. Cuando usted compara los hechos posteriores que hemos vivido con el problema del gobierno de Illia puede llegar a la conclusión de que tal vez no era para tanto este tema para que se produjera un golpe de Estado.

-¿Cómo ve usted hoy, 35 años después, su propia responsabilidad por estos casi 10 meses en los que gobernó con respecto a todo lo que pasó después en el país?

-Se continuó con el eficiente gobierno del general Onganía. Si alguien tiene dudas, que mire los indicadores económicos.

-Claro que no regía el estado de derecho, no había libertades individuales, no existía el Congreso ni había partidos políticos.

-Yo no estoy diciendo que me hayan elegido en elecciones, usted le viene hablar a un presidente de facto.

-Tiene usted razón.

-El gobierno funcionaba a través de los decretos que ahora llaman de necesidad y urgencia, pero que cuando los decretos eran de significativa trascendencia se llamaban decretos leyes y formaron parte de la continuidad jurídica. No ejercimos violencia ninguna. Acaba de decirme que no había libertad. Yo no hice ninguna presión sobre ningún diario. ¿O usted no sabe que se usan los recursos del Estado para presionar a los diarios? Yo no soy Pinochet. No tengo cuentas en el exterior.

-Si Lanusse no lo hubiera desplazado, ¿usted habría llamado a elecciones permitiendo que el peronismo se presentase?

-Por supuesto.

-¿Con Perón de candidato?

-Usted me pregunta una cosa que no se me había cruzado nunca por la cabeza. El señor Perón estaba en Madrid. No había ningún indicio de que pudiera venir. Perón entra en escena como consecuencia del general Lanusse. Yo no estaba pensando que Perón iba a volver.

-Si no recuerdo mal, Perón amenazó varias veces con volver durante su presidencia, general. Inclusive creo que se llegó a hablar del 8 de octubre de 1970.

-Está confundiendo usted la fecha. Durante mi presidencia el señor Perón estaba en España. No tuve ningún contacto con él ni lo iba a hostilizar porque era un elemento de decisivo poder en la vida argentina.

-¿Estaba Jorge Daniel Paladino como delegado de Perón, no?

-Se confunde. Eso fue en la época del general Lanusse.

-¿Y quién era el delegado de Perón cuando usted gobernaba? ¿No era Paladino?

-Ya ni me acuerdo. Pero nunca tuve contacto con Paladino ni con Perón ni le mandé ningún mensajero.

-¿Usted propiciaba un sistema de partidos sin dirigentes políticos?

-Yo procuraba que algunos políticos de la generación intermedia trataran de provocar una revolución. No era contra el peronismo ni contra los radicales. Antes de la Revolución Argentina las instituciones tampoco eran de alta calidad de funcionamiento, pero después fue peor.

-¿Entonces fracasó la Revolución Argentina?

-Con el general Lanusse, por supuesto. El trató de hacer continuismo y se le ocurrió crear la candidatura del brigadier Martínez, "el presidente joven". Al fracasarle las tratativas con Perón, Lanusse hizo todo lo posible para que no ganara el peronismo, pero el compromiso de las Fuerzas Armadas era establecer las nuevas reglas de juego, especialmente en el campo político y en forma legal.

-Siendo jefe de inteligencia, ¿usted nunca supo dónde estaba el cadáver de Eva Perón?

-Nunca supe. Lanusse sí sabía.

-¿Qué le produce a usted que se mencione a los presidentes militares como dictadores?

-Nada. Un gobierno militar en realidad es una dictadura. Pero una dictadura no es una tiranía.

-¿Acepta que le digan que fue un dictador, entonces?

-Normalmente digo que he presidido un gobierno militar, porque cuando se emplea la palabra dictadura se la emplea con sentido peyorativo. Los gobiernos militares, salvo el último, el Proceso, al que le hacen este cargo, han sido respetuosos de los ciudadanos. ¿O usted tiene otra información?

Militares y boy-scouts

De pullover oscuro y pantalón gris, formal, cortés y a ratos imperativo, el general Levingston también dijo durante el reportaje que "muchos de los subversivos de aquel tiempo forman parte del Gobierno". Sólo mencionó como ejemplo a Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos. Levingston considera que durante la represión "hubo excesos" pero no un plan premeditado y dice que Ernesto Sabato estaba inhabilitado para presidir la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) porque "era comunista". También opina que el presidente Raúl Alfonsín "sacó a los militares de los jueces naturales; mi punto de vista, señor, es que hay que respetar la ley. La he respetado toda mi vida y en este tema no hay retroactividades".

-Resulta curioso que diga que usted siempre respetó la ley habiendo sido un gobernante de facto.

-No tenía por qué negarme? ¿O usted qué cree que son las Fuerzas Armadas? ¿Son los boy-scouts?

-¿No encuentra una contradicción entre el facto y el respeto por la ley?

-Compárelo con la falta de respeto que han cometido los que fueron elegidos. Y que fueron elegidos usando los dineros del Estado. Si hay relativa legitimidad de origen, lo importante es la legitimidad en la acción de gobierno. Mire los indicadores. Tienen la legitimidad del funcionamiento. Al general Onganía le cargan la Noche de los Lápices?

-No, eso fue en la época de Videla. A Onganía se le reprocha la Noche de los Bastones Largos.

-Un hecho aislado que depende de los tipos que actúan en ese momento.

-Pero, general, la Noche de los Bastones Largos es el ingreso de la infantería en la Universidad de Buenos Aires y marca un antes y un después para la ciencia argentina.

-La visión que usted tiene exagera la Noche de los Bastones Largos por lo que haya significado el gobierno de Onganía con respecto a la universidad. Si usted me dice que el mío era un gobierno de facto, ese es un hecho histórico. Yo no cambié la Corte Suprema. ¿No sabe que el doctor Menem tenía una Corte adicta o que el actual presidente cambió la Corte? Los 1300 millones de deuda externa de mi gobierno se convirtieron en 195 mil millones y usted me pregunta si nosotros respetábamos la ley.

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