El narcisista señor Connery

"Estoy harto de los idiotas de Hollywood", dice el intérprete
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16 de agosto de 2005  

MILAN (Corriere della Sera).- Un actor famoso de 74 años, cuando le toca trabajar, encarna por lo general personajes de anciano en pequeños films de autor o hace pequeñas apariciones (cameos) en películas importantes. Pero cuando ese mismo actor famoso aspira a algún papel importante y, sobre todo, quiere que le paguen diez millones por película, las ofertas no son precisamente abundantes. Parece algo razonable, pero para Sean Connery no lo es. Por eso dice que "está harto de los idiotas de Hollywood". Es decir, de los productores.

Hoy, Connery dice que, para volver al trabajo, parece que sólo le queda la alternativa de recibir alguna propuesta al mejor estilo mafioso. "Una propuesta que no puedo rechazar" (son palabras de "El padrino"). Así lo afirmó durante una entrevista con el diario New Zealand Herald.

Desde hace un par de años, en efecto, Connery permanece inactivo, y si nos detenemos un momento a pensar, ninguno de sus últimos trabajos en la pantalla grande resultó memorable. Además, si miramos la cuestión con alguna malicia, tendríamos que reconocer que el actor escocés no fue inteligente al rechazar el papel de Gandalf en "El señor de los anillos", si bien siempre había declarado su escaso interés en el relato de Tolkien.

Y finalmente hay un tema que para muchos será más difícil todavía de aceptar: Connery es un actor destacado y un hombre hermoso que pasará a la historia del cine, pero no tanto por su condición de intérprete integral como por el hecho de haber sido el único, verdadero e idolatrado 007 en la pantalla grande.

Es, además, una figura de carácter muy alegre, que se toma las cosas bien a pecho cuando, una vez por año, su nombre aparece en la lista de los hombres vivos más sexies de la revista People. "No debe haber muchos muertos en esa clasificación", dijo no hace mucho. Hoy, ya entrado en años, Connery todavía tiene algún sex appeal, pero se indigna (¿por esa misma razón?) si le proponen papeles dignos de una estrella.

¿Es acaso propio de un James Bond semejante comportamiento? La respuesta es, a la vez, negativa y positiva. No, porque Bond era una persona controlada y capaz de ironizar sobre sí mismo (esta última cualidad fue agregada por el propio Connery; en las novelas de Ian Fleming, el agente secreto es más oscuro y melancólico). Y sí, porque Bond exhibía la virilidad de un playboy combatiente, pero en el fondo siempre fue por sobre todo un héroe narcisista, que se cuidaba maniáticamente con artículos de lujo y del mismo modo maniático se calzaba, se vestía y se admiraba frente al espejo.

En esta última manifestación, Bond era tan moderno en su tiempo como los metrosexuales de hoy, y seguramente el perfil del personaje debe haber ejercido una gran influencia sobre el actor. Como Bond, Connery se hubiera enojado mucho si llegaba a terminar detrás de un escritorio, como la señorita Moneypenny. Hoy no se resigna a ser solamente un atrayente señor de edad.

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