Suscriptor digital

Exultante baile de cumpleaños

(0)
20 de agosto de 2005  

"Cotillón" , por el grupo Tangokinesis. "Garello tango"; música: tangos varios. Vestuario: Jorge Ferrari. "Cotillón"; música: Adam, Delibes, Minkus. Vestuario: Renata Schussheim. "Bolero"; música: Maurice Ravel. Vestuario: Renata Schussheim. Coreografía y dirección: Ana María Stekelman. Teatro Maipo.

Nuestra opinión: excelente

La homogeneidad y el excepcional nivel de los doce integrantes del grupo Tangokinesis, que así celebra su 12° cumpleaños, es lo primero que impacta cuando, al iluminarse el escenario del Maipo, el elenco ataca con "Garello Tango", suite de temas porteños ejecutados por la formación orquestal del músico del título. Con variantes, esta sencilla pero impecable pieza de Ana María Stekelman se había visto una vez, como parte del vasto programa del último "Argentinísima", en el Luna Park.

Entre tango y tango -seis, en total-, el muy piazzolleano "Margarita de agosto" (Garello) da pie a que la pareja de Facundo Mercado y Vanesa Odetti despliegue una energía ligada, con toques de lirismo. Otra, la de Pedro Calveyra y Nora Robles, arremete con una espectacular nueva versión de "Canaro en París", antes incluido por la coreógrafa en la memorable "La tarde cae sobre una mesa". Esta suite, que oficia de hors d´ouevre del espectáculo, culmina con "La trampera" (Troilo), ritmo de milonga para toda la compañía.

"Garello Tango" (vestuario de Jorge Ferrari de torsos transparentes, en tonos brillantes que apuestan todo al violeta o todo al rojo) resume con elocuencia la síntesis con que Stekelman aborda el ámbito del tango danzado: parte de algunos de sus códigos -la pareja enlazada, el giro, el "gancho"- y lo integra a un universo coreográfico más universal y complejo, de refinada elaboración estética.

También vuelve el "Bolero", versión de Stekelman de la trajinada partitura de Maurice Ravel que se había visto en el Festival de Danza de 2004. Como se consignó en ocasión de su estreno, esta obra -que cierra brillantemente el programa- explora y descubre una bizarra coincidencia de los ritmos de la invención musical raveliana con la frenética pulsación danzada del malambo criollo. Hay una sección de hombres, un sexteto en unísono, que desarrolla específicamente esta danza telúrica, y alcanza un exultante despliegue, de gran virtuosismo técnico, en el solo de Arturo Gutiérrez, compartido parcialmente con el siempre eficaz Marcelo Carte, quien abre y cierra la pieza. Mercedes Appugliese, por su parte, carga con la mayor responsabilidad femenina en un par de solos de arriesgada concepción coreográfica, en los que la joven bailarina reafirma su calidad técnica y vigorosa personalidad.

Globos y tutús

"Cotillón", la novedad que da título al programa, arranca con un desfile de la compañía al ritmo de armónicas que los propios bailarines hacen sonar, casi como en un juego. Precisamente, entre el juego y lo kitsch, revisitados desde el rigor de una técnica de base académica, transita esta nueva creación de Stekelman, en el tramo del programa en el que el humor se instala decididamente, acaso como continuación de "Lentejuelas", la creación precedente del grupo. La coreógrafa apela a las partituras de tres piezas del repertorio clásico en cuya índole, por lo demás, ya palpita algo de lo kitsch. En la suite de "Corsario", algunos de los números, en los que no está ausente el tradicional tutú femenino, derivan en la acrobacia lúdica. Otros, en la parodia. En la suite de "Coppelia", con el adagio asoma la graciosa heroína: la poco mecánica Coppelia de esta singular "revisión" (otra vez Mercedes Appugliese) luce rigurosas zapatillas de punta, pero lleva unos anteojos de geniecita despistada. Gisela Natoli, en cambio, juega con una sopapa de destapación, cuyo accionar de ventosa en el piso impone en la partitura de Leo Delibes un periódico e insólito "¡plop!". Y, por fin, "Don Quijote" (no podía faltar), que abre con una cita textual del pas de deux de Petipa, sólo que Kitri (la histriónica Nora Robles) aquí dispensa un besito en la boca a cuanto chaval se le acerca.

El vestuario, como de animadores de un cumpleaños infantil, es un deliberado colorinche que Renata Schussheim repartió en flores, rayas y lunares de todos los tamaños. Globos, flotadores de playa, un plumero de juguete y artículos de cotillón parodian el ecléctico pintoresquismo del clásico de Marius Petipa y acentúan el carácter de puro divertimento que anima a esta pieza, en un espectáculo de múltiples propuestas que consolidan el prestigio de Tangokinesis, una de las compañías privadas más sólidas del país.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?