Ruptura y continuidad

CARTOGRAFIA PERSONAL Por Jorge Lafforgue-(Alfaguara)-432 páginas-($ 39)
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28 de agosto de 2005  

Dos epígrafes abren Cartografía personal, magnífico tomo del crítico literario, profesor universitario y editor Jorge Lafforgue. En el primero, se citan las palabras de Praxedes Chagas: "He empezado a cuidar el recuerdo que voy a dejar y hay otras cosas de mi pasado que prefiero que se conserven, antes que las artes de fullero"; en el segundo, una afirmación de Ricardo Piglia: "La crítica es la forma moderna de la autobiografía. Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas".

Tal como afirma Lafforgue al analizar la obra de la poeta argentina Juana Bignozzi, es por todos conocida la importancia de los epígrafes, "su función paratextual". En este caso, ambos epígrafes funcionan como el manual de instrucciones al lector diseñado por Julio Cortázar en Rayuela: como una primera hoja de ruta que traza uno de los tantos recorridos de lectura posibles dentro de un volumen que se caracteriza, precisamente, por su original y decidida heterogeneidad. Cartografía personal es la compleja amalgama de una diversidad de textos (reportajes periodísticos, artículos académicos, ponencias a congresos nacionales e internacionales, prólogos, presentaciones de libros, semblanzas y retratos de amigos que ya murieron), escritos por Lafforgue en distintos momentos de su trayectoria intelectual pero que son ahora comentados, contextualizados, discutidos por el autor, quien busca "recuperar lo que uno ha hecho, que es lo que uno ha sido y sigue siendo" para refrendar, de este modo, su propio camino, su cartografía personal.

Cuidar el recuerdo, entonces; ordenar esas lecturas del pasado para reinscribirlas en el presente y escribir, de este modo, una forma moderna de la autobiografía o, quizá, los apuntes para un libro de memorias que, al igual que Jorge Amado, Lafforgue declara que jamás escribirá pero que, sin embargo, escribe. Porque Cartografía personal muestra el paulatino avance de una primera persona que comienza dando la voz a otros y se asume plenamente en las últimas páginas. El libro se abre con las entrevistas que un joven Lafforgue realizó a Pablo Neruda, Jorge Luis Borges y Jorge Amado (las tres figuras emblemáticas del imaginario colectivo, cuyas obras son "fundantes en cuanto al desarrollo de la literatura latinoamericana"), continúa con la compilación de trabajos críticos, ponencias y comentarios sobre la obra de otros escritores latinoamericanos -Mario Vargas Llosa, Augusto Monterroso, Héctor Tizón, Julio Ramón Ribeyro, Juana Bignozzi, entre muchos otros- y se cierra con los "caminos compartidos", un conjunto de textos en los cuales la cartografía personal de lecturas cede el paso a la narración de la propia vida. En un juego de espejos con el comienzo del libro, esta última parte también se abre con una entrevista, pero los roles son otros, ya que Lafforgue es el entrevistado y no el entrevistador; ya que es el propio Lafforgue quien dice yo, al "hacer de la primera persona el eje del discurso" para hablar de sí mismo y para rendir un entrañable homenaje a los amigos que ya murieron: León Sigal, Germán Rozenmacher, Carlos Correas, Oscar Masotta y Angel Rama.

Cartografía personal es, por lo tanto, mucho más que una compilación de artículos o un libro de memorias. En la nada inocente conjunción de los textos escritos en el pasado con los comentarios que se escriben desde el presente, Lafforgue diseña los momentos de continuidad o ruptura en los modos de leer que fueron configurando los sucesivos mapas de la crítica literaria argentina desde los años cincuenta hasta la actualidad. El análisis de la trayectoria de los críticos ya consagrados y la emergencia de los nuevos le permite armar el gran puzzle de la crítica literaria nacional, en el cual las diferentes familias de críticos coexisten unidas entre sí por alianzas tácticas o enemistades y discrepancias duraderas.

Con la sutileza de la ironía, la melancolía del que recuerda, la pasión por lo que leyó, Jorge Lafforgue demuestra, una vez más, que se puede leer y, sobre todo, escribir una crítica literaria que reniegue tanto del corsé de los términos académicos o las jergas teóricas -aun cuando se está escribiendo una ponencia para un congreso internacional-, como de los facilismos del periodismo cultural, como lo demuestran sus corrosivas notas y entrevistas publicadas en Siete Días, Clarín o La Opinión. El humor y la broma para hablar de los otros, el tono amable para dirigirse al lector, los chistes de falsa modestia y la implacable falta de condescendencia hacia lo que el mismo autor escribió hacen de Cartografía personal un libro único, un libro que es, como su autor dice de las declaraciones públicas de Borges, la carcajada de un tímido, pero nada tonto.

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