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Memoria: "Los civiles hicieron la revolución"

A medio siglo del derrocamiento de Perón, el contralmirante (R) Jorge Palma, único sobreviviente de la marina revolucionaria, recuerda, a sus 89 años, detalles del complot y afirma que "la resistencia contra el gobierno peronista fue, en realidad, mucho más cívica que militar"
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11 de septiembre de 2005  

A fines de junio de 1955 comenzó a tomar cuerpo la conspiración para derribar a Perón. La lideraba el general Pedro Eugenio Aramburu y participaban en ella los coroneles Arturo Osorio Arana, Bernardino Labayrú, Eduardo Señorans y Francisco Zerdá; los capitanes de navío Arturo Rial, Jorge Julio Palma y Carlos Sánchez Sañudo, y el de fragata Aldo Luis Molinari; el teniente coronel José Cornejo Saravia y el mayor Juan Francisco Guevara. El líder fue, finalmente, el general Eduardo Lonardi, quien solía repetir que "si logramos mantener nuestros objetivos rebeldes durante 48 horas, la sublevación se extenderá por todo el país y Perón estará perdido, pues su régimen se ha de desplomar".

Acertó, pues el movimiento se prolongó durante tres días, el régimen cayó y Perón se refugió en una cañonera paraguaya. Asistido por el nuevo canciller argentino, Mario Amadeo, quien respetó el derecho de asilo, huyó del país en un hidroavión el 3 de octubre.

El contralmirante Palma es el único sobreviviente de aquella Marina y, a los 89 años, preside la Comisión de Homenaje a la Revolución Libertadora.

-¿Por qué se hizo la Revolución Libertadora?

-Se hizo porque ya era insostenible la situación del país. No había uno solo de los capítulos de la vida argentina que no estuviera desquiciado, destruido y con una asfixiante opresión. En realidad, la resistencia contra el peronismo fue civil. La revolución fue mucho más cívica que militar. Hombres de distintos partidos políticos y de diferentes credos fueron los que lucharon desde el principio, durante los doce años que duró la dictadura. Y esa resistencia civil sólo después de doce años fue apoyada por un puñado de hombres de las Fuerzas Armadas que iniciaron la lucha.

-Pero se dijo que fue un golpe de Estado contra un presidente constitucional, como realmente lo era Juan Domingo Perón.

-Eso es un disparate, porque no funcionaban las instituciones republicanas. Era una verdadera dictadura, donde todo se hacía con la complacencia de Perón. Y la Revolución Libertadora cumplió, porque Perón se tuvo que ir.

-¿Lonardi era el hombre elegido para conducir esa sublevación?

-Lonardi apareció después, porque inicialmente no era él. Quienes conspiraban en el Ejército eran Señorans y Guevara. Nos contaron que el Ejército había desistido de la sublevación, porque no disponía de fuerzas, pero a mí Lonardi me aseguró que él era el jefe y que la revolución no se postergaba en ningún caso. Me dijo que se lanzaría el 16 de septiembre. Yo le respondí que la Marina entera lo apoyaría, siempre que fuera el Ejército el que iniciara las hostilidades.

-¿Dónde lo vio a Lonardi?

-Rial nos había encomendado establecer algunos enlaces con oficiales del Ejército. A mi me tocó entrevistar al general Lonardi para confirmar el día y la hora del levantamiento, y también asegurarle la actuación de la Marina. Yo no lo conocía, pero allá fui, a las dos de la mañana y dentro de un automóvil que manejaba el hijo, Luis Lonardi. Me dijo que esto no se podía prolongar más porque estaban armando las milicias populares. El había decidido levantarse en Córdoba y ratificó su decisión de mantener la revolución hasta las últimas consecuencias. Su intención era sublevarse el 16 de septiembre a la madrugada. Faltaban tres días. Me preguntaba por la Marina, con qué contaba, y le dije que la Marina se iba a sublevar toda. Quiso saber quién la iba a comandar y le confié el nombre del almirante Isaac Rojas, elegido para asumir la jefatura naval en el momento oportuno. Le dije que creía que iba a ser Rojas, porque si aparecía alguno más antiguo él se iba a subordinar. Rojas en ese momento estaba como defensor de Aníbal Olivieri, quien se había sublevado el 16 de junio. Entonces fuimos a su casa y nos dijo que sí, que estaba de acuerdo, pero que de la conspiración nos encargáramos nosotros, porque si él aparecía lo iban a castigar. Si aparecía otro más antiguo, él se subordinaría. No apareció ninguno. Rojas era el más moderno, el último de la lista. Lonardi también me pidió alguien con quien tener un enlace con la Marina y yo le señalé a un amigo mío, el capitán de fragata García Fabre, que estuvo en Córdoba. También me pidieron que alguien acompañara al general Aramburu, que iba al Litoral. Entonces le sugerí al capitán Aldo Molinari que fuera con él. También le pedí al general Bengoa, pero como no quiso salir no fue a ningún lado.

-¿Usted dónde estaba destinado?

-Yo no estaba en destino. Sánchez Sañudo y yo estábamos en disponibilidad, sometidos a un tribunal especial, por la sublevación del 16 de junio. No habíamos participado, pero nos pasaron a disponibilidad por no merecer la confianza del Poder Ejecutivo. Esa disponibilidad nos vino de perillas para conspirar. El 15 de septiembre nos presentamos a declarar al tribunal, en el Ministerio de Marina, y de allí nos fuimos directamente a Río Santiago, a participar de la nueva sublevación. A las 11 de la noche llegamos a Río Santiago, acompañados por un grupo de oficiales de la Escuela Superior Técnica y otros de la Escuela de Guerra del Ejército, que esa noche me pidieron que querían ir a la Escuela Naval. Los hice entrar y le avisé de todo esto a Rojas. También le informé que Lonardi ya estaba en Córdoba y que Aramburu y el capitán Molinari viajaban a Curuzú Cuatiá para iniciar la revolución.

-¿Qué hicieron allí?

-Se sublevó la Escuela Naval y la base de Río Santiago. La primera operación consistía en bloquear el Río de la Plata, que era como sitiar Buenos Aires, porque el petróleo llegaba solamente por mar. Pero fuerzas del Regimiento 7 de Ejército nos atacaron.

-¿De La Plata?

-En esa época era el 7 de Eva Perón? Se llamaba así. Nos iba bastante bien, hasta que empezaron a bombardear con los Gloster Meteor y a matarnos gente.

-En ese momento Lonardi ya había tomado un regimiento en Córdoba?

-Sí, Lonardi con Osorio Arana en Córdoba, y Aramburu en Curuzú Cuatiá. Hasta ese momento todo el Ejército estaba en contra, porque no actuaban. Después se fueron volcando, porque era el arma de Perón. A los dos días, se sublevó el Ejército de San Luis, con el general Julio Lagos.

-¿Pero ustedes debieron zarpar de Río Santiago?

-Nosotros tuvimos que salir de Río Santiago porque no podíamos resistir el bombardeo. Cuando ya no había nada que hacer, Rojas decidió evacuar todos los efectivos. A las 9 de la noche la operación fue concluida. Rojas se embarcó con el Estado Mayor revolucionario, mientras todos zarpaban ya a bordo de los buques de guerra, en condiciones de navegar. La lancha donde íbamos nosotros estaba algo averiada, por eso debimos trasbordar al Murature.

-¿Hacia dónde fueron?

-Nos embarcamos y nos fuimos todos a Buenos Aires, adonde también llegó la flota. Pero se decidió bombardear la destilería de La Plata y Rojas nos embarcó a Sánchez Sañudo y a mi, porque quería tener la certeza de lo que íbamos a hacer. Cuando faltaban apenas unos minutos para disparar el primer cañonazo, un oficial de comunicaciones nos dijo que acababa de renunciar el general Perón, que se había refugiado en una cañonera paraguaya. Ante eso paramos el operativo y Rojas me desembarcó para que fuera a averiguar qué ocurría en Buenos Aires. Me mandó a hablar con el embajador paraguayo para que nos entregara a Perón, pero éste desistió. Le pedimos que la cañonera no se moviera de allí, porque la íbamos a hundir. Nos dijo que estaba en reparaciones, que no podía moverse. Lo cierto es que Perón quedó allí dentro, hasta que el canciller Mario Amadeo lo acompañó a un hidroavión y se fue al Paraguay. La Revolución Libertadora cumplió, porque lo sacó a Perón y se tuvo que ir. Después vino esa gran concentración espontánea de la Plaza de Mayo, el 23 de septiembre. Fue uno de los mítines cívicos más importantes que registra la historia argentina.

-¿Hubo comisiones investigadoras?

-Sí, hubo una gran comisión investigadora que presidió el almirante Leonardo Malean. Se hicieron muchas investigaciones, que fueron pasadas a la Justicia. Estaban implicadas más de mil personas.

-Pero los peronistas dicen que a ellos nunca les probaron nada?

-¡Se les probó todo! Lo que ocurrió fue que Frondizi congeló la comisión con su ley de Amnistía y la Justicia no tuvo posibilidad de actuar. Quedaron todos liberados, como si no hubiesen hecho nada.

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