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No siempre gana el primero

Juan Manuel Silva llegó antes a la línea de sentencia, pero la victoria se definió en favor de Rafael Verna por la ubicación de los sensores de tiempo de cada Falcon
Roberto Berasategui
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12 de septiembre de 2005  

El Turismo Carretera no agota la capacidad de asombro de nadie. Las situaciones más extrañas se desarrollan con naturalidad, explorando las zonas grises de reglamentos deportivos o técnicos. Y esas mismas vivencias que despiertan sorpresas eclipsan emotivas maniobras y definiciones en la pista, que en definitiva sería donde deberían disputarse las contingencias automovilísticas.

Pero como ya parece ser una costumbre, las carreras no terminan con la bandera a cuadros. Al contrario, parece que comienzan envueltas por controvertidas situaciones. Y cómo no iba a terminar así ayer, con idas y venidas alrededor del búnker de los comisarios deportivos, si el que llegó primero no ganó la carrera.

Es una incongruencia, pero es así. Juan Manuel Silva superó en el sprint final a Rafael Verna y cruzó adelante la línea de sentencia en el Autódromo Oscar Alfredo Gálvez. Pero el triunfo quedó en manos del escolta. ¿Qué definió la competencia? La ubicación de los sensores de tiempo, que determinan los registros oficiales de cada competidor. Silva pasó primero la meta. Por el hocico, diría un burrero en una definición de bandera verde. Aunque fue en el autódromo porteño y la mitad de la trompa de un Falcon batió a otro.

Pero el reglamento no estipula dónde ubicar los sensores en cada automóvil. Y ahí está la zona gris. Cada uno lo ubica donde quiere, por lo que Verna lo llevaba delante del pasarruedas trasero, mientras que el chaqueño lo tenía ubicado en la parte posterior del mismo implemento.

Eso fue lo que definió el triunfo en la 12a fecha del Turismo Carretera. Insólito, impensado. Pero real. Los dos pilotos festejaron sus propias victorias, cada uno argumentando lo suyo. Uno se aferraba a los tiempos que arrojaban los monitores. El otro sólo se remitía a lo que habían visto cerca de las 20.000 personas que soportaron la fría mañana.

La bandera a cuadros cayó a las 14 y hasta dos horas después no hubo una sentencia oficial. Dentro del búnker de las autoridades deportivas se encontraba Alberto Canapino peleando por lo que creía justo: Silva, su piloto, había cruzado primero la línea de llegada. Pero, al igual que con Norberto Fontana hace 15 días en Paraná, no pudo torcer la historia. "Otra vez sopa", fue su declaración llena de resignación.

Atrás había quedado una competencia magnífica, con José Ciantini (Dodge) buscando su tercer triunfo consecutivo en Buenos Aires (abandonó en el giro 13 cuando iba primero) y con Guillermo Ortelli (Chevrolet) tratando de quebrar la mala racha (ver aparte) y pasando de la vanguardia al quinto puesto.

El TC no agota la capacidad de asombro. Por más tecnología que utilice, mantiene intacta su gran capacidad de generar sorpresas. Siempre.

El reloj es el que determina

Juan Arrechea, uno de los comisarios deportivos, salió a dar explicaciones sobre la victoria de Rafael Verna. "El ganador es el que recorre todo el trayecto en el menor tiempo", fue la reiterativa respuesta ante una insistente pregunta: "¿No gana el que llega primero?" La autoridad deportiva comentó: "La bandera a cuadros es simbólica. Acá nos regimos por los tiempos oficiales que marcan los sensores. Puede ser que exista un bache reglamentario. Analizaremos si hay que regular la ubicación de los sensores en los autos. Nosotros nunca dudamos del triunfo de Verna. Tardamos en oficializarlo porque escuchamos el descargo de Canapino".

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