La mujer que dejó a Garbo sin Oscar

Fernando López
(0)
27 de septiembre de 2005  

Aunque Greta Garbo tampoco obtuvo el Oscar por otros tres papeles que le dieron candidaturas ("Anna Christie" y "Romance", en 1929; "Ninotchka", en 1939), ninguna "derrota" resultó más frustrante para sus fans que la que sufrió en marzo de 1938 cuando su inolvidable Camille de "La dama de las camelias" fue ignorada por los votantes de la Academia, que prefirieron concederle la estatuilla de 1937 a Luise Rainer por su labor en "La buena tierra". Curiosamente, la actriz alemana que "le arrebató el Oscar a Garbo" -como todavía hoy suele aludirse a ella-, estaba poco interesada en los premios, el glamour y la frivolidad de Hollywood, y se sabe que cuando ganó el primero, en 1936, por "El gran Ziegfeld", fue poco menos que forzada a asistir a la ceremonia por Louis B. Mayer, el "zar" de la MGM. "Jamás había oído hablar del Oscar", recordó, cuando hace dos años volvió a aparecer en público, en el homenaje a los ganadores que hizo la Academia durante su fiesta anual. Y suele evocar: "Me dieron premios por mi segunda y mi tercera película: no pudo haberme sucedido nada peor".

En ella, que en enero cumplirá 96 años -nació en Dusseldorf en 1910- no se trata de una pose. Era una extraña en Hollywood, una artista que se rebeló contra la tiranía del star system y terminó siendo víctima de él. "Llegué de Europa donde formaba parte de un elenco maravilloso y me puse a actuar: lo único que me preocupaba era hacer bien mi trabajo", recuerda. A fines de los treinta, era el último descubrimiento de la Metro. Clarence Brown, el director favorito de Garbo, la había visto en un espectáculo de Max Reinhardt en Viena, donde Luise ya era, desde los 19 años, la actriz más aplaudida. Menuda, de rostro bonito y con una exquisitez expresiva que la distinguía entre las intérpretes de su época (esa que Reinhardt había sabido ver antes que nadie), Luise era una trágica: estaba lejos del glamour estelar que Mayer buscaba en ella. Por un tiempo, sin embargo, debió rendirse a su talento. La propuesta de Brown y la ola antijudía desatada por Hitler se habían combinado para que aceptara un contrato de siete años con la Metro. Su primer film norteamericano, "Escapade" (aquí bautizado "La mujer desnuda"), al lado de William Powell, su "galán y asesor", no tuvo demasiado éxito. Pero en seguida le tocó encarnar en "El gran Ziegfeld" a la primera esposa del célebre empresario teatral y bastó una escena -su primer plano en el teléfono tratando de ocultar la pena mientras oye a su marido decirle que la abandona por otra- para consagrarla y darle el Oscar. Hubo críticas a la Academia -e insinuaciones de que Mayer había hecho valer su influencia- ya que el papel era breve, ella era una desconocida y entre las "vencidas" estaban Carole Lombard, Irene Dunn y Norma Shearer. Pero debieron rendirse ante la potencia dramática de la escena, que Luise había elaborado inspirándose en "La voz humana", el famoso texto de Cocteau. Con "La buena tierra", su tercer film, según la novela de Pearl S. Buck, volvió a sorprender con la elaboración interior del personaje (una técnica que anticipaba el "método" y que habían desarrollado en la compañía de su marido de entonces, el dramaturgo Clifford Odets), y se llevó otro Oscar.

* * *

Era la primera vez que alguien lo ganaba dos veces, dos años seguidos. Y era -y sigue siendo- la única actriz alemana en conseguirlo. Pero Luise fue una de las tantas estrellas alcanzadas por la "maldición del Oscar". El contrato al que estaba atada no le daba posibilidad de elegir. Y la muerte en 1936 del productor Irvin Thalberg -el único que entendía su oposición a la maquinaria hollywoodense y su voluntad de variar personajes, crecer como actriz y apuntar a films menos escapistas y más atentos a la conflictiva realidad internacional- la dejó despotegida. Mayer, que no toleraba su espíritu rebelde y sus opiniones independientes, supo como castigarla. Luise quería encarnar a Madame Curie o a la Nora de "Casa de muñecas"; Mayer la ponía en comedias triviales o en melodramas donde pudiera repetir sus escenas de teléfono. Alguna vez le recordó "Nosotros te hicimos; podemos matarte". "Fue Dios quien me hizo", le respondió. Total, que después de "El gran vals" (Julien Duvivier) y "Escuela dramática" (Robert Sinclair), ambas de 1938, no volvió a trabajar para MGM; cambió Hollywood por Broadway y sólo volvió al cine en 1943, con un film de ambiente bélico para Paramount ("Hostages", de Frank Tuttle).

Con nuevo marido desde 1945 e instalada en Europa -ha vivido en Londres desde hace años-, rechazó muchas ofertas (Fellini la quiso para "La dolce vita"), hizo esporádicas apariciones en TV y teatro y sólo volvió a filmar en 1997: una versión de "El jugador", de Dostoyevski, que dirigió el húngaro Karoly Makk.

Durante su tiempo en Hollywood, residió en la casa que la Metro reservaba a sus estrellas. En los otros departamentos vivían Joan Crawford, Norma Shearer y Greta Garbo. Luise todavía conserva la admiración por la que fue rival circunstancial. "Era tan hermosa; yo la adoraba. Especialmente porque frente a la cámara no tenía que actuar: Garbo era".

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios