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Nuevos aires para la ópera

Con el estreno de su puesta en Buenos Aires, el director Andrés Tolcachir cierra su Opera Tour 2005, que recorrió el país preparando los festejos del 250° aniversario del nacimiento de Mozart en 2006
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27 de septiembre de 2005  

"En nuestra forma de hacer teatro, los límites son los que te obligan a crear, a inventar y a probar nuevas posibilidades". Las palabras del actor y director teatral Claudio Tolcachir, ahora en el rol de régisseur de "Così fan tutte", la ópera de Mozart que pasado mañana sube a escena en el teatro Avenida, apuntan a explicar no sólo parte de la puesta; también, elípticamente, sirven para entender la concepción misma de todo el proyecto.

Hace un par de años al director de orquesta Andrés Tolcachir (hermano mayor de Claudio) se le ocurrió un plan de largo plazo, con pasos intermedios, para celebrar en 2006 el Año Mozart (pues se cumplirán 250 años de su nacimiento): hacer las óperas "Las bodas de Fígaro", "Così fan tutte" y "Don Giovanni" para presentarlas luego dentro de un mismo ciclo. Los límites aparecían irremediablemente por todos lados: no tenía cantantes ni músicos.

Estaba él solo con sus ideas, y decidió empezar de cero. Andrés comenzó por convocar a su hermano menor ("bien bicho de teatro", dice Andrés de Claudio) para que lo acompañara ("mi hermano es sumamente terco", dice Claudio de Andrés), y juntos realizaron larguísimas audiciones abiertas para encontrar las voces y los cuerpos mejor dispuestos y capacitados para interpretar los diferentes papeles. La ausencia de orquesta también hizo que creara una; de hecho, parte de la que actuó en "Las bodas..." es ahora la Orquesta Sinfonía Baires que acompañará a "Così...". Con el paso de "Fígaro", en 2003, por el Margarita Xirgu estaba aprobado el primer paso del plan.

Cuando, hacia fines del último año, se sentó Andrés con la gente del Mozarteum (entidad que ha apoyado al director en muchos e importantes hitos de su carrera) para contar sus intenciones sobre el segundo paso, pensaron en llevar a "Così fan tutte" al interior, allí donde el Mozarteum tenía filiales. Con el borrador de lo que sería el Opera Tour 2005 en la cabeza, los Tolcachir comenzaron las audiciones para el nuevo elenco, la preparación de la orquesta y los diseños de vestuario. Ahí entró en escena (casi literalmente) el actor y diseñador Martín Churba, ex compañero de Andrés de la escuela primaria, con quien no se veía hacía 20 años y con el que se reencontró en una fiesta aniversario del colegio.

Con la ópera a cuestas

“Había que concebir una ópera que se fuera de viaje y, lo más probable, a teatros sin foso. Entonces, ¿dónde poner la orquesta? Arriba del escenario. Cuando pensaba que me iba a meter con una ópera decía «Dios mío» y, cuando pensaba en la orquesta arriba del escenario: «Dios mío, Dios mío, Dios mío». Tenía que hacer que esto no fuera un inconveniente, y como acá no hay reyes ni condes y esta historia puede suceder en cualquier lado, pensamos que los cuatro enamorados (Ferrando, Dorabella, Guglielmo y Fiordiligi) de «Così...» podían ser músicos de la orquesta. Y eso nos ubicó la acción dentro del espacio real. El personaje de Don Alfonso, que es un poco el estratega de todo el embrollo que arman, es el alter ego de director. La orquesta interactuando con los actores daba que todo estuviese puesto en los cuerpos y así no necesitás que baje una pared para que se sepa que es una casa. Con los cuerpos se puede todo. Y además es divertido”, detalla Claudio.

Así, pensó la puesta para que pueda moverse y adaptarse a cualquier escenario, transportable y a la que no arruinara cualquier modificación.

La impronta teatral del hermano menor no es una casualidad en las propuestas musicales del mayor. Andrés quería una presencia fuerte de lo teatral en sus óperas y por eso fue indispensable la presencia de Claudio en la selección del elenco: “Vengo del mundo del teatro, he tenido poco vínculo con la ópera y siempre me han prevenido sobre los cantantes; que no van a querer moverse, ni arrodillarse. Y la verdad es que hacen de todo: cantan, bailan, no les temen a las coreografías. Es gente muy abierta que se interesa en crear nuevas formas. Eso ayudó mucho porque yo pensé la puesta para que me guste a mí, que no soy espectador de ópera, para que sea entretenida teatralmente y lo sublime surja de la unión con la música, que es lo que sostiene todo. Pero quería que en el espacio, en los cuerpos, en el vestuario, en la iluminación, en el cuento en sí, la acción dramática fuese absolutamente teatral”.

Fueron varios meses de ensayo antes de subirse al primer micro, que los llevó en mayo, a Jujuy, la primera escala. Meses que incluyeron varios viajes al interior, sobre todo para buscar los coros locales que participarían en la ópera. Había que encontrarlos, convencerlos y entregarles el material de ensayo con el tiempo suficiente para llegar a la función. Nada fácil, pero todo estaba bien pensado. La inclusión de una pata local en la producción movilizó de manera inusitada a las comunidades de cada ciudad (Jujuy, Salta, San Juan, Rosario, Bahía Blanca, La Consulta y Neuquén), tanto que fueron varias las apariciones del Opera Tour en las tapas de los diarios.

En Jujuy hacía 25 años que no se hacía una ópera completa, al igual que en Neuquén, ciudad en la que llenaron, con 2500 personas, el estadio de básquet donde se presentaron. El Auditorio de San Juan tampoco había recibido jamás una ópera y ni hablar del teatro de La Consulta ­–una pequeña localidad del Valle de Uco mendocino– que fue reabierto para la ocasión después de 10 años. “Era muy emocionante ver la expectativa que se generaba en la gente por ver lo que hacíamos”, resume Andrés.

Otra hecho emocionante fue lo que sucedió con el vestuario de los coros. “Como tenía que ser ropa que la pudiesen usar diferentes personas sin tener demasiado en cuenta las medidas y las formas, se me ocurrió usar los guardapolvos que venimos haciendo con una cooperativa de ex piqueteros que se pusieron a hacer ropa de trabajo. Cada integrante de un coro empezó a dejar mensajes en el lado de adentro de los guardapolvos para los que los iban a usar en el resto de la gira”, explica Churba, y agrega Andrés: “Los guardapolvos viajaron por varias ciudades y unieron a estos coros formados por gente que buscaba y disfrutaba de lo mismo”.

“Con todo el trabajo que estamos realizando queríamos traer un poco de aire fresco para contrarrestar algunos clisés instalados sobre cómo se debe o se puede realizar una ópera. Por eso convoqué a Claudio y luego a Martín, ya que sus diseños tienen mucho de teatral, y juntos hicimos nuestro camino, creamos nuestras propias reglas para hacer las cosas. Tanto los cantantes como los músicos de la orquesta son profesionales muy jóvenes y la mayoría está haciendo sus primeras aproximaciones con el trabajo; eso genera un clima muy activo. Por eso para mí es prioritario siempre hacer audiciones y volver a abrir el juego”, explica Andrés.

A punto de estrenar en Buenos Aires y de cerrar así su Opera Tour 2005, Andrés Tolcachir ya está pensando en el primer escollo que seguramente se le presentará para el del año próximo, con “Don Giovanni” como caballito de batalla: “Lo tengo que volver a convencer a Claudio”. A lo que el menor responde sin mirar demasiado a su hermano: “Es un proyecto grande hacer ópera y aunque es sumamente interesante, da mucho trabajo; hay que tener una energía enorme. Es cierto que después ves la reacción del público y te parece que todo vale la pena, pero te juro que una semana antes del estreno, decís «¡nunca más!»”.

Para agendar

  • Così fan tutte con dirección de Andrés Tolcachir y régie de Claudio Tolcachir.
  • Teatro Avenida Av. de Mayo 1222 (4381-0662) El jueves y sábado, a las 20.30. Entradas de 10 a 55 pesos.

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