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Un estilo confrontativo y cargado de informalidad

En dos años hubo una importante lista de desencuentros
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7 de octubre de 2005  

Como en las casas de comida rápida, el estilo que la gestión de Néstor Kirchner imprimió a las relaciones internacionales es una suerte de combo con porciones casi idénticas de confrontación, informalidad y preeminencia de la política interna.

La polémica con el embajador de Francia, Francis Lott, se sumará a una larga lista de desencuentros. Es cierto que la gravedad, trascendencia y validez de cada uno de ellos es bien distinta. De todos modos, las reacciones sirven para apreciar la manera en la que la Argentina se relacionó con el mundo en los dos últimos años.

Muchos medios internacionales relataron las "anécdotas" de Kirchner. Calificaron el estilo del Presidente como rudo, directo, sin circunloquios o, como el diario El Mundo, de España, hablaron del "tono agresivo, casi de matón callejero" del mandatario durante su paso por Madrid, cuando retó a un grupo de empresarios españoles con intereses en la Argentina. Durante el desayuno de trabajo, Kirchner espetó: "No sean llorones porque en buena parte son responsables de lo ocurrido".

En una enumeración sintética de los choques internacionales de la gestión Kirchner podrían incluirse, entre otros, a los siguientes:

Italia. El Gobierno no dudó en hacer fuertes y públicos reclamos al gobierno de la península por la falta de apoyo en el G-7 durante las negociaciones con los organismos internacionales de crédito. El gobierno de Berlusconi defendió, a capa y espada, a los 450.000 ahorristas italianos, tenedores de bonos de la deuda argentina.

Cuba. A pesar de su confesada simpatía por Fidel Castro, la postura de la administración Kirchner en el caso Molina, la médica que intenta sin éxito desde hace diez años viajar a la Argentina, llevó al Presidente a admitir de modo público sus diferencias respecto de la política de derechos humanos del régimen.

Reino Unido. La decisión del Gobierno en noviembre de 2003 de no autorizar más los vuelos chárter a las Malvinas hasta tanto se acepte que una aerolínea de bandera nacional pueda unir el continente y las islas de modo regular, llevó las relaciones bilaterales a un grado de frialdad similar al de la posguerra.

España. Los cruces fueron, principalmente, por dos temas: los continuos reclamos de las empresas privatizadas para actualizar las tarifas y el trato dado a los inmigrantes argentinos en situación irregular.

Chile. La decisión unilateral de recortar las exportaciones de gas hasta reducirlas a un 37 por ciento del nivel total tensaron las relaciones con otro de los supuestos gobiernos aliados de la región. El presidente Ricardo Lagos dijo que no se podía "gasificar" la relación con la Argentina. Sin embargo, el tema detonó una lluvia de críticas hacia la decisión del Gobierno. Otro episodio -de menor trascendencia económica, pero con fuerte impacto político- fueron los cuestionamientos a la designación de Ignacio Walker como canciller, tras conocerse la crítica opinión del ex legislador sobre el peronismo.

Vaticano. La polémica con la Santa Sede comenzó a principios de este año, cuando el obispo castrense, Antonio Baseotto, cuestionó al ministro de Salud, Ginés González García, por apoyar la despenalización del aborto y la distribución de preservativos. Baseotto escribió una carta en la que usó una cita bíblica en la que insinuaba que por su pensamiento habría que "colgar del cuello [del ministro] una piedra y tirarlo al mar". El Gobierno bregó desde entonces por su desplazamiento.

Uruguay. Otra vez las diferencias surgieron respecto de uno de los "gobiernos amigos": el del frentista Tabaré Vázquez. El incumplimiento por parte de Uruguay de tratados internacionales en la instalación de dos plantas de pasta celulósica en Fray Bentos, frente a la costa entrerriana, fue esta vez el factor de la discordia.

Más allá de las salidas de protocolo -como cuando el Presidente llamó en El Calafate "Che, rey" a Juan Carlos de España- y la falta de cortesía -es habitual que los visitantes esperen más de una hora para ser recibidos-, las mayorías de las críticas apuntan más que al contenido, a las formas de lo que se dice. Muchos argumentarán que se trata, simplemente, de detalles. Sin embargo, según los especialistas es precisamente con "detalles" con lo que se construyen los cimientos en política internacional.

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