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Ana María Stekelman: la danza a sus pies

Referente de la danza contemporánea, la coreógrafa argentina viajará a Italia para trabajar en una ópera rock, junto con Alfredo Arias, y recorrerá los Estados Unidos y Canadá con su compañía, Tangokinesis
Fabiana Scherer
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23 de octubre de 2005  

Camina con cuidado. Tiene puestos unos zapatos negros altos que delinean sus piernas de bailarina, las mismas con las que imagina las coreografías que se meten después en otros cuerpos. Luego se sienta y, copa de champagne en mano, Ana María Stekelman se abstrae de todo lo que la rodea para hablar de sí misma. Lo hace desde el humor, como un arma que le permite ensalzar sus dotes, sin pecar de soberbia.

Razones no le faltan. Sus obras resultan inconfundibles y un referente en la danza contemporánea, como el trabajo propuesto desde su compañía, Tangokinesis. "No es poco que reconozcan tu obra con sólo verla –asegura la creadora de Jazmines, Bailando en la oscuridad y Operatango–. En cada una de ellas está sellada mi búsqueda. Yo también me reconozco y eso es bueno."

Fred Astaire y Gene Kelly fueron sus inspiradores. "Creo que lo primero que apareció en mi vida relacionado con la danza fue el cine –confiesa–. Hay películas que son pura danza y eso me ha marcado de por vida. No puedo dejar de pensar en la escena del beso de Vértigo, de Alfred Hitchcock, y en el encuentro final de Gregory Peck y Jennifer Jones en Duelo al sol."

El tiempo quiso que Stekelman coreografiara para el cine. Lo hizo nada menos que para Tango (1998), de Carlos Saura, y La puta y la ballena (2004), de Luis Puenzo, entre otras participaciones. "No voy a olvidar nunca lo que Saura y Vittorio Storaro dijeron de mis coreografías –hace una pausa–. «Tus danzas, además de ser intensas, son abiertas, lo que permite entrar con cámara en ellas»."

Tal vez sea por la misma razón que Leonardo Favio la buscó para su historia danzada de Aniceto. "Desde hace tiempo, Favio trabaja sobre esta idea –adelanta Stekelman–; es un hombre que día y noche desarrolla la historia, la de este personaje que marcó un hito en los 60 y que ahora regresa."

La copa vuelve a sus manos. Las burbujas del champagne permanecen agazapadas en el cristal. Stekelman bebe con el glamour de esas tantas noches de estreno que acompañan su carrera. Mientras habla, Cotillón –la más reciente producción de su compañía, formada en 1992– se despide en el Maipo. La mujer que prefiere no confesar su edad, ni dar pistas de ella, acaba de estrenar Cruz y ficción y Tango brujo, dos coreografías creadas especialmente para Julio Bocca y su Ballet Argentino. "Con Julio tengo una relación muy particular. El es una persona inquieta como yo, que siempre está empujándome hacia nuevos desafíos, como el que hicimos el pasado año con El hombre de la corbata roja, basada en los cuadros de Antonio Seguí –asegura–. Hay una frase de Witold Gombrowicz que simplifica mi relación con Julio: «El más grande es por el más chico constantemente creado»."

A los diez años, comenzó a estudiar en la Escuela Nacional de Danza, pero ya a los 14 estaba totalmente aburrida del ballet clásico. Fue en ese momento cuando en los planes del colegio se incorporó la danza contemporánea. De la mano de profesores como Paulina Ossona llegó un aire de cambio. "En vez de pegarme el rock & roll se me dio por la danza moderna. Fue muy fuerte."

Fallecida recientemente, Paulina Ossona fue como una segunda madre para Stekelman. "Ella fue la primera persona que confío en mí como bailarina y la que me hizo pisar un escenario. Me ayudó muchísimo."

–¿En su casa no confiaban en su talento?

–Mamá siempre me apoyó; en cambio, papá era un hombre que cada vez que iba a clases decía en un tono despectivo: "¡Uh! Ya va a levantar las piernas".

–¿Con el tiempo llegó a cambiar?

–Una vez me dijo que él no quería que yo bailara porque consideraba que era una carrera muy difícil, muy agotadora y competitiva. Pero nunca le creí.

–¿Por qué?

–Estoy segura de que era mentira lo que me decía. El no quería que yo bailara, porque simplemente no le gustaba.

El tiempo y el talento quisieron que Ana María Stekelman formara parte, como bailarina, de la Compañía de Danza de Oscar Araiz y del Ballet Contemporáneo del San Martín. "Tanto Paulina como Araiz tenían los movimientos que yo tenía que hacer. Haber bailado las obras de Araiz fue lo más maravilloso que me ha ocurrido –confiesa–. Deseaba que los ensayos no terminaran nunca; me entregaba a su arte porque me sentía en un mundo mágico."

La bailarina dio lugar a la maestra que dirigió en dos oportunidades al grupo del San Martín (1968-72 y 1988-89), donde liberó su espíritu más creativo: la Stekelman coreógrafa.

–Quienes la vieron bailar aseguran que era una excelente intérprete. ¿Por qué dejó de hacerlo?

–Como intérprete era un poco catártica y por eso dejé de bailar. La catarsis hay que saber controlarla y yo no lograba hacerlo del todo. Dejé de bailar en 1972, el año en que se murió mi papá. Es algo que todavía no tengo resuelto, no está claro en mí.

Sólo unos segundos de silencio se apoderan del encuentro. Stekelman juega con la base de la copa. Mira el grabador. La luz sigue encendida. "Mi papá no quería que bailara y yo dejé de bailar justamente el año en que se murió. Padecí una angustia muy grande, que me duró como tres años. En ese tiempo me costó mucho moverme yenfrentar al público. También es cierto que ya estaba cansada del ballet. De todas maneras recuerdo con mucho amor lo que he bailado."

Como coreógrafa, Ana María Stekelman hizo de la fusión del ballet un estilo capaz deprovocar encuentros entre Vivaldi y Piazzolla, Gershwin y Hugo del Carril. "La fusión me interesa desde lo emocional, no desde el pensamiento intelectual. Se dio de manera natural –reflexiona–. Siempre soñé con bailar con Copes; sin embargo, mi formación es de danza contemporánea. El tango viene de la infancia."

En casa de los Stekelman siempre se escuchaban buenos tangos. Eran una compañía para su madre, que se encargaba de los quehaceres de la casa y de los cuatro hijos. "A papá ni siquiera le gustaba escuchar la radio. El vendía materiales eléctricos y no tenía gran sensibilidad artística."

Ir hacia atrás. A la hora de crear, Ana María mira el pasado, bucea en su interior para trabajar con los recuerdos del ayer para narrarlos en el hoy. "Mis obras están influidas por mi infancia, por las vivencias, por cosas que leí, que escuché, por todo lo que dejó para bien o para mal una marca en mí –explica–. Si está dentro de mí o da vueltas por mi cabeza es por algo. Es muy difícil que trabaje sobre algo reciente, necesita de su tiempo."

No le preocupa que haya ciertos prejuicios cuando se habla de una obra puramente emocional.

"No me gusta el arte técnico, frío. Me gustan las interpretaciones, la calidez, lo que uno ofrece desde lo más profundo, más allá del preciosismo técnico. No le temo a lo emocional, es lo que me mueve; al contrario, me preocupa el arte que abstrae y abstrae para terminar siendo nada.

Tres horas por día, eso es lo que trabaja. Lo dice medio en broma, pero luego remata con un "me muero si no trabajo, pero no lo hago por muchas horas. Necesito de mis tiempos libres, leer, escribir y tomar champagne". La agenda de Stekelman está completa. A la gira de Cotillón por los Estados Unidos y Canadá, se suma su próximo viaje a Italia. En la ciudad europea, se unirá al prestigioso director teatral Alfredo Arias para trabajar en una ópera rock que muestra a un conde Drácula enamorado.

Aquí y en todas partes, coreografiar es su mundo real. "El más real de todos. Es el espacio en el que me expreso, en el que me expando, en el que me reconozco."

Perfil: puro talento

  • Estudió en la Escuela Nacional de Danzas, y en la escuela de danzas de Martha Graham, en Nueva York. Su gran maestra fue Paulina Ossona.
  • Bailó en la compañía de Oscar Araiz.
  • Fue miembro del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, y lo dirigió entre 1977 y 1981, y entre 1988 y 1990.
  • En 1992, creó el grupo Tangokinesis, con el que realizó giras por todo el mundo.
  • En diferentes oportunidades, fue convocada por artistas de la talla de Carlos Saura, Vittorio Storaro, Marco Risi y Julio Bocca, entre otros.
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