Un pueblo donde reina el alerta

Muchos lugareños conjeturan con probables inversiones, pero otros temen
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19 de agosto de 1997  

SAN MARTIN DE LOS ANDES (Especial).- En un pueblo acostumbrado a ser galería de figuras conocidas, la presencia de Alfredo Yabrán dista de ser excepcional.

Pero conforme pasan los días, un rumor de alerta se esparce entre quienes prevén una "pinamarización" de esta pequeña ciudad, enclavada en un espectacular valle del sur neuquino.

Yabrán comenzó a frecuentar San Martín de los Andes en la Semana Santa de 1996. Fue por entonces que se efectuó la venta de El Viejo Botín, la casa de té de Parque Diana, tiempo en el que Yabrán y su familia comenzaron a ser huéspedes habituales de la finca de 8 hectáreas, ubicada unos 50 kilómetros al sur del pueblo, sobre el ripio de la ruta 63.

Desde su amplio ventanal y, mejor aún, desde las habitaciones de la primera planta, se tiene una excelente vista del lago Meliquina y de Parque Diana, parte de un latifundio que hace 30 años tenía más de 80.000 hectáreas.

Una pista de aterrizaje de 1500 metros, 14 cabañas, una hostería de 7 habitaciones y 3300 hectáreas de cerros y arroyos con 2000 ejemplares de diversas especies aptas para la caza -cérvidos, caprinos y jabalíes-, en un coto famoso en todo el mundo, debieron ejercer una fuerte atracción para el nuevo vecino.

"Estuvo su gente haciendo mediciones y consultas, pero no concretaron nada", aseguró un allegado al complejo turístico, cerrado al público desde principios de este mes, poco después de suspender los trabajos en las nuevas cabañas y la construcción de una cancha de golf de 18 hoyos.

Hay coincidencia en estimar que los tres millones de dólares ofrecidos resultaron escasos ante los ocho o diez que pretendían sus dueños, aunque sobre la propiedad pesara una deuda de 16 millones de pesos con el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, por un préstamo de dos millones obtenido hace ocho años.

La gestión quedó trunca casi al mismo tiempo en que fue vendido un predio de 450 hectáreas con una espléndida construcción, frente a Parque Diana y vecino a El Viejo Botín. Ambas pertenecían a Karl Vogel, antiguo propietario también del complejo.

"Ha venido el brujo de la lluvia a un lugar muy sediento", resumió uno de los tantos pobladores de la zona que ven con expectativa el creciente interés por las tierras de la Patagonia andina.

En busca de paz

La llegada del Cessna 580 de la Royal Class de Lanolec SA al aeropuerto de Chapelco se ha hecho frecuente, en ocasiones sólo por el fin de semana.

Tal vez para escapar de la presión del caos porteño. Tal vez atraído por la magia profunda de la cordillera. "Nos gusta la montaña, venimos para descansar", dijo a La Nación la esposa de Yabrán, María Cristina Pérez.

Al empresario suelen acompañarlo su mujer, su hijo Pablo, piloto de aviones, o sus hijos más pequeños. Sale poco de su reducto en el lago Meliquina. Al menos, no se lo ha visto. No practica la caza ni la pesca. Sólo esporádicas salidas al pueblo, donde suele comprar el diario en el quiosco Athos y chocolates en Abolengo, como este domingo, enfundado en su campera azul y amarilla, curiosa contradicción con su simpatía riverplatense.

Un café en la confitería Deli, frente al lago, como fue en la noche del sábado de la cena en Huenei Ruca, de Junín de los Andes, son las salidas del enigmático magnate cuyo rostro, muy a su pesar, dejó de ser una incógnita fuera de su círculo de allegados. "Aquí venimos de vacaciones, ¿eh, muchachos?", sugirió. O sea, nada de reportajes.

A pesar de los gestiones inmobiliarias en la zona rural, las sospechas de los lugareños sobre los intereses de Yabrán aquí están más bien centrados en actividades comerciales en San Martín.

En más de una oportunidad, el empresario se ha relacionado con Luis Moreira, hombre que al llegar recientemente a este valle dijo poseer "una de las mayores fortunas de San Bernardo", en la costa bonaerense.

Grande debe ser su pecunio para solventar la construcción, en poco más de un año, de un lujoso hotel cinco estrellas que vino a sumarse a las 5000 plazas hoteleras de San Martín, a una cuadra de la intendencia.

Deportistas, modelos, políticos y actores han sido invitados por su dueño al Patagonia Plaza, erigido en terrenos que Moreira, según se indicó, debió comprar a un alto directivo de Ocasa, que estaría interesado, además, en construir un centro de convenciones en una parcela que conservó para sí.

La capacidad económica de Moreira está sustentada también con la reciente compra de la hostería Cerro Abanico, una tradicional construcción perteneciente a Parques Nacionales, frente al lago Lácar y a cinco kilómetros al sur, camino a Chapelco, que su nuevo dueño mantiene cerrada al público a pesar de invertir en ella cerca de un millón de dólares.

Esto provocó disgusto a muchos pobladores que denunciaron un posible usufructo privado y no turístico de la propiedad.

Pero la inquietud de espíritus sensibles va más allá. El pedido formal de dos arquitectos rosarinos para la construcción de un centro de diversiones nocturnas en pleno centro de la ciudad da la pauta de que "desde algún sector intentan hacer inversiones económicas no habituales aquí", ejemplificó un empresario.

Una nueva etapa

La intervención del gobierno municipal se hace necesaria en este caso, dado el uso condicionado de los terrenos en cuestión. Pero las relaciones de su entorno tienen mayor fuerza en el nivel nacional.

Más llamativas aún resultan algunas coincidencias que sustentan las versiones de "pinamarización". Por caso, el hecho de que el gerente del hotel Patagonia Plaza, Esteban Riviere, sea hermano del gerente del hotel Sol de Los Andes, propiedad de la UTE que opera el cerro Chapelco, y de que ambos sean hijos de Guillermo Riviere, un alto funcionario de la Brigada de Investigaciones de la Policía Bonaerense.

Yabrán arribó con su familia al aeropuerto de Chapelco poco después del mediodía. Los dos pilotos lo estaban esperando desde hacía unos minutos. Sin rumbo conocido, el Cessna LV471 decoló a los pocos minutos.

En menos de un mes, si respeta su rutina, estará de regreso en San Martín de los Andes, una ciudad pujante de 18.000 habitantes que, como Pinamar, vive del turismo, al lado de la cordillera y a muchos kilómetros de la playa donde, tal vez hace casi siete meses, Yabrán torció el rumbo de sus negocios y comenzó a transitar una nueva etapa.

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