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Alfredo Coto: un imperio tras las góndolas

A partir de una carnicería logró construir la mayor cadena nacional de supermercados y se convirtió en uno de los empresarios más poderosos del país y en uno de los pocos que no vendieron su compañía a manos extranjeras
Alfredo Sainz
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30 de octubre de 2005  

Un poco en broma y un poco en serio, en los últimos meses Alfredo Coto se preguntó en voz alta más de una vez por qué decidió, hace casi veinte años, transformar su próspera cadena de carnicerías integradas en el actual gigante supermercadista, que cuenta con más de cien locales, emplea a 18.500 personas y factura casi $3500 millones anuales, y que hoy parece haberse convertido en el centro de todas las críticas oficiales.

Al menos para una parte del Gobierno, las grandes cadenas de supermercados se convirtieron en el último tiempo en los principales culpables del rebrote inflacionario y frente a esta ola de acusaciones Coto tuvo que salir a dar la cara en su calidad de presidente de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), la entidad que reúne a todas las grandes firmas del sector, con la excepción de Carrefour.

La última vez que le tocó defenderse públicamente de los ataques del presidente Néstor Kirchner, que unos días antes había acusado a los supermercados de actuar en forma cartelizada, Coto eludió cualquier respuesta directa y ante la insistencia de los periodistas, se limitó a preguntar: "¿Ustedes me quieren hacer pelear con Tyson?". Pero más allá de las ironías, está claro que se siente más cómodo en su rol de empresario pragmático, que busca nuevas ubicaciones para sus supermercados o una forma de bajar sus gastos, que atajando diplomáticamente las críticas oficiales.

El origen de los negocios de Alfredo Coto está ligado a la carne, que aún continúa siendo una de sus principales fuentes de ingresos, ya que cuenta con tres frigoríficos propios que abastecen a sus supermercados y también exportan parte de su producción. Joaquín Coto, el papá de Alfredo, era un inmigrante gallego que tenía una pequeña carnicería en un mercado municipal que funcionaba en Retiro y desde chico Coto acompañaba a su padre en sus recorridas por el Mercado de Liniers. Con su esposa, Gloria, en 1970 fundó la primera carnicería, aunque desde antes estaban en el negocio de la compra de hacienda y el reparto de carne en pequeños comercios.

Desde Boedo

A partir de la primera carnicería que puso en Boedo, Coto fue creando una cadena minorista, que cuando en 1987 inauguró su primer supermercado en la ciudad de Mar de Ajó ya estaba consolidada como la mayor red de carnicerías integradas del país, con 34 locales de atención al público, un frigorífico propio y más de 350 empleados. Por esta razón al empresario siempre le molestaron las acusaciones que vinculaban el origen de su grupo con la llegada del menemismo al poder. "Cuando en 1989 Carlos Menem asume como presidente, Coto ya era la mayor cadena de carnicerías del país y el crecimiento que tuvo en los 90 en el negocio de los supermercados no fue una excepción. En ese momento, crecieron todas las grandes cadenas de supermercados y el mérito de Coto fue haber sobrevivido a la competencia internacional y no dejarse tentar por las ofertas de compra", explica un hombre de negocios que lo conoce de cerca.

Durante la última década pasó a manos extranjeras la mayor parte de las cadenas de supermercados locales, como Norte, Disco, Tía y Libertad, y uno de los contadísimos empresarios que no se dejaron convencer por las propuestas de las multinacionales fue Coto, por más que a fines de los 90 recibió una oferta de nada menos que 1200 millones de dólares por parte de Wal-Mart.

El avance de los capitales extranjeros en el comercio minorista y en la economía en general es uno de los temas que más le preocupan. Y si bien no está en favor de prohibir el traspaso de empresas argentinas a manos internacionales e incluso se pronunció en favor de la venta de Disco al grupo chileno Cencosud, no duda en destacar el papel del crédito como una manera de asegurar la supervivencia de un empresariado nacional. Coto pone como ejemplo lo que sucedió recientemente con el frigorífico Swift Armour, que fue adquirido por el grupo brasileño Friboi. "Me quedé con las ganas de comprar Swift. Y creo que una empresa como la nuestra se merecía participar en un proyecto como el de Swift con un crédito de largo plazo. Pero como no lo tenemos, entonces vienen los brasileños o de otros países que tienen financiamiento a comprar las empresas nacionales", se quejó hace unos meses.

Cerca de Lavagna

La decisión de no aceptar ninguna de las ofertas de compra que recibió en los 90 explica que Coto hoy sea considerado un exponente de la nueva burguesía nacional por muchos funcionarios K. Y pese a las críticas que recibieron los supermercados por parte del presidente Kirchner en los últimos meses, el empresario hoy mantiene una muy buena relación no sólo con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, sino también con el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a quien Coto conoce desde su paso por el grupo Banco Provincia.

Más allá de estos contactos, Coto no es un hombre demasiado interesado por la política, aunque en los últimos años abandonó el bajísimo perfil público que lo había caracterizado durante gran parte de la década pasada. El primer paso lo dio en 2003 cuando encabezó la división de la Cámara Argentina de Supermercados (CAS) para fundar ASU. Un poco después fue elegido presidente del 41° Coloquio del Instituto de Desarrollo Empresario Argentino (IDEA) y en forma paralela es tesorero de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), la entidad que reúne las compañías más poderosas del país.

Los que lo conocen aseguran que su incursión en la política gremial-empresarial lo tiene seducido, aunque a veces se enoje con sus pares empresarios, a los que les cuesta decir en público lo que realmente piensan. "Muchos se asustan, pero Alfredo sabe que la diferencia con la mayoría de los hombres de negocios es que él es uno de los pocos que continúan siendo dueños de sus empresas y no le tienen que rendir cuentas a nadie", explica un ejecutivo del grupo.

El cambio en el perfil político está siendo acompañado por una redefinición de su estrategia de negocios. Desde el inicio de sus operaciones como cadena de supermercados, Coto creció apostando a un público de clase media baja, que busca básicamente precio. Sin embargo, ahora quiere ampliar su espectro de clientes con la apertura de los primeros locales dentro de countries de la zona norte del conurbano -comenzó por Highland y Tortugas, mientras que Disco le ganó de mano en Nordelta- y el lanzamiento de un servicio de venta on line, Coto Digital. Además, busca crecer en el interior del país. De la mano de IRSA ya abrió en Rosario un hipermercado pegado al shopping Alto Rosario y juntos ahora van a ir a Neuquén. Coto, sin embargo, se queja de que sus planes de expansión están limitados por la falta de financiamiento.

Sucesión en marcha

El 9 de octubre pasado Alfredo Coto cumplió 64 años y por el momento en su empresa a nadie se le cruza que esté pensando en su retiro. Puertas adentro, señalan que Coto conserva algunos hábitos de la época en que iba al Mercado de Liniers a seleccionar la mejor hacienda y por esta razón todos los días llega a sus oficinas del barrio de la Paternal un poco antes de las 8 de la mañana. Claro que no lo hace solo. Su esposa, Gloria, lo acompaña siempre y junto con Alejandro Vivanco, el actual vicepresidente de la empresa, son las dos únicas personas a las que consulta antes de tomar una decisión importante.

Con Gloria tienen cuatro hijos y tres nietos. Por el momento, el único de sus hijos que trabaja dentro de la empresa es Germán, que tiene 34 años y se encamina a ser el sucesor de su padre al frente del grupo. En la actualidad, Germán Coto tiene a su cargo los patios de comidas y la división Zona de Entretenimiento, y por fuera de la empresa está incursionando en un par de proyectos propios, en la producción publicitaria y los criaderos de pollos. De sus otros tres hijos, la segunda, Alejandra, tiene su propia cadena de venta de repostería, La Tortería, mientras que los dos más chicos todavía están en edad escolar.

A Alfredo Coto sus empleados lo definen como un jefe riguroso, al que le gusta estar al tanto de todos los movimientos, aun de los más mínimos, dentro de su empresa. "Está encima de todos los gastos y es capaz de recordar cuánto gasta la empresa en mensajería y por esa razón rechazarte una factura que un mes viene más alta", señala uno de sus ejecutivos de más confianza. Incluso antes de ser una figura pública, recorría personalmente sus supermercados sin darse a conocer para ver qué se podía mejorar y de paso estudiar cómo se estaban comportando sus empleados.

Tantas horas dentro de la empresa no le dejan demasiado tiempo para su vida privada. Es hincha de River y le gusta el fútbol, aunque no se define como un fanático. En algún momento su nombre circuló como un posible candidato a presidente del club de Núñez, aunque por ahora su único contacto con el fútbol profesional es la esponsorización de la camiseta de Tristán Suárez, el club de la Primera B Metropolitana que comanda su amigo Alejandro Granados, el hombre fuerte de Ezeiza.

Quién es

Negocio de familia

Alfredo Coto tiene 64 años y con su mujer, Gloria, tienen cuatro hijos y tres nietos. El mayor de sus hijos, Germán, que hoy tiene a su cargo los patios de comida y las áreas de entretenimiento de sus supermercados, se perfila como el sucesor. Coto preside la Asociación de Supermercados Unidos y es tesorero de la Asociación de Empresarios Argentinos.

Ofertas multimillonarias

Aunque su cadena creció mucho en los años 90, cuando en 1987 Coto inauguró su primer supermercado, en Mar de Ajó, ya había logrado consolidar la mayor red de carnicerías integradas del país. Cuando su cadena ya era una de las más importantes, rechazó una oferta de 1200 millones de dólares de Wal-Mart para quedarse con sus supermercados.

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