Confianza en el operativo de seguridad

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Más allá de las falsas alarmas, los reportes nacionales y extranjeros dieron tranquilidad a los encargados de los controles
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4 de noviembre de 2005  

MAR DEL PLATA.- Volvieron en las últimas horas las amenazas de falsas bombas. Durante la semana pasada se habían multiplicado los llamados atemorizantes a las escuelas; anteanoche fue el turno nada menos que del hotel Hermitage, sede de las sesiones oficiales de los presidentes y lugar de alojamiento de Néstor Kirchner y la mayoría de sus colegas.

Fuentes bien informadas sobre la protección de los presidentes comentaron ayer que tuvieron que trabajar en el lugar los expertos en explosivos, sin que hubiese la necesidad de desalojar el edificio.

Más allá de esa amenaza, los reportes de los servicios de inteligencia nacionales y extranjeros dieron tranquilidad a los encargados de la seguridad pública. No llegó hasta el momento informe alguno de que pudiese ocurrir un atentado en la cumbre o en el resto del país. No es algo menor el dato confirmado por varias fuentes de seguridad, porque las alertas sobre ataques son algo cotidiano en el mundo luego del 11 de septiembre de 2001. Hoy no hay aquí amenazas serias y concretas.

Las falsas advertencias son tomadas solamente como acciones de perturbación, que procuran instalar un clima de mayor tensión al que por estas horas se vive en Mar del Plata, cuyo epicentro es la incertidumbre por las marchas de protestas previstas para esta tarde.

Pero tantos días de tensión tienen su costo. El primero en pagarlo fue el superintendente Daniel Rago, de la policía bonaerense, que tuvo que dejar su puesto en el comando unificado por un preinfarto (como se informa en la página 12). Esa baja se suma a los 80 hombres de la Policía Federal que anteayer sufrieron una intoxicación; el cansancio también mella a los agentes que pasan horas en los puestos de control, bajo el fuerte sol. Uno de esos hombres se desmayó en su posición y fue trasladado al hospital.

En la sala de situación del comando unificado, el comisario general Carlos Alberto Pardal monitorea la situación en la zona. Los helicópteros de las fuerzas federales dan una señal en directo que hoy se enfocará en las terrazas cercanas al Casino y al Hermitage, para evitar sorpresas.

En el mediodía los principales responsables de la seguridad analizaron la marcha de los acontecimientos durante un almuerzo. Compartieron la mesa el ministro del Interior, Aníbal Fernández; el secretario de Seguridad Interior, Luis Tibiletti; el jefe de la Casa Militar, coronel Gustavo Giacosa, y el comisario Pardal, entre otros.

Personas que participaron de esa comida comentaron a LA NACION que todos se mostraron conformes con el operativo desplegado.

También visitó la zona el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, brigadier general Jorge Chevalier, que acompañó al secretario de Asuntos Militares, Jaime Garreta -responsable político en el terreno de la operación militar- a una recorrida por el centro de control aéreo, ubicado en un lugar cercano al aeropuerto de Camet.

También visitaron el radar móvil desplazado en las cercanías de Mar Chiquita, con el que se toma la información para dirigir a las patrullas aéreas de combate. Los aviones radar norteamericanos Awacs complementan la cobertura aérea.

Chevalier y Garreta también fueron en helicóptero hasta el destructor Sarandí, buque que encabeza la formación de la Armada compuesta por las corbetas Guerrico y Drummond, los avisos Gurruchaga y Suboficial Castillo y el buque logístico Canal de Beagle. Por ahora, en el dispositivo de control no se reportan novedades que pudiesen comprometer a la cumbre.

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