Semblanza de Raúl Ortelli, escritor mercedino

Al narrar los pequeños y grandes sucesos de su querido pago natal, en obras como "Mercedes en el recuerdo" y muchas más, nutrió y amplió la rica historiografía criolla
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26 de noviembre de 2005  

Personaje imprescindible para la historia chica de la localidad bonaerense de Mercedes, el escritor Raúl Ortelli perdura por la importancia de su obra. Hombre cordial y generoso, desde joven mostró condiciones de investigador y literato, estudioso de la vida y el anecdotario de su rincón natal.

Periodista de raza, tuvo la propiedad y la dirección del diario La Hora, en cuyas páginas, además de la información local, divulgó su vasta obra de cronista del pasado mercedino, siempre con estilo claro, conciso y atractivo. Hurgó sin descanso en todos los archivos y testimonios orales que encontró a su alcance, dotando a sus indagaciones de un valor documental inobjetable.

El libro, sin embargo, permitió que sus trabajos perdurasen y sirvió desde entonces como soporte de consulta, esencial para la labor de nuevos rastreadores intelectuales.

"Nosotros los nativos" anticipa la inclaudicable exaltación del pago, otorgándole trascendencia con la memoración de los grandes y pequeños sucesos, muchos de ellos entroncados con la historia mayor de los argentinos.

Con "Mercedes en el recuerdo", "Adivinos, fantasmas y cuchilleros", "El daño, el espíritu y la justicia", "Aquí me pongo a cantar" y "El diablo y el infierno", Ortelli refleja, además de la vida de los habitantes, los usos, las costumbres y las creencias heredados de una a otra generación.

Su farol creativo no se aparta jamás del ámbito querible y exaltado, con las vivencias de un criollo de la llanura bonaerense.

Hombre de tribunales, donde trabajó a diario, supo gozar de los descubrimientos inesperados en los antiguos legajos penales. Muchos de esos hallazgos enriquecieron "El zorro y los pájaros", "El último malón", "Brujos y curanderos", "El aparecido y la noche", "En tiempos de la Colonia" y "Mercedes, apuntes para su historia", donde deja constancia del origen y el desarrollo de la zona, hechos de indios y fortines, de inmigrantes y chacras.

En "El otro Martín Fierro" no soslaya el original y atendible enfoque crítico. Se ocupa, asimismo, en "La tarde que mataron a Moreira" del controvertido individuo que, desde Eduardo Gutiérrez a Jerónimo Podestá, atrajo realidades y fantasías. Aguda y analítica, la pluma de Ortelli despeja el mito del famoso gaucho de Lobos y Navarro. Recuerda, entre detalles, la frase premonitoria de Moreira, casi presintiendo su muerte: "Si ha de ser mañana, que sea hoy mismo", a sabiendas del acecho de la partida.

Estirpe criolla

Abierto a la amistad, su casa no tenía puerta cerrada. La antigua casona mercedina que lo albergaba era un museo variopinto que él cuidaba con sencillez de criollo entero, "desde los pelos hasta los caracuses".

Pocas veces dejaba de usar su poncho y hasta conservaba al hablar el ceceo característico del paisano surero. Aunque solía confesarse un afrancesado por lo exquisito de sus gustos artísticos.

Coleccionista ávido, celoso de sus piezas coloniales (mates, peinetones, abanicos, cartas, estampillas, monedas) era, no obstante, un espíritu generoso, casi manirroto.

"¿Te gusta? Llevátelo", era su consigna. Y se explicaba: "Como no ser así, si así es la gente conmigo. Toda Mercedes contribuyó a esto. Llaman a la puerta y me dejan sus tesoros". Y agregaba una anécdota curiosa y simpática: "Cierta vez me visitó un recolector de residuos. Traía una valiosa y antiquísima máquina de escribir. "Mire, don -me dijo-, aquí le traigo esto, porque usté es el que junta porquerías, ¿no es verdad". Y al recordar y contar el episodio reía Ortelli, conmovido aún por esa tosca muestra de nobleza popular.

En "La sangre en las esquinas", alude a otro mercedino ilustre , Luis Cané, y lo hace de una forma que bien cuadra decir del propio Raúl Ortelli: "Porque su recuerdo será siempre como un faro luminoso en ese camino -hoy tan difícil- de las cosas espirituales".

Para un hombre que honró y amplió la historiografía criolla e hizo culto del apego a su pueblo y a su gente, no cabe el olvido. Apelando al lenguaje judicial, que tantas veces empleó en su vida, "será justicia".

La autora es historiadora y especialista en circo y teatro criollos.

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