El empresario que siempre quiso más

Piñera quebró la unidad de la derecha; se presenta como el candidato de la renovación
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12 de diciembre de 2005  

SANTIAGO, Chile (De una enviada especial).- Primero fue Harvard, después su fortuna, luego la política y ahora La Moneda. Si Michelle Bachelet es la candidata accidental, Sebastián Piñera es el contendiente que siempre, desde que era el alumno de memoria prodigiosa y disciplina inusual en su colegio de Santiago, supo lo que quiso y siempre quiso más.

En mayo pasado, sorprendió a Chile al presentar su candidatura y romper con la unidad que la alianza de derecha había sostenido hasta ese momento.

Desde entonces, recorrió el país tres veces, visitó 60 ciudades y gastó millones de dólares en publicidad y en actos, con la misma vehemencia y constancia con la que planificó su vida.

Piñera no es el primer millonario latinoamericano que busca la presidencia. Pero sus detractores prefieren llamarlo el "Berlusconi chileno". Es amado u odiado, hiperkinético y multifacético como il Cavaliere. Y, aunque no comparte el gusto por la ostentación, la excentricidad y la provocación del premier italiano, dice, con igual orgullo que el mandatario, que él es un hombre que se hizo solo.

También a diferencia del jefe de gobierno italiano, Piñera se presenta como la cara de la nueva derecha chilena; una plural, progresista y distanciada de las huellas de la dictadura, con rasgos más "humanos y cristianos".

Nacido el 1° de diciembre de 1949, hijo de un padre diplomático y funcionario público, no heredó nada cuando sus padres murieron. Pero si la herencia económica fue inexistente, la política, no. José Piñera Carvallo, su padre, fue uno de los fundadores de la Democracia Cristiana, hoy parte de la coalición oficialista que lleva a Bachelet como candidata, y embajador ante la ONU del presidente Eduardo Frei Montalvo.

En su casa, a los seis hermanos sólo se les permitía el éxito. "Mi padre nos legó la ironía. Pobre el que cometiera un error o tuviese una debilidad", contó Piñera la semana pasada.

La disciplina familiar tuvo éxito. Miguel Piñera es un popular cantante; Magdalena, una conocida historiadora; José, el subsecretario de Obras Públicas. Y fue Sebastián, el hermano más responsable, el encargado de llevar hasta el final los preceptos paternos.

Egresó con uno de los promedios más altos en la historia de la Escuela de Ingeniería Comercial y, en 1972, partió a Harvard para hacer un doctorado en Economía. El golpe de Augusto Pinochet lo encontró en Boston y, según contó, tanto era el miedo que tenía de volver que le pidió por teléfono a Cecilia Morel que se casara con él.

Regresó cuando finalizaban los 70. Trabajó en la Cepal y en la gerencia de un banco local. Hasta que su inquietud e ingenio lo llevaron a introducir en Chile las tarjetas de crédito, en 1986.

Los millones y el éxito comenzaron a llegar. Con los réditos de su empresa Bancard, Piñera creó una gigantesca sociedad de inversión. A través de ella adquirió compañías inmobiliarias, empresas editoriales, medios de comunicación y el 27% de la aerolínea LAN.

Hoy su fortuna asciende a 1200 millones de dólares. Aunque ya prometió deshacerse de parte de sus acciones si llega a la presidencia, Piñera advierte que su fortuna lo transforma en un político sin compromisos económicos y no en un empresario con compromisos políticos.

La vida política del millonario se insinuó en su juventud, pero se acentuó a finales de los 80, cuando la derecha chilena se realineaba para poder ser protagonista también en la democracia.

Piñera, que había votado en contra de la permanencia de Pinochet en el plebiscito de 1988, fue elegido, como independiente, senador. Luego se unió a un grupo de jóvenes liberales y enérgicos que dio vida a Renovación Nacional.

Allí, propenso a los enfrentamientos, ganó y perdió poder, y viceversa. Intentó postularse a la presidencia por la alianza de derecha, pero la Unión Democrática Independiente, que lo veía como un democristiano camuflado, le puso trabas. Hasta que, en mayo pasado, irrumpió en la campaña y no dejó de subir en los sondeos. Su credibilidad, su experiencia como empresario y su capacidad de liderazgo fueron las características que, según las encuestas, atrajeron a los votantes de la derecha. Y su pasado familiar, vinculado con la Democracia Cristiana, fue lo que ayer sirvió para atrapar a votantes desconfiados de Bachelet.

Desde hoy, el millonario intentará capturar el voto de los sectores pobres para llegar a La Moneda.

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