Controversia por los honores militares a la Madre Teresa

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12 de septiembre de 1997  

CALCUTA, 11.-A las siete de la mañana, una guardia de honor del ejército de India ingresó en la iglesia de Santo Tomás para rendir homenaje a la Madre Teresa. Tras una breve ceremonia, acompañada por una banda militar, tres oficiales colocaron la bandera india sobre el cuerpo embalsamado de la misionera. Al finalizar, una decena de soldados vestidos de gala, con turbantes verdes y guantes blancos, flanquearon la avenida de ingreso en la iglesia.

El próximo sábado, el ejército transportará a la Madre en procesión hasta el estadio cubierto de Netaji, donde unas doce mil personas asistirán al funeral. El cuerpo de la Madre Teresa será transportado en el mismo carruaje en que se trasladaron los restos de los líderes indios Mahatma Gandhi y Jawaharlal Nehru para ser cremados.

Por la tarde, el cuerpo de la religiosa recibirá sepultura en la Casa Madre de la orden, en un servicio al que sólo asistirán miembros del clero.

La participación militar generó una gran polémica en la sociedad india. "Es una decisión errónea", afirma Mira Das, maestra de escuela que por la tarde acompañó a sus estudiantes a la iglesia de Santo Tomás. "Las armas y la violencia contradicen la esencia del mensaje de la Madre Teresa".

En los jardines del predio eclesiástico, la hermana Nirmala declaró que seguramente la Madre no hubiera querido recibir un reconocimiento tan importante. "De todos modos, lo hubiera aceptado en nombre de los pobres", dijo la superiora de la orden.

"La participación militar es enriquecedora", afirmó Bill Canney, vocero de las Misioneras de la Caridad. "Mientras mayores honores y atención reciba el funeral, más se sabrá en el mundo sobre el sufrimiento de los pobres".

¿Nueva Madre?

Hoy se aguarda la llegada de la esposa del presidente de los Estados Unidos, Hillary Clinton; del primer ministro de Italia, Oscar Luigi Scalfaro, y de la ex presidenta de Filipinas Corazón Aquino. Al estar completa la capacidad hotelera de la ciudad, algunos mandatarios se hospedarán en Nueva Delhi y arribarán el día del funeral.

Mañana, sábado, al finalizar la misa celebrada por el representante de la Santa Sede, cardenal Sodano, en el estadio cubierto de Netaji, la hermana Nirmala se dirigirá a la concurrencia. Desde hace dos días las autoridades de la orden de las Misioneras de la Caridad discuten si la hermana también debería ser llamada Madre.

Tras largas horas de debate, las hermanas comentaron que la nueva superiora no desea recibir el título de Madre por respeto a su antecesora.

La regla general para la sucesión en las órdenes de misioneras católicas es que la nueva superiora asuma el título de la anterior. "Respondiendo a esta norma, la hermana Nirmala debería asumir el título de Madre", dijo Bill Canney.

Por la tarde, las hermanas conmemoraron los cincuenta años de la inspiración de la Madre Teresa. El 10 de septiembre de 1947, cuando se dirigía a un retiro espiritual en la ciudad de Darjeeling, la misionera recibió "el llamado de Dios" a dedicar su vida a los pobres. Al poco tiempo dejó la seguridad del convento y salió a las calles de Calcuta a repartir comida y auxiliar a los moribundos.

Los fieles

Ayer fue el día en que un mayor número de personas se acercó a dar el último adiós a la Madre Teresa. La iglesia de Santo Tomás se convirtió en el corazón de la ciudad. Las colas para ingresar en el velatorio comenzaban desde diez cuadras a la redonda, al igual que los embotellamientos vehiculares.

La multitud atrajo a vendedores, artistas y mendigos. Sentados en el cordón de la vereda, media docena de ancianos enhebran jazmines para crear las tradicionales coronas mortuorias hinduistas. Ni el ruido del tránsito ni los gritos de los comerciantes ambulantes logran robarles la concentración. Al terminar, entregan los arreglos florales a niños que los ofrecen a quienes aguardan para ver a la Madre.

Junto a los ancianos, un joven con el rostro maquillado de blanco y vestido de mujer baila para la multitud al ritmo de las campanitas que lleva atadas a los tobillos. Algunos asistentes lo ignoran; otros festejan su habilidad para la danza y al finalizar le regalan unas monedas. Jizraj es el nombre con que la gente conoce a estos hombres vestidos de mujer, muchos de los cuales fueron castrados, de niños. Según la tradición musulmana del subcontinente indopaquistaní, los jizraj generan buena fortuna y por esta razón son invitados a bailar en bodas y nacimientos.

Los leprosos

Abdul y Sabita recorren las interminables filas que conforman quienes se acercan a rendir homenaje a la Madre Teresa. Hace 17 años que están casados, y antes de llegar a Calcuta vivían en Bihar, el Estado más pobre de la India. Ambos se dedicaban a la agricultura y residían en una modesta casa de barro y paja, hasta que Abdul contrajo lepra y fueron obligados a dejar la comunidad.

Durante meses recorrieron las instituciones públicas de Calcuta en busca de ayuda. Por ser pobres y pertenecer a la casta más baja de la sociedad india, encontraron las puertas cerradas. Fue en Titagarh, la comunidad para leprosos de la Madre Teresa, donde Abdul recibió atención médica por primera vez. Allí les enseñaron a curarse las heridas de la lepra y a controlarla.

Los integrantes de Titagarh viven de su propia huerta y de la producción de telas. Además, cuentan con una escuela y con varios centros de asistencia ambulatoria, como el que recibió a la pareja de Bihar.

Abdul sacude con los brazos la lata llena de monedas y no deja de sonreír a las personas que esperan ingresar en Santo Tomás. Sabina impulsa el destartalado carro de madera de cuya parte delantera cuelga una foto de la religiosa.

Según el programa original del servicio, el cuerpo de la Madre Teresa iba a ser llevado en procesión pública desde la iglesia de Santo Tomás hasta el estadio cubierto Netaji, y el lugar de honor, junto a la misionera, había sido reservado a los pobres. Abdul y Sabina habían sido informados por las religiosas y esperaban con ansias el momento de poder acompañar a la Madre en su último recorrido por la ciudad. Sin embargo, ayer, el comité organizador decidió que por razones de seguridad sólo miembros del clero y funcionarios públicos participarán de la movilización.

Un balde y una escoba

A los hogares de la Madre Teresa también fue vasta la concurrencia, en especial, de periodistas. En la hora de mayor ajetreo, los jardines y salas del hogar para enfermos carecientes Prem Dan desbordaban de visitantes. Con una sonrisa, una de las hermanas más antiguas del establecimiento preguntó a algunos de los asistentes si deseaban conocer el verdadero espíritu de la Madre Teresa. Tras recibir las previsibles respuestas afirmativas, les dijo que dejaran las cámaras y los micrófonos, tomasen el balde y la escoba, y se pusieran a limpiar el suelo junto a las novicias. En poco tiempo, las instalaciones quedaron desiertas de visitantes. La calma retornaba al hogar.

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