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La aventura del conocimiento

Dolores Graña
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9 de enero de 2006  

"Las aventuras del doctor Miniatura" , ciclo infantil de divulgación científica producido por Endemol. Con Boy Olmi, Rodrigo Noya, Agustina Noya, Carlos Belloso, Martín Piroyanski y Sebastián Kirzner. Los viernes, a las 20.30, por Telefé.

Nuestra opinión: muy bueno

Los ciclos para chicos son cada vez más escasos en la TV de nuestros días, que prefiere seguir confiando en el carisma de un conductor o en el irresistible poder del canto, el baile y el melodrama antes que arriesgar propuestas novedosas. "Las aventuras del doctor Miniatura", el nuevo ciclo de Telefé que combina ciencia, aventuras y animación, es sin duda un paso adelante en tal renovación.

El ciclo se centra en las aventuras de dos hermanos, Martín y Karen (Rodrigo y Agustina Noya), que, gracias a la tecnología provista por el doctor Miniatura (Boy Olmi) viajan por el cuerpo humano a la manera de "Viaje insólito", descubriendo los efectos que las distintas enfermedades tienen en él y la manera de prevenirlas o curarlas.

Como en toda odisea -y como en "Odisea Burbujas", viejo ciclo mexicano con el que comparte más de un acierto- debe haber un villano que intente evitar que los exploradores lleguen sanos y salvos a destino. En este programa, la vacante es cubierta por el doctor Maldelman (Carlos Belloso), que pretende adueñarse de la tecnología que permite al doctor Miniatura -al modo de las pastillas de chiquitolina del Chapulín Colorado- reducir el automóvil en el que viaja junto a Martín al microscópico tamaño requerido para la aventura semanal.

La estructura de cada una de las historias es tan sencilla y efectiva como para devolver al espectador más maduro a las épocas en que la TV de género era un arte bastante más popular de lo que lo es hoy. En el comienzo se presenta al personaje cuyo cuerpo hará las veces de travesía (en su primer envío, una pintoresca empleada de limpieza del colegio al que asisten los chicos, interpretada por María Fernanda Callejón) y a la enfermedad que ha desarrollado, que, a su vez, permite explicar la función que cumple, cuando funciona correctamente, la parte del cuerpo afectada (en este caso, el hígado).

Con ritmo sostenido, buen manejo del suspenso y una hábil dosificación de la acción -que se maneja en forma paralela, tanto dentro como fuera del cuerpo, siguiendo las aventuras de ambos hermanos- los guiones aprovechan la capacidad de improvisación de su elenco, dotando de una inusual naturalidad a la caracterización de sus dos protagonistas, que por una vez son chicos que hablan y se comportan como chicos, en lugar de fotocopias reducidas de sus mayores (estos últimos sabrán apreciar su humor nostálgico, que recuerda a los absurdos pop de "Batman").

Por supuesto que un ciclo tan apoyado en lo maravilloso -por oposición a lo fantástico, arma recurrente del género- requiere de un lenguaje visual a la altura de sus ambiciones. Y el producto final cumple holgadamente tal desafío, gracias a una verosímil animación minimalista que es, a la vez, lo suficientemente extraña como para alimentar la imaginación. Un loable propósito que este programa cumple con entusiasmo y considerable pericia.

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