Alfonso C. de Laferrère

(0)
10 de enero de 2006  

El sepelio

El deceso de Alfonso Carlos de Laferrère, acaecido a los 73 años, debido a una corta enfermedad, provocó dolor en cuantos apreciaron su recta actuación jurídica y empresarial, y su línea política republicana sin concesiones.

Era hijo de Alfonso de Laferrère, que fue jefe de editoriales de LA NACION, editorialista de La Prensa y canciller del gobierno de la Revolución Libertadora. Nació en Buenos Aires el 23 de octubre de 1932. En 1957 se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires y ese mismo año ingresó en el estudio Moltedo, donde ejerció ininterrumpidamente la abogacía y, como socio decano, fue uno los más fieles continuadores del estilo profesional de su fundador, Rodolfo Moltedo. Siempre consideró que la misión de un hombre de derecho no podía limitarse al ámbito privado. Por ello dedicó tiempo y esfuerzo a las actividades académica, política y empresarial.

Fue director y síndico de varias empresas, presidió la Cámara de Sociedades Anónimas, fue vicepresidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires y árbitro de los tribunales de arbitraje de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) y de la Bolsa de Comercio. Integró además el Consejo Consultivo de la CAC, la Comisión de Títulos de la Bolsa de Comercio y el consejo de administración de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), donde formó parte del consejo asesor honorario de la carrera de abogacía.

En el ámbito político fue un miembro activo del Partido Demócrata, del cual fue elegido presidente al imponerse su lista, Tradición Demócrata, en los comicios internos en 2002. Fue varias veces candidato a cargos electivos. En 1962 integró el Club de la Libertad, que exaltaba la democracia liberal, republicana y representativa contra el colectivismo estatista.

Actuó como asesor de Cáritas Argentina y la Cooperadora de Acción Social (COAS). Actualmente, era vicepresidente del Círculo de Armas. También se dedicó a la actividad agropecuaria en la estancia Los Toldos, en Gral. Madariaga.

Tenía una sólida formación ética y profesional, que lo hizo un hombre de consulta. El respeto por los valores y por las normas morales de conducta caracterizó toda su actuación pública y privada y le granjeó el afecto de todos aquellos que lo trataron. Era ecuánime, comprensivo y generoso.

En el sepelio, en Jardín de Paz, en Pilar, hablaron Carlos Martínez, por el Partido Demócrata; Jorge Otamendi, por el Círculo de Armas, y Eugenio Aramburu, por el estudio Moltedo.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios