Sobre los clásicos y sus mil versiones

María Inés Falconi y sus reflexiones
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14 de enero de 2006  

La escena infantil argentina abunda en adaptaciones de cuentos tradicionales y de libros clásicos. El tema de las versiones teatrales fue abordado en un foro de la Organización Internacional de Teatro para Jóvenes, Assitej, donde participó la dramaturga argentina María Inés Falconi.

En la lista de obras para niños anunciadas en la cartelera de Buenos Aires durante la temporada, cada año proliferan títulos como "Caperucita roja", "La Cenicienta", "Simbad, el marino", "Pulgarcito", "Hansel y Gretel", "El gato con botas", "Aladino" , y también textos como "El Zorro", "Peter Pan", "El principito", "Sandokán", "La Odisea", "Don Quijote", "Martín Fierro", "Fausto, "La flauta mágica" o "Galileo Galilei", sin contar las numerosas adaptaciones de obras de Shakespeare.

También hubo y hay, pero en menor cantidad, algunas versiones teatrales de relatos de la literatura infantil, de escritores argentinos como Graciela Montes, Laura Devetach, Gustavo Roldán, Elsa Bornemann o la sueca Barbro Lindgren. Puede ser interesante preguntarse por qué quienes cultivan el género recurren a las adaptaciones, cuáles son las ventajas y los peligros, y de qué manera los resultados reflejan fielmente las obras originales.

En el XV congreso de Assitej, que se realizó el 23 de septiembre en Montreal, Canadá, éste fue precisamente el tema de uno de los foros. María Inés Falconi, escritora y directora de teatro para niños y miembro del Consejo Ejecutivo de Assitej, participó del diálogo. "El Foro -cuenta- fue muy interesante porque se plantearon cosas que venían de países tan distintos como Islandia, Ruanda, Zambia, Alemania, el Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Brasil, Suecia y Dinamarca. Se habló de adaptaciones intraculturales (de un género a otro) e interculturales, (de una cultura a otra). Por supuesto, las opiniones diferían, pero a la vez revelaban la situación en cada país o región. Los europeos, por ejemplo, se inclinan a ver la traducción como una adaptación."

Sigue Falconi: "También se mencionaron cuestiones como los derechos de autor, las dificultades cuando el dramaturgo quiere escribir él mismo la adaptación teatral, y hasta qué punto la historia conocida se elige porque es vendedora. El coordinador, Cheela Chilala, de Zambia, destacó que, «a pesar de sus diferencias, todas las formas de arte para niños comparten algunas consideraciones comunes, como, por ejemplo, lo apropiado del tema y el contenido»".

La página web de Atina ( Asociación de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes de la Argentina), www.atinaonline.com.ar , o la de Assitej internacional, www.assitej.org , tienen información más completa sobre los aportes en éste y los otros foros.

La risa abre puertas

La mayoría de las obras teatrales de María Inés Falconi son textos originales, pero también ella ha realizado algunas adaptaciones, especialmente para el público adolescente. La conversación lleva a evocar muchas celebradas e inolvidables adaptaciones que subieron a nuestros escenarios y otras que resultaron tristemente olvidables.

Una cita de Anne-Marie Riel, de Canadá, es muy significativa: "Sí, las adaptaciones de los favoritos venden entradas, pero no están muy bien consideradas por los organismos de arte en mi país".

De su propia experiencia, Falconi comenta: "Adapté bastantes textos de Shakespeare para jóvenes y eso siempre me fue muy placentero. No es fácil, pero cuando uno tiene una obra tan potente como un Shakespeare o un «Quijote», es necesario, por un lado, trabajar la imaginación para que todo eso se redondee en una nueva estructura dramática. Pero, por otro lado, uno dispone de todo servido. O sea, la cualidad dramática, la historia potente, un texto maravilloso y una cantidad de situaciones para elegir cómo se va a trabajar".

"Tengo un Hamlet gauchesco. -continúa diciendo con entusiasmo-. El fantasma del padre de Hamlet les pide a tres gauchos que cuenten la historia. Y surgen así dos historias paralelas. Pienso que no se trata de agarrar una historia y cortarla en pedazos, sino de una recreación, un pasaje de un género a otro. Primero, es necesario ir descubriendo el texto dentro del texto. Personalmente, creo que es fundamental manejarse con textos originales (al menos los más cercanos las fuentes), para que los chicos o los adolescentes escuchen el texto tal como fue escrito, y poder mecharlo porque si no es muy denso. Lo que es necesario es encontrar un código de comunicación con ellos."

Según apunta la autora, el humor es algo que le funciona. "La risa es algo que abre puertas, que hace que el público se entregue. Y a partir de ese procedimiento pueden aceptar algo serio o solemne, como el monólogo de Hamlet. Los chicos no están en contra de lo serio, ni de lo emotivo, ni siquiera de lo complicado; están en contra de lo excesivamente formal, de lo rígido."

En el foro que se realizó en Canadá se insistió bastante en la esencia de la obra, en su contenido, en su clima. "Se trata de respetar al autor, incluso en el caso de los relatos anónimos. Uno tiene derecho a recrear, pero debe ser sincero y reconocer que se trata de otra historia. Cada relato tiene que ver con su época", agrega María Inés Falconi.

Se dice: "Había una vez...", "Allá lejos y hace tiempo...". Al situar la época, a los chicos se les amplía el espacio imaginativo. "A mí me parece que ni siquiera es necesario un aggiornamiento -acota-. Los temas de los clásicos son universales y eternos, y se pueden sentir como válidos en cualquier época si el relato es convincente."

"Creo que se adapta mucho en la escena infantil en nuestro país -concluye- porque faltan dramaturgos. Debemos ayudar a formarlos para que desarrollen nuevas ideas para el teatro para niños. También necesitamos estimular a los adultos para que lleven a los niños a ver nuevas obras de teatro."

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