Limpian la araña del Teatro Colón

Renovarán sus 730 lámparas; pesa 1300 kilos y tiene siete metros de diámetro
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20 de enero de 2006  

Es una de las protagonistas más importantes en todas las funciones del Teatro Colón. Con sus 730 lámparas, la araña que cuelga de la cúpula de la sala principal ilumina todos los espectáculos desde 1908, cuando fue inaugurado el máximo coliseo argentino. Por estos días será sometida a un tratamiento de belleza para empezar la nueva temporada con todas las luces. Es que desde ayer, y por una semana, se realizará su limpieza y puesta a punto.

La última vez que se realizó esta labor fue en el verano de 2003. Ayer, empleados del sector de luminotecnia realizaron el descenso de la araña que pesa 1300 kilos y tiene un diámetro de siete metros. La misma quedó suspendida a un metro del piso de la platea, sobre las butacas que fueron cubiertas con una tela.

"Esta limpieza se realiza aproximadamente cada tres años, durante los recesos, cuando termina la temporada teatral", contó a LA NACION Ricardo Boggero, encargado de la iluminación del teatro desde hace 30 años.

Por ahora, sólo se bajó la parte de la araña que posee 536 lámparas, porque "el plafón central tiene un tablero reversible que permite su limpieza y recambio desde las pasarelas que están por encima de la cúpula", dijo Boggero. La tarea también incluye el recambio de todas las lámparas, que según informó el teatro, son provistas por la empresa Osram directamente desde Alemania y realizadas especialmente para el Teatro Colón. "Son lamparitas de 25 watts satinadas que no se producen en el país", señalaron.

Además, se lavarán las tulipas de vidrio que forman parte de un plafón que contiene doce lámparas.

Según Boggero, las lámparas, en general, tienen una vida útil de un año y medio, y "aunque no estén quemadas, se cambian igual". Para limpiar sus brazos de bronce primero se trata de remover el polvo con la ayuda de un ventilador, y luego se limpia cuidadosamente cada extensión con una franela.

Bajar la araña, que está a 27 metros del suelo, les llevó a los especialistas, que utilizaron cuatro malacates portátiles, más de una hora. "Somos 10 personas que trabajamos con mucho cuidado. Los movimientos deben estar muy sincronizados para que no se caiga nada", dijo Boggero, y agregó que "antes de 1990, no se bajaba la araña para su limpieza, sino que se realizaba esa obra, desde las pasarelas".

El gran candelabro es una de las bellezas del teatro que más llama la atención al ingresar en la sala principal. Construido en Francia en bronce brunido a fines de 1800, es considerado una magnífica obra de cincelado.

María Valeria Buquiere

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