La creatividad, una gran arma contra Castro

Andrés Oppenheimer
(0)
31 de enero de 2006  

MIAMI.- Considerando el mal manejo de las relaciones con América latina por parte del presidente George W. Bush, y en particular su oxidada política hacia Cuba, su gobierno merece crédito por una nueva idea inusualmente imaginativa: contraatacar con humor al dictador Fidel Castro.

La semana pasada, cuando el régimen de Castro acarreó a casi un millón de empleados públicos y estudiantes a una marcha de protesta contra el Tío Sam frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, la misión diplomática norteamericana respondió desplegando una pantalla electrónica que decía: "A los que quieran estar aquí, respetamos su protesta; a los que no quieren estar aquí, disculpen la molestia".

El tablero electrónico, de 1,5 metros de alto y que se extiende a lo largo del edificio de la Sección de Intereses, fue inaugurado el 16 del actual. Desde entonces, ha sido iluminado varias veces, y transmite titulares de agencias de noticias internacionales -incluyendo algunos encabezados críticos de las políticas de Estados Unidos, en un esfuerzo por demostrar que los norteamericanos pueden leer malas noticias sobre su gobierno- y citas de la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas o de figuras mundiales como Winston Churchill, Indira Gandhi y Lech Walesa.

Funcionarios de Estados Unidos dicen que el cartel es perfectamente legal bajo las leyes internacionales que establecen que las misiones diplomáticas son territorio extranjero. Agregan que el tablero electrónico fue colocado dentro del edificio, detrás de las ventanas del último piso, y no en los jardines.

"Es una forma de responder al bloqueo informativo que ha impuesto la dictadura", me dijo Caleb McCarry, funcionario del Departamento de Estado encargado de asuntos cubanos.

Como era previsible, Castro montó en cólera y calificó el cartel de una "provocación del imperialismo yanqui". Al final de la semana, el régimen cubano estaba construyendo apresuradamente lo que parecía un muro frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos (N. de R.: ayer se confirmó que se trataba de una plaza de banderas), presumiblemente para tapar el tablero de la vista de los transeúntes.

Altos funcionarios de Estados Unidos dicen que no hay planes de interrumpir el resumen de noticias del tablero ni sus mensajes.

Una idea para imitar

Claudio Grossman, decano de la Escuela de Derecho de la American University y un experto en temas de libertad de expresión, dice que la pantalla electrónica es una buena idea. "Si a Cuba no le gusta, debería poner un tablero similar en su misión diplomática en Washington -dice Grossman-. Cualquier cosa que contribuya a una libre discusión de ideas debe ser bienvenida por la comunidad de los derechos humanos."

José Miguel Vivanco, director regional de Human Rights Watch, la organización que la semana pasada presentó un informe devastador en el que acusa al gobierno de Bush de deliberadamente usar la tortura como parte de su estrategia contra el terrorismo, me señaló que la pantalla electrónica "es una opción creativa, legítima y válida, que merece aplausos". Añadió: "Ojalá el gobierno de Estados Unidos utilizara esa misma creatividad para buscar un consenso internacional en torno de medidas que pongan una mayor presión sobre el régimen cubano".

Mi conclusión: estoy de acuerdo. Un gobierno que prohíbe la prensa independiente, no permite a los críticos del gobierno decir una palabra en radio o televisión y sentencia a 25 años de prisión a opositores pacíficos por "crímenes" como poseer una máquina de escribir merece ser expuesto ante el mundo wcomo un régimen que se sale de sus casillas por un simple tablero electrónico.

Sería bueno que las democracias de Europea y América latina siguieran el ejemplo y empezaran a transmitir noticias en las azoteas de sus embajadas en La Habana. Los gobiernos podrían hacer esto perfectamente sin abandonar sus críticas al embargo comercial de Estados Unidos a Cuba. (Y los gobiernos democráticos de izquierda se ayudarían a sí mismos, porque la izquierda internacional parece estar abandonando gradualmente la causa de los derechos humanos universales, y cediéndosela a la derecha.)

Y también sería bueno que Bush usara la misma creatividad para aumentar -en lugar de bloquear- los viajes de los estadounidenses a Cuba, para que difundan sus ideas en la isla. O que Bush pusiera a Castro aún más en evidencia como un dictador troglodita, ofreciendo ante el mundo levantar parcialmente las sanciones de Estados Unidos si Castro permitiera la publicación de un periódico independiente.

El cartel electrónico es una gran idea. Todas las embajadas en todo el mundo, no sólo en Cuba, deberían adoptarlos. Ahora, el gobierno de Bush debería extender esa creatividad a la búsqueda de puntos en común con otras democracias, para ayudar al pueblo cubano a recuperar sus derechos civiles y humanos más elementales.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios