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Crece el misterio sobre cómo estalló la violencia en Las Heras

Relatos de los vecinos relativizan la primera versión sobre la muerte del policía
Gabriel Sued
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16 de febrero de 2006  

LAS HERAS, Santa Cruz.- Parece el escenario ideal para un crimen. El descampado lindero a la comisaría de esta ciudad, desde donde le dispararon al policía Jorge Sayago hace nueve días, tiene el tamaño de una manzana; de noche, la oscuridad apenas deja ver el piso, lleno de pequeñas matas de pasto en las que se quedan atascadas las bolsas de nylon y cajas de cartón que arrastra el viento. Al frente de la comisaría, las casas más cercanas están a unos 110 metros, cruzando una zanja que bordea el pastizal.

Parece el escenario ideal para un crimen, si no fuera porque la noche en que mataron a Sayago había entre 300 y 1000 personas en el lugar, sin contar a los policías, unos 60, apostados dentro y fuera de la comisaría; si no fuera porque el playón de entrada de la seccional tiene cinco torres de iluminación con cuatro focos cada una.

Sin embargo, a medida que pasan los días y que las detenciones no llegan la investigación judicial va entrando en un cono de oscuridad. La jueza Graciela Ruata reiteró ayer que el expediente sigue sin novedades y el fiscal Sergio Gargaglione se apartó de la causa porque en el momento del crimen le tocó ser juez subrogante del caso. En ese escenario, crecen los interrogantes sobre varios tramos del relato de aquella noche trágica.

¿Por qué los agresores de Sayago lo atacaron si, como se dijo, sólo había salido a calmar los ánimos? ¿Por qué el chaleco antibalas no impidió la entrada del puntazo en la espalda? ¿Cómo puede ser que los únicos datos certeros sobre la muerte del policía surjan de la autopsia? ¿Acaso ninguno de sus compañeros presenció el momento en que lo asesinaron, cuerpo a cuerpo, en la entrada de la comisaría?

En un recorrido por el lugar y por medio del relato de testigos y fuentes de la causa, LA NACION intentó reconstruir la noche del crimen y aclarar interrogantes. "El avance del caso depende más de la gente que de nosotros", dijo ayer un funcionario judicial.

El inicio de la tragedia

Los testimonios coinciden en que la revuelta comenzó cuando faltaban algunos minutos para la medianoche y que duró casi dos horas. Los manifestantes reclamaban la liberación de Mario Navarro, el sindicalista arrestado, que lideraba la protesta gremial y el corte de la ruta 43. ¿Cómo comenzaron los incidentes?

Según lo que le contaron a la mujer de Sayago los compañeros de su marido, el tiroteo comenzó cuando el oficial decidió salir para "calmar los ánimos". Pero, de acuerdo con el relato de vecinos del lugar y de fuentes de la investigación, la muerte de Sayago ocurrió tras una hora de fuertes enfrentamientos entre los manifestantes y la policía. Un dato refuerza esa hipótesis: las ambulancias del hospital de esta ciudad, ubicado a unos 500 metros de la comisaría, salieron a la 1.05, a la 1.08 y a la 1.15.

"Los pibes tiraban piedras y la policía los corría con gases y balas de goma", dijo Ricardo Buel, un camionero de 55 años que vive en la casa más cercana a la comisaría. La comisaría terminó con 130 impactos de bala efectuados, según los peritajes, por al menos cinco personas.

Otro punto oscuro es cómo ningún policía presenció el asesinato. En la fuerza explican que todo fue muy rápido. Que no se veía nada. Y que alguien había cortado los cables de las torres de iluminación de la comisaría.

En la Justicia creen que los policías eran pocos, que se plantaron en forma de abanico y que Sayago fue atacado al alejarse de la formación. Un hombre de unos 35 años, que vive frente a la comisaría, cruzando el basural, contó a LA NACION el comentario que repiten los vecinos de la zona: los policías se quedaron sin municiones, muchos se fueron corriendo y unos pocos quedaron a merced de los agresores.

Verónica Castro, cuñada del policía muerto, acusa a los efectivos de Las Heras (Sayago era de Caleta Olivia) de haberse quedado en la comisaría "mirando cómo lo mataban". "Y encima los ascendieron", se quejó. También puso en duda que los efectivos tuvieran herramientas para defenderse. "Tenían cinco chalecos para 30 y a él lo atravesaron de un cuchillazo", dijo. LA NACION pudo saber, de boca de ellos, que los policías que intervinieron están muy enojados por el mal estado de los elementos de protección.

En las sombras queda otra incógnita que quizá nunca encuentre una explicación sensata: ¿por qué los agresores se ensañaron con Sayago hasta matarlo, cuando ya estaba en el suelo, herido de bala?

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