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Optimismo moderado entre los perjudicados

Recuperar las joyas será difícil, opinan
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20 de febrero de 2006  

Consultados por LA NACION, clientes damnificados por el asalto al Banco Río de Acassuso -que pidieron no ser identificados por recomendación de sus respectivos abogados- coincidieron en señalar que, si bien ven con ojos favorables el hallazgo policial de ocho kilos de joyas, su suerte corre por otro camino.

"Hay que tener paciencia. Que encuentren parte del botín debería facilitar un mejor arreglo, pero éste es un proceso complejo porque muchos reclaman las mismas alhajas, y es la palabra de uno contra otro", contó una de las 145 personas cuya caja de seguridad fue violentada el 13 de enero último, y agregó: "Es un hecho superpositivo, pero nuestra suerte corre por otra vía".

Según explicó a LA NACION la abogada Nydia Zingman de Domínguez, que representa a más de 50 perjudicados, "la demanda de los damnificados no es contra los ladrones, sino contra el banco". Y continuó: "La plata y las alhajas que aparecieron van a ir al juzgado en lo penal, y allí o en la fiscalía quedarán depositadas. Pero, en principio, ninguna de las joyas secuestradas van a ser entregadas a los damnificados".

Además, la letrada informó que la semana pasada comenzaron las mediaciones individuales entre el banco y los clientes, y si después de varias reuniones la entidad bancaria no hace un ofrecimiento serio que conforme al cliente, pasarán a la instancia siguiente, que es el juicio comercial, el cual podría llegar a durar un par de años según cada caso.

Cláusula nula

En cuanto a la cláusula del contrato de cajas de seguridad que dice que "el locatario acepta que la caja no podrá contener bienes que, en su conjunto, superen los 50.000 dólares", Zingman afirmó: "El Banco Río no cumplió con el contrato comercial firmado, porque mis clientes pagaron por una seguridad que no obtuvieron, así que, para nosotros, esa cláusula es nula".

En tanto, otra perjudicada indicó a LA NACION respecto de las mediaciones: "Hay una inversión de roles: con la cantidad de preguntas y repreguntas que hacen los liquidadores, uno se siente que es el delincuente y no el damnificado; uno percibe que hacen todo lo posible para no pagar".

La mujer, que dijo estar esperanzada por el hallazgo de las joyas, que tienen un importante valor afectivo, contó que, para poder identificar sus pertenencias robadas el banco le entregó una planilla en la que solicita datos como "cantidad de quilates", "lugar y fecha de compra" y "estructura de la joya", entre otros: "Los casilleros van a quedar semivacíos, porque hay muchos detalles que uno no recuerda", expresó molesta, y añadió: "Por lo visto, todo va a ser muy difícil de recuperar".

La señora también ironizó: "Si hubieran tenido la misma eficiencia que tienen ahora con estos interrogatorios a la hora de dar seguridad, nos hubiéramos ahorrado todo este lío".

Los perjudicados que tenían joyas contaron a LA NACION que les tomó mucho trabajo hacer las listas porque no recordaban con exactitud que tenían en sus cajas de seguridad. "Fui agregando cosas y más cosas a medida que recordaba, porque imaginate vos que uno no va todos los días a controlar qué tiene", señaló uno de ellos.

Algunos clientes, además, se mostraron molestos porque, para saldar sus compromisos pidieron plata al banco, y éste se ofreció a darles un préstamo, pero con tasas de interés bajas. "Es el colmo: al final, terminás debiéndole dinero al banco que te estafó", concluyó un perjudicado. Los damnificados consultados también manifestaron que el banco no mandó ni una carta de disculpas.

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