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Agüero hace feliz a Independiente

Dos golazos suyos sellaron el triunfo por 2 a 0 ante Racing, en un clásico que había sido parejo y luchado; clima de furia en la hinchada de la Academia La ficha del partido
Claudio Mauri
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26 de febrero de 2006  

El clásico fue para Independiente, pero, en realidad, el que lo ganó fue Agüero. Lo hizo por su cuenta y con una ráfaga de clase y contundencia que pulverizó a Racing. Entre tanto torbellino y tumulto generalizado, el pibe se hizo de tiempo y espacio para resolver el partido como sólo lo hace un crack, un elegido. Lo suyo estuvo en una dimensión superior al resto. Y ni siquiera necesitó insinuar el papel estelar que interpretó, ya que en el primer tiempo se lo había visto estático, absorbido por la marca y con cierta indolencia cuando la refriega lo llevaba al cuerpo a cuerpo. Pero todo eso puede ser relativo y circunstancial cuando se tiene alma de potrero, como es el caso de Agüero, un fiel exponente de la gambeta, la picardía y la plasticidad para el gol.

A partir de Agüero se explica todo. No sólo el triunfo de Independiente, sino el súbito desmoronamiento de Racing no bien quedó en desventaja. También la comodidad con que terminó ganando el equipo de Falcioni, tras una primera etapa en la que imperaron el apuro, la falta de elaboración de juego y los pelotazos. Debajo de la aparente postura enérgica de ambos subyacía el nerviosismo y el miedo a perder.

Racing hizo esfuerzos para disimular su crisis hasta que se iluminó Agüero. Ahí se desvaneció, los dos goles lo dejaron por el piso. Antes se había sostenido con una cuota de entrega y sacrificio. Fútbol y llegada ofensiva no tuvo en toda la tarde.

Diego Simeone tomó decisiones innovadoras en su debut como técnico. Les dio cabida a varios juveniles inexpertos, con los riesgos que eso implica en un clásico. Entre Shaffer, Pablo González -ambos debutantes-, De la Fuente y Menghi sumaban cuatro encuentros en primera división. De todas maneras, no hay que cargar la responsabilidad sobre ellos; se esforzaron y Menghi contagió entusiasmo en el primer tiempo con dos o tres quites firmes sobre Agüero. Jugadores más curtidos que ellos, como Ubeda y Mirosevic, tampoco supieron sacar a Racing del atolladero.

Simeone empezó a trasladar sus aprendizajes como jugador al adoptar un sistema muy utilizado en España (4-2-3-1). Racing aguantó la lucha en el medio, pero su capacidad ofensiva estuvo muy limitada. Romero, reubicado como un volante interno, trató de gobernar la zona media con despliegue y una rápida distribución; sólo lo acompañó Fileppi, que siempre se escapaba del desdibujado Machín.

Los dos equipos tenían evidentes inconvenientes para crear situaciones de gol. Apenas se podían contabilizar un par de remates de media distancia de Biglia y Shaffer, una definición desviada de Agüero y un anticipo de Ustari a Romero.

Falcioni acertó con un cambio en el segundo período. Ingresó Fabro, un volante bastante movedizo, y Biglia se corrió hacia el centro, la zona que mejor controla y desde la que ejerce más influencia. Daba la sensación de que Independiente podía hacerle daño a un Racing más inseguro, titubeante, sensible a la adversidad, como lo fue la salida de Menghi por lesión. Ya no tenía la misma actitud.

Independiente advirtió el decaimiento y aplicó la fórmula que había intentado Racing sin éxito: salida rápida, por sorpresa. Agüero se enchufó y el partido tomó un rumbo sin retorno. Hizo el primer gol con un zurdazo bajo, desde afuera del área, tras una veloz proyección de Alvarez y la función de pivote de Bustos Montoya. Tres minutos después, un notable saque desde del arco de Ustari le bastó para ganarle la posición a Shaffer, desairar la apresurada salida de Campagnuolo y marcar el segundo gol.

El partido se acabó con el breve show de Agüero. Racing se derrumbó; los más jóvenes se veían sobrepasados por las circunstancias, y la falta de ritmo y fútbol de los ingresados Capria y Estévez pesaba más que la madurez de ambos. Independiente pasó a jugar con una tranquilidad insospechada; movía la pelota y cada tanto amenazaba con otra genialidad de Agüero.

Mientras Racing se apagaba dentro del campo, un grupo de sus hinchas era una llamarada de furia en las tribunas. Una rueda después del sensacional gol que le había hecho a Racing, Agüero volvía a inspirarse ante el rival indicado, para que su hinchada viera en él al nuevo ídolo.

En la cancha hubo calma

Si bien al margen de los estupendos goles de Agüero el juego en general fue apenas discreto, el clásico de Avellaneda sacó una buena nota en comportamiento. No hubo brusquedades ni acciones desleales. Racing e Independiente ayudaron para que Héctor Baldassi tuviera una correcta actuación. Sólo debió amonestar a dos jugadores: a Buján, por una falta a Romero, y a Cabral, por una infracción a Agüero. Los jugadores no se contagiaron del clima beligerante que empezó a bajar de un grupo de la hinchada de Racing. En los últimos minutos se estuvo más pendiente de lo que ocurría en la tribuna que en el césped.

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