La Legislatura destituyó a Ibarra

Ángeles Castro
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8 de marzo de 2006  

Diez votos en favor de la destitución, cuatro en contra y una abstención. Ese fue el resultado final del juicio político que, por mal desempeño en la función pública en el caso de la tragedia de Cromagnon, donde murieron 193 personas, se le siguió a Aníbal Ibarra. El jefe del gobierno porteño fue así separado de su cargo, en una jornada cargada de tensión, llantos, festejos y acusaciones.

Cuando Guillermo Smith, de ARI, marcó el voto número diez, el decisivo, los familiares de las víctimas estallaron en abrazos, Ibarra mantuvo su cara inexpresiva y hubo sonrisas de satisfacción entre legisladores de ARI y choques de mano entre diputados del macrismo.

Se trató del primer proceso legislativo de la historia por mal desempeño contra un jefe de gobierno de la Capital y derivó en la asunción automática de Jorge Telerman –hasta ayer vicejefe de gobierno a cargo del Poder Ejecutivo– como mandatario porteño.

Se llegó a la destitución con el voto de cuatro diputados de Pro, dos de ARI, dos de izquierda, una radical disidente y un kirchnerista.

Antes de Smith, habían encontrado a Ibarra culpable los legisladores Daniel Amoroso (aliado del macrismo), Héctor Bidonde (izquierda), Roberto Destéfano (macrista), Facundo Di Filippo (ARI), Silvia Majdalani (aliada del macrismo), Marcelo Meis (lopezmurphysta), Florencia Polimeni (radical disidente), Helio Rebot (kirchnerista) y Gerardo Romagnoli (zamorista).

Lejos de las versiones que sostenían que Polimeni, Rebot y Romagnoli votarían en favor del jefe de gobierno, los tres respaldaron la destitución; los dos primeros, incluso, con duros discursos contra Ibarra.

Apoyaron al jefe de gobierno Beatriz Baltroc (izquierda), Sebastián Gramajo (kirchnerista), Norberto La Porta (socialista) y Laura Moresi (Frente Grande). Se abstuvo Elvio Vitali (kirchnerista).

En conferencia de prensa, Ibarra anunció que recurrirá a la Justicia: “La historia no se termina acá”, dijo. Para su abogado Julio César Strassera, “se consumó un golpe institucional” (ver aparte).

Los tres diputados que actuaron como fiscales durante el juicio político -Jorge Enríquez, Jorge San Martino y Rubén Devoto- entendieron que "empezó a recorrerse el camino contra la impunidad".

Según Enríquez, aliado al macrismo, "el juicio político no forma parte del museo de arqueología constitucional, sino que está vivo y es un mecanismo para sortear crisis como ésta".

Por su parte, el lopezmurphysta San Martino sostuvo: "De aquí en más los jefes de gobierno deberán saber que la Legislatura los controla y espera lo mejor de ellos". Y Devoto, de izquierda, señaló que "éste es un primer paso contra la impunidad de los gobernantes, y la lucha debe continuar para que no vuelva a repetirse un desastre de esas características".

Voto a voto

La sesión de la Sala Juzgadora había empezado horas antes de conocido el veredicto, con 35 minutos de demora y en medio de un clima de tensión creciente. Sucede que, antes incluso del arranque de la audiencia, los familiares de las víctimas tuvieron la para ellos mala noticia de que la diputada Baltroc votaría por la absolución de Ibarra (ver aparte).

La legisladora de izquierda había fundamentado, durante la interpelación al funcionario hoy destituido en enero de 2005, la existencia de mal desempeño sobre argumentos constitucionales. Pero ayer explicó: "Ibarra es responsable de no revertir en 2004 el focazo de corrupción en el área de control, pero no creo que sea suficiente esta responsabilidad para destituirlo".

Antes y después de Baltroc, de acuerdo con las previsiones, votaron en favor de la destitución Destéfano, Bidonde, Di Filippo, Majdalani y Meis. Los cinco, como los que siguieron después, coincidieron en que existió mal ejercicio del poder de policía, porque el funcionario destituido no supervisó cómo instrumentaban la política de controles en la ciudad los funcionarios de su confianza, que él mismo había designado en el área de seguridad.

Y recordaron que, en noviembre de 2003, cuando Ibarra comunicó públicamente la existencia de un "focazo de corrupción en el área de inspecciones" también comunicó que "él personalmente se ponía a cargo de solucionar esta irregularidad". Sin embargo, concluyeron, sus esfuerzos fueron ineficaces. Por todo esto, la tragedia de Cromagnon -analizaron- no fue un accidente, sino consecuencia de la discrecionalidad y la improvisación de la operatoria en materia de fiscalización.

Para algunos también hubo falta de previsión y de coordinación para la atención de la emergencia. Y todos defendieron el desarrollo del juicio político con los fines previstos en la Constitución porteña, en contra de las acusaciones de "golpismo" efectuadas por Ibarra y sus defensores.

Además de Baltroc, Ibarra -al que durante toda la sesión se lo vio estoico y en diálogo permanente con sus abogados- respiró tranquilo con los votos por la absolución de Gramajo, La Porta y Moresi. Pero inmediatamente después comenzó la cuesta arriba.

Tomó la palabra Polimeni. "La delegación de atribuciones [en los ministros] nunca implica delegación de responsabilidades. ¿A qué se dedica un jefe de gobierno si no a seguir las políticas de sus ministros, sobre todo en aquellas áreas críticas?", inquirió, y apoyó la destitución.

Luego, con el voto por la separación de Ibarra expresado por Rebot quedó a la vista la interna del kirchnerismo, que luego reforzó Elvio Vitali con su abstención. "No voy a ser quien eche la última palada de tierra sobre la tumba de esos 194 pibes. Voy a honrar el juramento que hice al asumir mi banca votando de acuerdo con las razones que me dicta mi corazón", dijo Rebot.

Faltaba que se definiera la incógnita de Romagnoli, pues se sabía que Smith era otra voluntad en contra. Y el zamorista volvió a apelar a la solidaridad con los padres para fundamentar su voto por la separación de Ibarra de su cargo. El jefe de gobierno estaba destituido, pero no recibió accesoria de inhabilitación alguna.

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