Murió en Nueva York la soprano Anna Moffo

Tenía cáncer desde hacía tres años
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12 de marzo de 2006  

WASHINGTON (ANSA).- La soprano Anna Moffo murió en Nueva York, a los 73 años, a causa de un cáncer, anunció la Metropolitan Opera House.

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Cuando Anna Moffo hizo su aparición en el escenario del Teatro Colón en 1960, una corriente de admiración se generalizó en la sala con movimientos, gestos y miradas más que elocuentes. La belleza y sonrisa del rostro, el encanto seductor de su figura, la soltura de sus desplazamientos y el color de su voz mórbida fueron los aspectos que en contados instantes recibió el público, en aquella noche del 9 de julio, Día de la Independencia, razón por la cual en la sala se sumaba a los melómanos una enorme cantidad de funcionarios del gobierno del presidente Arturo Frondizi y representantes del cuerpo diplomático.

Fue una noche inolvidable porque, además del impacto que provocó la artista con su presencia, se escuchó una excelente versión de "La traviata" de Verdi, con una protagonista que desde el punto de vista teatral era ideal y

por el muy buen rendimiento de los recordados, el tenor Flaviano Labó y el barítono Mario Sereni, la solvencia del maestro Ferruccio Calusio al frente de los cuerpos estables, con dirección escénica de Felipe Romito, ajustada a la más estricta tradición, sobre un boceto escenográfico del prestigioso artista Héctor Basaldúa.

En su segunda visita, la de 1965, Moffo repitió "La traviata" con un elenco en el que participaron el tenor Carlo Cossutta, el barítono Gabriel Bacquier, con la batuta del maestro Juan Emilio Martini y una puesta que para entonces resultó impactante, toda en coloración sepia, de gran refinamiento en el vestuario y el movimiento escénico, producto del talento de un equipo integrado por el régisseur Cecilio Madanes, el bocetista Miguel Angel Lumaldo y el vestuarista Eduardo Lerchundi.

Y ahí, sobre esa lujosa visión de los cuadros, la actuación de la soprano se lució aún con mayor esplendor y terminó por subyugar a todos, en especial al sector masculino.

Como recuerdo de esta segunda visita, subsiste su atinada y contenida interpretación de Violeta, su musicalidad y una voz aún más oscura, pero igualmente grata. Sin embargo, permanece como una imagen irrepetible el brillo rutilante de la artista caminando por los salones dorados del Colón, pero esta vez con la presencia de funcionarios de la presidencia de Arturo Illia. Moffo, en los intervalos de esa noche, se transformó en la mayor atracción.

Y a pesar de su éxito en la ópera de Verdi y de su buena carrera iniciada con una actuación televisiva en Italia, precursora de sus presentaciones en el Festival de Spoleto en 1955, en el Festival de Aix-en-Provence como Zerlina en "Don Giovanni", de Mozart, sus rutilantes actuaciones en Chicago, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, en el Covent Garden de Londres y del éxito en Buenos Aires, su vida estuvo signada por una amarga alternancia entre el lujo y la frivolidad, y el estudio de la música, la soledad y desesperación por su declinación vocal cuando aún tenía por delante varios años de madurez artística.

Esta sensación se hacía triste realidad en su gigantesco departamento de Nueva York, donde el recibidor parecía el living y, para tener una idea de su tamaño y suntuosidad, una fuente con juegos de agua adornaba una parte y diferentes conjuntos de sillones conformaban rincones al modo del más cinematográfico escenario. Y ella, en una aparente soledad, prefería refugiarse junto a su piano, partituras y libros, en un gabinete más pequeño, donde todos los objetos se acumulaban con sus recuerdos más amados, la música grabada y sus fotos junto a ilustres personalidades del mundo.

Anna Moffo murió, dice el cable, por un mal incurable, pero es posible que haya sido por haberlo deseado y con ella se va una cantante lírica de características muy especiales, sobria, dúctil desde Mozart a Puccini, dotada de una voz fácilmente reconocible, hermosa, simpática, temperamental y enamorada de su profesión.

Acaso le faltó para prolongar su carrera la capacidad y libertad como para ordenar su vida personal, tanto desde el punto de vista de la salud física como de la espiritual. Deseo que hubiera permitido disfrutar durante más tiempo de su arte.

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