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Una computadora por chico

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19 de marzo de 2006  

La Argentina será uno de los siete países en los cuales se comenzará a aplicar el programa internacional que pretende ofrecer una computadora de características especiales a cada chico. Este programa es una iniciativa del famoso Media Lab, creación de Nicholas Negroponte, especialista y promotor de las modernas tecnologías informáticas en todo el planeta, que opera en el no menos famoso Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Durante una conferencia que se realizó en la sede de la cartera educativa nacional, el ministro Daniel Filmus anunció la distribución de un millón de computadoras en todo el país. Las máquinas ofrecidas, de las que se presentó un prototipo, son portátiles, especialmente robustas y resistentes a las más severas condiciones ambientales o de trabajo. Pueden funcionar con electricidad producida en los lugares de uso mediante generadores manuales, que los alumnos mismos podrán accionar, y su consumo es de apenas un vatio frente al requerimiento de las máquinas comunes, que emplean entre 30 y 50 vatios. Filmus señaló que se dará prioridad a las escuelas más modestas, de las zonas desfavorecidas del país.

Estas computadoras podrán conectarse a Internet en forma inalámbrica y operar con conexiones satelitales, que harán posible su uso hasta en zonas aisladas, de muy baja densidad de población. El costo de cada una, apenas cien dólares, es uno de los datos más significativos de esta oferta. Negroponte señaló que los programas informáticos que se elaboren para su empleo en ellas serán de acceso libre, lo cual implica un costo nulo para los usuarios.

La dificultad más grande sigue pasando, de todas maneras, por la elaboración de programas que puedan servir cabalmente a las necesidades de la escuela. En este campo, como se ha señalado en más de una ocasión, el hardware, esto es, la tecnología, está mucho más avanzado que el software, constituido por esos programas.

Suele suceder que los programas disponibles no aprovechan a fondo lo que tiene de más valioso la computadora, que es su interactividad. Por esto muchos de ellos terminan presentando rasgos que los ponen cerca de los recursos más corrientes, como los libros o los videos, obviamente fundamentales, pero no informáticos. Quienes tienen a su cargo la tarea de usar laboratorios informáticos en las escuelas conocen esas limitaciones y saben también que muchas veces se ven en la necesidad de reducirse a recursos que son sumamente valiosos, como los procesadores de texto o las planillas de cálculo, pero sin encontrar todo lo que necesitarían para satisfacer las múltiples necesidades de la tarea educativa.

Sería realmente interesante que los anuncios tecnológicos de Negroponte se completaran con la presentación de programas que los acompañaran condignamente. Esto ha de llegar tarde o temprano, seguramente, y la revolución educativa que se ha de derivar tomará entonces dimensiones tan sorprendentes como impensables.

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