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Unos 14.000 porteños se oponen al cierre del histórico bar Británico

El alquiler vence el próximo viernes 31
Evangelina Himitian
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22 de marzo de 2006  

Carlos Encina, mozo del bar Británico asegura que en aquella mesa que está en un rinconcito debajo de la "B", Ernesto Sabato escribió varios capítulos de "Sobre héroes y tumbas". "Esta esquina guarda una parte de la historia que el 31 de marzo va a desaparecer si se cumple el convenio de desocupación que nos envió el propietario del inmueble", se lamenta.

Ocurre que los propietarios del local en donde se encuentra el mítico bar porteño que funciona en Brasil y Defensa desde 1928, decidieron no renovar el contrato de alquiler con los dueños del fondo de comercio, los tres mozos españoles que son quienes históricamente operaron el bar.

La noticia movilizó a los vecinos y habitués de este bar que desde 1998 está en el circuito de bares notables: en una semana juntaron unas 14.000 firmas que serán presentadas hoy ante la Defensoría del Pueblo de la ciudad.

El reclamo llegó lejos. El vicepresidente de la Nación Daniel Scioli fue el viernes al bar para jugar al ajedrez y solidarizarse con los vecinos. Y hasta Joaquín Sabina, de visita en el país, durante la conferencia de prensa previa al show, lanzó: "¡Hombre, no cierren el Británico!".

Sin embargo, según explicó a LA NACION la directora de Casco Histórico, María Rosa Martínez, no hay mucho que el gobierno porteño pueda hacer para preservar el bar. "Tiene protección como patrimonio histórico. Debe mantenerse el edificio tal cual está. Pero la protección no habla del interior. Puede cambiar de operadores, siempre que se respeten los usos compatibles con el patrimonio histórico".

Desde hace una semana, los carteles en apoyo del bar cuelgan dentro y fuera del local. "Si los gaitas se van, se muere el Británico", dice uno de ellos. Los demás, recogen párrafos de Borges, Sabato, Arlt y Girondo, en los que aparece el Británico.

"Los notables son ellos: los gallegos. Si ellos se van, esto se muere", dice Horacio Boero, en la mesa que ocupa cada noches desde hace 16 años. "Es cierto que los baños son un desastre, que hacen una hamburguesa y nos vamos todos con olor. Pero al bar lo declararon notable así como está", reafirma su amigo, Martín Malharro.

"La gente defiende el espíritu del Británico. Pero eso no está protegido por las leyes. En cuanto a normativa, no se puede hacer más. No hay cómo proteger lo que los vecinos se resisten a perder", apunta Alicia Pierini, defensora del Pueblo de la Ciudad.

El Británico es una de esas pocas esquinas porteñas en la que resiste y subsiste la tertulia, los encuentros con amigos. Está abierto de día y de noche y a toda hora hay gente jugando al ajedrez, hablando de política, de Dios y de los planetas.

Pepe Miñones, José Trillo y Manolo Pose, no sólo son dueños del fondo de comercio. Eran vecinos en España, y emigraron cuando cada uno tenía 20 años. A tres años de afincarse, decidieron abrir el Británico. Desde entonces se encargan de preparar y servir las 35 mesas. Desde entonces, cada día y desde hace 45 años se encargan de preparar y servir las 35 mesas. Desde hace una semana, viven de reunión en reunión. Es que, cuando se conoció la noticia del inminente cierre del bar, los convocaron de la Legislatura porteña y de la Dirección de Patrimonio Histórico, responsables de las actividades de los bares notables.

"Nos convocaron para preguntarnos por qué vamos a cerrar. Pero no está en nuestras manos. Nosotros no queremos irnos", asegura Mignones.

"Este es un conflicto entre privados, no tiene por qué intervenir el Estado -dijo a LA NACION Juan Pablo Benvenuto, presidente de la Sociedad San Andrés, propietaria del local-. Van a perder el tiempo, porque no hay nadie más interesado que nosotros en que el bar siga siendo un hito histórico de la ciudad. Queremos otro operador que mantenga el estilo, pero que haga mejoras edilicias y de limpieza. No vamos a poner un cíber."

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