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Una de piratas, bien a la moda

Marcelo Stiletano
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23 de marzo de 2006  

"Alma pirata" , comedia juvenil de aventuras con Mariano Martínez, Luisana Lopilato, Benjamín Rojas, Fabián Mazzei, Julia Calvo, Ignacio Gadano, Isabel Macedo, Elsa Pinilla y elenco. Autores: Gabriela Fiore y Leandro Calderone. Producción ejecutiva: Laura Fernández y Leonardo Balsalobre. Dirección: Martín Mariani y Mauro Scandolari. Producción y dirección general: Cris Morena. Una producción de RGB y Cris Morena Group para Telefé, de lunes a viernes, a las 21.

Nuestra opinión: bueno

Cris Morena tomó unos cuantos ingredientes de "Erreway, cuatro caminos", agregó algunos detalles escenográficos y de ambiente propios de "Verano del 98", los condimentó con una medida de "Los simuladores" y, para realzar el sabor, sumó un toque internacional propio de quienes gustan de la pantalla grande.

Esta especialidad, la creación más reciente de una de las más sagaces y exitosas cocineras de nuestra TV a la hora de preparar historias de ficción, es desde el lunes último uno de los platos fuertes del horario central de Telefé. La presentación es sofisticada y vistosa a partir de la colorida mezcla de ingredientes, pero sus destinatarios parecen más dispuestos a tragar el plato de un bocado en vez de saborearlo. Tal vez porque se acostumbraron a la comida rápida.

Así es "Alma pirata": un vendaval de situaciones y viñetas propias del relato de aventuras enlazadas sin pausas ni descanso a partir de sus estímulos sensoriales y con evidentes destinatarios: ese público fiel desde el comienzo a las historias urdidas por Cris Morena, telespectadores que surgieron junto a "Chiquititas", vivieron la adolescencia en compañía de "Verano del 98", crecieron todavía más junto a los chicos de "Erreway" y vuelven ahora a cruzarse en el camino con rostros, gestos y actitudes ya familiares, protagonistas ya crecidos y estimulados por otras necesidades, ambiciones y deseos, pero que en algún punto todavía se resisten a dejar atrás sueños, riesgos e imprudencias de juventud.

Allí están los tres protagonistas, que se reencontrarán en el camino fraternal abierto en otro tiempo con sus padres gracias a los buenos oficios de una madura mujer que les propone salir a la conquista de un botín multimillonario (tramada como si estuviéramos ante la búsqueda de un tesoro) desde una guarida que tiene el aire nostálgico de un cine abandonado.

Entre el muchacho de pocas pulgas y diestro con los disfraces que vive de practicar pequeñas estafas (Martínez), un simpático ilusionista, ladrón y seductor de mujeres casadas (Rojas) y un jugador compulsivo que trabaja de partero en sus ratos libres (Mazzei) se establece una corriente de colaboración por necesidad, matizada por alguna visible desconfianza, que los lleva a cambiar identidades y enfrentar distintos peligros siempre con una sonrisa. Ese camino irá transformándose una vez que algunos secretos guardados por sus respectivos padres, ya fallecidos, queden develados.

A esa búsqueda se suman dos bellas y decididas jóvenes (Lopilato y Macedo, ataviadas como modernas y autóctonas Thelma y Louise) en las que se mezclan cierto aire fashion compartido por el resto del elenco y una vocación periodística y viajera por seguir la ruta del Che Guevara. Para complicar las cosas, la primera es hija de un rico empresario y evidente villano de turno, conocedor de todo lo que nuestros futuros héroes buscan; la segunda no es otra que la hija de la mujer que reúne al trío pirata.

Respaldados por un dispositivo técnico y artístico de notable factura -la musicalización, la dirección de arte y el sonido directo rayan a gran altura- y un concepto visual que por momentos remite directamente a las primeras películas de Guy Ritchie (como ese efecto de abrupta aceleración visual utilizado en "Snatch, cerdos y diamantes" y en "Juegos, trampas y dos armas humeantes") y al cine publicitario más efectista, los protagonistas salen en busca de su destino.

En cada instancia, la trama adquiere sentido no a través de un hilo lógico o verosímil, sino a partir del dinamismo y el magnetismo visual que "Alma pirata" entrega a su audiencia cautiva: ese público juvenil que disfruta de las ocurrencias de un elenco carismático que disimula imperfecciones expresivas con un derroche de simpatía y que en más de un caso (Martínez, Lopilato, Rojas) juega con los márgenes del erotismo tolerados en una comedia que se presenta como sin restricciones. Pero esos escarceos no incomodan tanto como las abundantes expresiones soeces que pretenden vestir la trama de falso realismo y, en cambio, le quitan una de sus virtudes: ese romanticismo aventurero con el que no es difícil identificarse.

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