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Maneras de mirar la anorexia

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2 de abril de 2006  

"Opera anoréxica. Una vulgaridad rizomática". Por el grupo Teatro de los Calderos. Dramaturgia a partir de poemas de Andrés Binetti. Dirección: Andrés Binetti y Paula López. Intérpretes: Martín Escape, Meri Hernández, Eleonora Pereyra y Adriana Visintín. Música original: Guillermina Etkin y Marcos Zoppi. Iluminación: A. Binetti y Julián Bokser. Vestuario: Mercedes Arturo. Asistente de dirección: Gabriela Jost. En El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960; 4862-0655. Viernes, a las 22. Entrada: 10 pesos. Duración: 50 minutos.

Nuestra opinión: muy bueno

La ópera que propone el grupo Teatro de los Calderos acepta oberturas, arias, duetos corales, passaggio di maschera, coros recitativos, pasos de ballet, música dance y hasta algo de cumbia. Con el texto atravesado, pero también contenido por la música, "Opera anoréxica" se mete con un tema difícil desde varios costados. Uno de ellos, que es el primero del que se hace eco el público, tiene ciertos toques de tragicomedia, pero dura poco. Con el transcurso de la obra se vuelve cada vez más difícil reírse, hasta que se torna imposible; un absoluto silencio inunda la sala. Las únicas risas vienen desde el escenario.

En realidad, más que un escenario es un pequeño espacio escénico delimitado por lo que sería una gran caja blanca que sólo muestra cuerpos partidos. No hay piernas en este espectáculo, sólo torsos y cabezas encerrados en lo que podría ser un hospital, un hospicio, quizás un zoológico o hasta un invernadero; un lugar del que no está dado salir.

Los cuatro actores hablan de comida, hasta de grandes comilonas, mastican orquestalmente zanahorias, escupen zanahorias y dan su testimonio de una enfermedad que ellos no reconocen como tal. "Mido 1,65, peso 59 kilos, sólo debo bajar 20". "Aprendí lo que debo hacer para que no me internen, no pesar menos de 40". "Me gusta tocarme los huesos". "Yo, sólo líquidos".

Con una dramaturgia fragmentada, la propuesta está asentada en una puesta de imágenes fuertes, tanto las que componen los cuatro muy buenos actores como la que plantea la poesía en la que está basado el texto.

Escuchar los silencios

En esta puesta que dirigen en tándem Andrés Binetti y Paula López -como lo han hecho en todas las obras del grupo- no hay tonos discursivos ni tampoco miradas compasivas, sólo se muestra y se trata de entender de qué habla la enfermedad; qué nos está diciendo o, mejor, qué es lo que calla.

Así aparecen perturbadoras escenas familiares, olvidables encuentros navideños, sesiones de belleza que más se asemejan a las de tortura.

Martín Escape, Meri Hernández, Eleonora Pereyra y Adriana Visintín les ponen el cuerpo a la historia y lo hacen con una entrega tal que esa historia fragmentada, rota, partida como sus cuerpos, llega contundente, fortalecida y perturbadora a la platea. Es difícil destacar el trabajo de uno sobre el de otro, pero es imposible no mencionar la escena de la dieta que se impone hasta la exasperación uno de los personajes que interpreta Eleonora Pereyra.

"Opera anoréxica" tiene la virtud de ir llevando despacio al espectador a un mundo desconocido, porque es desconocido si no se vivió en carne propia. Aunque se puedan haber leído cientos de artículos sobre la enfermedad, es difícil que alguno haya logrado transmitir con tanta verdad algo de lo que a esas personas les pasa por la cabeza, por el corazón y por el cuerpo cuando lo único que quieren es transformarse, ser otros o, mejor, dejar de ser.

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