"Semanario", en busca del equilibrio

Marcelo Stiletano
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14 de abril de 2006  

"Semanario, episodio 2" , programa humorístico conducido por Laura Oliva, Luis Rubio, Diego Reinhold y Gisela Marziotta. Producción periodística: Alejandro Marino. Guión: Andrés Maino, Esteban Urcola, Pepe Cazzola. Realización: Pablo Leone, Hernán Olivares. Producción ejecutiva: Demián Adler. Dirección: Carlos Violante. Dirección creativa y espiritual: Raúl Becerra. Producción general: Esteban Farfán y Adrián D´Amario. Una producción de Filmic para América, los miércoles, a las 22.

Nuestra opinión: bueno

Veinticuatro años después de la aparición de "Semanario insólito", aquel fresco y divertido experimento televisivo que se animaba en pleno 1982 a observar la realidad con ojos paródicos e inspiró infinidad de enfoques satíricos posteriores, la productora Filmic retoma la idea sin esconder una doble y simultánea intención: reconocer a su casi homónimo original como fuente indiscutida de inspiración -allí están para certificarlo la presencia de un histórico como Raúl Becerra como "director creativo y espiritual" y el recuerdo grato de varias figuras- y a la vez dejar en claro que estamos frente a una iniciativa de nuevo cuño, ajustada a los tiempos impuestos por la actualidad.

Del "episodio 1" esta novedad rescata ante todo el esquema básico de su puesta en escena: una extensa y aparentemente caótica progresión de notas e informes breves (la mayoría dura menos de un minuto) rematadas con el estilo propio de un sketch humorístico con referencias burlonas al estado de la ciudad o al comportamiento de algún protagonista influyente de la realidad. Como en el original, aquí también los conductores mantienen por lo general el tono serio de cualquier envío periodístico con un deliberado contraste entre aquello que se muestra y el modo en que se expresa.

A la vez, esta secuela persevera en esa lograda ruptura del espacio convencional televisivo que había sido impulsada en el primer "Semanario insólito". Como ayer, aquí es natural invocar todo el tiempo desde el piso la conexión con exteriores, invocando una falsa emisión en vivo, para dar paso a un cronista que segundos antes hablaba tranquilamente en el estudio. Se impone un exigente trabajo de coordinación, sincronización y montaje para que esa idea pueda fructificar, y en este sentido el "episodio 2" sale airoso del desafío.

Resueltas con éxito la mayoría de las exigencias formales, el mayor compromiso del "episodio 2" radicaba en ponerse a la altura de su predecesor en los contenidos. Y aquí los resultados de la primera emisión mezclan ideas auspiciosas y algunos momentos francamente olvidables en una suerte de equilibrio inestable que se explica más por lo que le sobra al programa que por lo que realmente tiene.

Es que al primer -y mejor- "Semanario insólito" le alcanzaba con media hora, la extensión ideal para desplegar una propuesta que se debilita cuanto más estirado se torna cada informe y crece en la medida que el remate corto, rotundo y exacto de alguna situación refuerza la sorpresa del televidente y explota mucho mejor los recursos del lenguaje visual. Así quedó demostrado, por ejemplo, con el informe sobre cómo hacer un buen puchero, rematado con gracia por Dolli Irigoyen, y con la convocatoria a la vedette Nazarena Vélez para que expresara "lo que nunca dijo por televisión": una palabreja surgida de un antiguo aviso publicitario.

Estos hallazgos contrastaron con producciones más largas e insulsas (entre ellas, una parodia a los trabajos periodísticos de investigación en torno de un supuesto affaire amoroso entre Perón y Moria Casán en los años 70) que parecían ir en dirección opuesta a la meta buscada en la mayoría de los otros tramos. Si se desprende de una innecesaria hojarasca, "Episodio 2" puede lograr el toque justo para observar la realidad con ojos zumbones y, por qué no, corregir más de un rumbo equivocado.

La búsqueda de un equilibrio que el programa está en condiciones de alcanzar también depende de la interacción entre el énfasis todavía exagerado de Laura Oliva, el apropiado aire que exhibe Luis Rubio (siempre y cuando se desprenda de algunas expresiones groseras), el poco lucimiento que hasta ahora tuvo Gisela Marziotta y el sano desprejuicio del talentoso Diego Reinhold. El espejo en que deben mirarse está en la fina ironía, el espíritu satírico y el modo humorístico transparente con el que supieron asomarse a la realidad, 24 años atrás, Virginia Hanglin, Becerra, Portal y Castelo en tiempos del "episodio 1".

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