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El arcón de las canciones

Spinetta y los Socios del Desierto tuvieron su acusticazo en la MTV
Adriana Franco
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31 de octubre de 1997  

Spinetta canta "Laura va". En su fragilidad, se vuelve inmenso. De pie, su voz y sus manos trazan una curva intangible que nos devuelve treinta años y demuestran la perdurabilidad de la canción. Lo acompañan, en este tema y en "Jazmín", apenas, las cuerdas de la Sinfónica de Miami, dirigida por Carlos Franzetti.

En tiempos digitales, los espectadores-escuchas sensibles agradecen esta posibilidad de poder percibir el temblor de las maderas y el roce de las cuerdas. Paradójicamente, es la gran cadena MTV, la de los torbellinos de clips, la que hizo lugar para esto en los unplugged. Y en este caso, el tamaño creativo de Spinetta agiganta la apuesta. Y gana, la música y también los espectadores.

Los estudios son el escenario de esta gambeta al tiempo. Relajado pero lúcidamente consciente, el músico y los Socios del Desierto habían comenzado el show con "Durazno sangrando", acompañado por su acústica y sus músicos, Marcelo Torres en bajo y Daniel Wirtz en batería, más Nico Cota en percusión y Mono Fontana en teclados, como invitados.

Con esta formación continuará la primera parte de este unplugged televisado de casi una hora y media. El recital es una recorrida por su historia, pero también un avistamiento del futuro. Después de interpretar "La montaña" (de "Pelusón of Milk"), el Flaco presenta un tema nuevo, "Cada luz". En la presentación y dedicatoria no puede evitar su característico humor absurdo: "Se lo dedico a mi hija más pequeña, Vera Spinetta, de quien sigo esa luz infinita, sigo en sus ojos esa luz... y te encargo si me llegara la factura".

No es el único tema nuevo que presenta. También están "Fuji", "Tu nombre sobre mi nombre", "Tía Amanda", "Correr frente a ti" y "Tú vendrás a juntar mis días". Un aire a "Kamikaze" sobrevuela las canciones, no sólo por el formato acústico que remite a aquel álbum, sino por el arrojo de lanzarse a estrenar temas justo cuando el sentido común indica que es tiempo de afianzar hits, de aprovechar un aire que recorrerá América latina.

Pero Spinetta no sigue (nunca lo ha hecho) los dictados del sentido común. Su ruta, su faro, es en todo caso el del arte, el de la propuesta. El guerrero que ha decidido no detener su marcha sigue su propios dictados. Y, por ejemplo, abre sus libros de la buena memoria, e invita a Rodolfo García para hacer "La miel en tu ventana", un tema de Almendra que nunca llegó a ser editado. "Es como mi padre musical y siempre me va a guiar _aseguró_. Una persona derecha como pocas y a quien amo: Rodolfo García, baterista de Almendra". Una presentación más que elogiosa para el tímido García, que sin decir una palabra se dedica a tocar el acordeón.

En este reencuentro del tiempo perdido, Spinetta, luego de los dos temas acompañados por la orquesta de cuerdas, vuelve a bucear en su repertorio. Sólo con su guitarra entona entonces "La sed verdadera", emocionante canción del disco "Artaud", y luego un medley en el que "Todas las hojas son del viento", "Plegaria para un niño dormido" y "Barro tal vez" se funden bellamente.

Las estrellas de esta noche fueron la música y la poesía. Casi austero durante todo su transcurso, el Flaco decidió, en el final, desempolvarse de la solemnidad con una versión de "Yo quiero ver un tren", en la que, no porque hiciera falta, sino por el placer de improvisar, agregó recitados apocalípticos y describió atmósferas posnucleares con aires casi irrespirables y páramos desolados y descorazonadores en los que una locomotora puede ser equiparable a la Gioconda.

La versión completa de este recital se repite mañana, a las 20.30, por MTV. A partir de entonces, saldrá al aire una versión reducida, de una hora. Y, en este mismo año en que Spinetta, luego de un largo silencio editó su álbum doble, este material tendrá también destino de disco. Se llamará "Estrelicia" y saldrá a la venta a mediados de noviembre.

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