Se fue Gastón Perkins

Murió a los 78 años en Juan Bautista Alberdi, su pueblo; fue campeón de TC en 1969 e integró la misión argentina a las 84 horas de Nürburgring, el mismo año
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20 de abril de 2006  

A los 78 años falleció, en Juan Bautista Alberdi, Gastón Perkins, una de las figuras emblemáticas del automovilismo argentino. Sus restos eran velados anoche en su casa de esa ciudad de la provincia de Buenos Aires (Av. Hipólito Irigoyen 225) y serán inhumados hoy, a las 15, en el cementerio de Chacabuco.

Como muchos de los hombres que fortalecieron la base del automovilismo deportivo en nuestro país, Gastón Perkins dio sus primeros pasos en el campo. En la ruta 7, cerca de Alberdi (partido de Vedia) y a sólo 250 km de la ciudad de Buenos Aires, la estancia familiar La Veintinueve vio crecer a uno de los 10 hijos de Carlos Perkins. El mismo año de la desaparición de su padre, en 1952, Gastón debutó en el automovilismo. Fue el 20 de julio con un Chevrolet 4 en la 1era Vuelta del Oeste, en Junín. Ganó Eusebio Marcilla y con su 10° lugar le dio la primera gran satisfacción a su pueblo, que comenzó a seguir de cerca las actuaciones de ese flaco alto. En total, lograría cinco triunfos en el TC, 15 en el Turismo y dos en los Sport Prototipo.

Llegaron los éxitos en el Gran Premio de Turismo de 1960 y 1961, el primero con un Alfa Romeo Julieta del equipo de Vianini, y al año siguiente con un Borward. En esas competencias fue construyendo la imagen de piloto especialista en grandes distancias, algo que Gastón atribuía a su crianza en el campo y a su costumbre de moverse en grandes extensiones.

En 1961 se casó con Ivonne, y a su regreso de la luna de miel en Europa comenzó a escribir otra etapa especial de su carrera, a bordo de los Gordini. El modelo francés, que continuó construyéndose en el país, le dio tres victorias consecutivas en el Gran Premio Internacional: 1963, 1964 y 1965.

Entre 1968 y 1969 se repartieron sus triunfos en el Turismo Carretera: las primeras tres en el Autódromo de Buenos Aires: el 5 de mayo de 1968, en los 503 km; tres semanas más tarde, en los 649 km, alternándose en el volante con Federico Gregorio Urruti, y el 23 de junio, en otros 408 km. Al año siguiente, el de su único título en el TC (conducía el Liebre III Tornado del equipo Donati), se llevó la Vuelta de Santa Fe, el 23 de marzo, y la VIII de Córdoba, el 20 de julio. En todas se impuso con el Torino particular, que competía mano a mano con el equipo oficial de esa marca, dirigido por Oreste Berta e integrado por Gradassi, Copello y Ternengo.

Perkins fue también protagonista de la célebre misión argentina a las 84 horas de Nürburgring, en 1969. Piloteó el Torino N° 2, junto con Rodríguez Canedo y Jorge Cupeiro, en una performance que sorprendió a los especialistas europeos, a pesar de que sólo uno de los tres autos logró completar el recorrido. De aquella experiencia queda una de las anécdotas más jugosas de Juan Manuel Fangio. El Chueco era asesor de la delegación, y ante la prohibición de darles indicaciones a los pilotos, lo hizo cambiándole la letra a un tango mientras Perkins esperaba que reacondicionaran su Torino en una de las paradas.

Símbolo de Torino. A toda velocidad con el auto N° 45 en el Gran Premio 10° Aniversario ACTC, el 30 de agosto de 1970 (izquierda), y con la indumentaria de piloto, el rostro sereno y concentrado (derecha)

Recuerdos. Los tres Torino en Nürburgring, en la gesta de 1969 (izquierda); la última aparición pública, hace dos meses, en el Museo Fangio, con directivos de YPF y un regalo especial: la Liebre III (centro), y en el campo, su otra pasión (derecha)

A los 78 años falleció, en Juan Bautista Alberdi, Gastón Perkins, una de las figuras emblemáticas del automovilismo argentino. Sus restos eran velados anoche en su casa de esa ciudad de la provincia de Buenos Aires (Av. Hipólito Irigoyen 225) y serán inhumados hoy, a las 15, en el cementerio de Chacabuco.

Como muchos de los hombres que fortalecieron la base del automovilismo deportivo en nuestro país, Gastón Perkins dio sus primeros pasos en el campo. En la ruta 7, cerca de Alberdi (partido de Vedia) y a sólo 250 km de la ciudad de Buenos Aires, la estancia familiar La Veintinueve vio crecer a uno de los 10 hijos de Carlos Perkins. El mismo año de la desaparición de su padre, en 1952, Gastón debutó en el automovilismo. Fue el 20 de julio con un Chevrolet 4 en la 1era Vuelta del Oeste, en Junín. Ganó Eusebio Marcilla y con su 10° lugar le dio la primera gran satisfacción a su pueblo, que comenzó a seguir de cerca las actuaciones de ese flaco alto. En total, lograría cinco triunfos en el TC, 15 en el Turismo y dos en los Sport Prototipo.

Llegaron los éxitos en el Gran Premio de Turismo de 1960 y 1961, el primero con un Alfa Romeo Julieta del equipo de Vianini, y al año siguiente con un Borward. En esas competencias fue construyendo la imagen de piloto especialista en grandes distancias, algo que Gastón atribuía a su crianza en el campo y a su costumbre de moverse en grandes extensiones.

En 1961 se casó con Ivonne, y a su regreso de la luna de miel en Europa comenzó a escribir otra etapa especial de su carrera, a bordo de los Gordini. El modelo francés, que continuó construyéndose en el país, le dio tres victorias consecutivas en el Gran Premio Internacional: 1963, 1964 y 1965.

Entre 1968 y 1969 se repartieron sus triunfos en el Turismo Carretera: las primeras tres en el Autódromo de Buenos Aires: el 5 de mayo de 1968, en los 503 km; tres semanas más tarde, en los 649 km, alternándose en el volante con Federico Gregorio Urruti, y el 23 de junio, en otros 408 km. Al año siguiente, el de su único título en el TC (conducía el Liebre III Tornado del equipo Donati), se llevó la Vuelta de Santa Fe, el 23 de marzo, y la VIII de Córdoba, el 20 de julio. En todas se impuso con el Torino particular, que competía mano a mano con el equipo oficial de esa marca, dirigido por Oreste Berta e integrado por Gradassi, Copello y Ternengo.

Perkins fue también protagonista de la célebre misión argentina a las 84 horas de Nürburgring, en 1969. Piloteó el Torino N° 2, junto con Rodríguez Canedo y Jorge Cupeiro, en una performance que sorprendió a los especialistas europeos, a pesar de que sólo uno de los tres autos logró completar el recorrido. De aquella experiencia queda una de las anécdotas más jugosas de Juan Manuel Fangio. El Chueco era asesor de la delegación, y ante la prohibición de darles indicaciones a los pilotos, lo hizo cambiándole la letra a un tango mientras Perkins esperaba que reacondicionaran su Torino en una de las paradas.

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