El romance está de gira

Desde México, La Nación anticipa cómo serán los shows de Luis Miguel en Buenos Aires, del 14 al 16 del actual
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1 de noviembre de 1997  

MEXICO, D. F.- Las 10.000 butacas del Auditorio Nacional de México parecen imposibles de llenar después de diez conciertos a pleno. Pero como un desafío, incluso contra sí mismo, Luis Miguel está dispuesto a hacerlo once, doce y hasta diecisiete veces. Así, no sólo batirá su propio récord en su país adoptivo, sino el de todas las estrellas que se han presentado en el gigantesco auditorio de la capital azteca. Y sobre todo el récord de sus seguidoras, que ponen en juego sus gargantas para llenar de gritos la noche en cada una de las presentaciones locales del "Tour Romances".

Evidentemente Luis Miguel sabe cómo lograr semejante efecto. No hace falta que les hable, ni que coquetee con ellas. Ni siquiera hace falta que mire, con complicidad seductora, a esa inmensa mayoría de mujeres que acuden a la cita cada jueves, viernes, sábado y domingo, desde el 9 de octubre hasta el 3 de noviembre.

Apenas hacen falta dos movimientos: un acusado movimiento de pelvis y, como un tic, el arreglo de su jopo, para que esas mujeres _adolescentes en su mayoría, pero también señoras y hasta abuelas_ muestren hasta dónde puede llegar el volumen de la pasión por un ídolo. Y llega lejos.

Una hora antes, miles de fanáticas pueblan la entrada del Auditorio Nacional, a la espera del onceavo recital. Del lado de la calle están las que, sin suerte, buscan a alguien arrepentido que les revenda una entrada que ya no se consigue (aún cuando las entradas para este concierto son las más caras de la historia del Auditorio de México, con respecto a un músico popular: cuestan un promedio de 78 dólares).

Del otro lado de la reja que separa el mundo de las agraciadas de las desdichadas, se preparan, vestidas y peinadas como para una fiesta, las que ya tienen su ticket en mano. Y mientras esperan la hora señalada, se entretienen con las ofertas de remeras, pósters, tazas, gorros, lapiceras, fotos, CD y cuanto objeto con la cara del cantante haya por ahí. Algo que evidentemente debe ser también un récord de ventas, a juzgar por el centenar de personas que se lleva algún recuerdo palpable de Luis Miguel. O del Rey, como lo llaman aquí, para que no queden dudas del lugar que ocupa en el estrecho podio de los cantantes populares.

La hora señalada

A las 19.30, cuando todavía falta media hora para el show, unas pocas personas se instalan en el inmenso auditorio, guiadas por más de cien de mujeres prolijamente uniformadas de rojo.

Pero a las 20, casi milagrosamente, todas están ubicadas en sus asientos, con sus respectivas varillas fosforescentes que, por la cantidad, parecen parte imprescindible de la escenografía del concierto.

Puntualmente, el auditorio queda a oscuras. Y como un acto reflejo, las gargantas que pueblan el auditorio se deshacen en un grito interminable. Luis Miguel todavía no se ve detrás del telón negro, que cubre el enorme escenario. Pero a los costados, en dos pantallas, ya aparecen sus fotos de cuando aún era niño.

De repente, las luces del escenario _muchas y potentes_ enceguecen la vista; el telón negro cae y, como una sombra, detrás de tres telas blancas y sobre una plataforma móvil aparece él, en vivo y en directo, rodeado por diez músicos y tres esculturales coristas, todos de estricto negro, como él.

Suenan "Que tú te vas", "Todo por tu amor" y "Tú y yo". Y ahora sí, las gargantas prueban que pueden llegar aún más alto que antes.

Sólo después del tercer tema, Luis Miguel se dirige a su público. "Se ha vuelto casi una costumbre ya venir aquí todas las noches. Ahora quiero que canten conmigo muchas canciones que ustedes hicieron famosas. Ojalá recuerden...", dice apenas, antes de lanzarse a repasar, uno tras otro y sin pausa, los temas de su disco "Luis Miguel 20 años".

Y no vuelve a dirigir la palabra en las dos horas de recital. De ahí en más, se suceden entonces, "Amante del amor", "Culpable o no", "Entregate" y "Tengo todo excepto a ti", entre otros hits, sin que medien más que algunos acordes de diferencia. Sin respiro, Luis Miguel se las ingenia para ir de atrás hacia adelante por su carrera musical. De lo viejo a lo nuevo; de los temas más conocidos a los más recientes y evidentemente conocidos también.

Todo cambia

Mientras tanto, en el escenario, las luces juegan y cambian de colores; las pantallas ilustran la música con los videos de cada tema, y él, como si estuviera frente a un espejo, ensaya sus mejores perfiles frente a las dos cámaras que siguen el recital para retratarlo en las pantallas de los costados.

En el tiempo exacto que dejan las últimas notas de "Incondicional", el escenario cambia de forma para recibir los temas de Armando Manzanero (que no fue invitado a ninguno de los recitales, según declaró el autor de los boleros al diario mexicano Reforma). Por detrás, aparecen 10 violinistas y Luis Miguel, ahora vestido con un jacket oscuro (ya sin su corbata amarilla), les regala "Contigo aprendí", "La gloria eres tu", "El reloj" y "Encadenados", en medio de un griterío infernal.

Pero todavía hay más cambios. En la escenografía de fondo se encienden estrellas y él, sentado en una banqueta, entona "Somos novios" para delirio de las fans que, por primera vez, reciben una mirada más directa de Luis Miguel. Y casi la única.

Quizá porque en su gira tendrá que conformar a distintos oídos, Luis Miguel tiene preparado un show para cada cultura (tanto que, según declaró al diario Reforma, tiene pensado dedicarle su propio álbum a las rancheras). Así que después de una hora de recital y un arduo repaso por su carrera, un bandoneonista se instala en el medio del escenario para incorporar otro ritmo a la noche.

Con una pareja enlazándose en pasos de tango, el Rey adopta ahora la pose gardeliana para cantar "El día que me quieras". Y no conforme con esa incursión, todavía agrega su propia versión de "Uno", sin demasiada repercusión entre el público. Y mucho menos entre los bailarines, que parecen realmente nuevos en la materia.

Pero en este tour hay de todo para todos, así que el ambiente vuelve a calentarse con el popular "No sé tú". Y por supuesto, con su nuevo hit "Por debajo de la mesa", que no sólo genera los gritos más fuertes de la noche, sino que también los arranca a todos de sus butacas. Lo mismo ocurre con "Nosotros" y con "Bésame", que las mujeres corean entusiasmadas.

Con el flash de las luces, los violinistas abandonan la escena. Luis Miguel desaparece por unos minutos y, como jugador local, aparece junto a trece mariachis, con su camisa negra desabotonada. El ritmo mexicano se apodera del ambiente con "La media vuelta", "Echame a mí la culpa" y "Mi ciudad".

Ya falta poco para el final. Y se siente en el Auditorio: "Sueña", el tema principal de la película "El jorobado de Notre Dame", y "Suave" marcan el primer final. Pero sólo el primer tramo del final de esta noche.

Del 2 x 4 a los mariachis

Luis Miguel, inagotable en su undécimo show, vuelve una vez más al escenario, con un nuevo atuendo _una camisa amarilla_ y algunas melodías más para las fanáticas que han asistido a todas sus citas. "Cómo es posible", "Será que no me amas" y "Cuando calienta el sol", en medio de un baile que sacude a todo el Auditorio, marcan los últimos minutos de una noche que parece interminable.

Miles de globos blancos y dorados caen del cielo para despedir, ahora sí definitivamente, al Rey. Y él, en un escenario tan mágico como el que marcó el principio, desaparece definitivamente detrás de una espesa cortina de humo.

Al menos hasta el día siguiente, cuando Luis Miguel vuelva a aparecer sobre el escenario, como un espejismo que viene a cumplir el sueño de una noche de sus incondicionales seguidoras.

Un chico que rompe récords

MEXICO, D. F.- Cuando Luis Miguel se presente en la Argentina, ya tendrá un récord en su haber. Es que la maratónica sesión de conciertos que está dando en el Auditorio Nacional de esta ciudad significarán una verdadera marca personal: con las 17 fechas (iba a presentarse doce veces, pero finalmente agregó cinco conciertos más) reunirá a 170 mil personas y romperá su propio récord de presentaciones y la de todos los espectáculos que se hicieron en ese miniestadio cubierto. Pero para superar todos los récords, Luis Miguel deberá sumar las 64 veces que se presentó en el auditorio desde 1991. Así, los espectadores llegarán a 603.242 y quedará primero en una lista que sigue con "Disney On Ice 1997", Juan Gabriel y David Copperfield.

Las entradas para Vélez, casi agotadas

MEXICO, D. F.- Con un plan más breve que en México, Luis Miguel se presentará en el porteño estadio de Vélez Sarsfield el 14, el 15 y el 16 del actual (esta última, en una función de gala a beneficio de Unicef de la Argentina).

El show, que mantendrá las 28 canciones del recital que la estrella brindó en esta capital y la misma escenografía, será grabado por once cámaras que reproducirán las imágenes en tres pantallas estratégicamente ubicadas.

Venta rápida

Evidentemente, sus seguidoras en la Argentina mantienen la misma fidelidad que las mexicanas: hasta la fecha ya se han vendido 100.000 entradas de las 110.000 que estaban disponibles para el show.

Las localidades que más rápido se vendieron son las del domingo 16, ya que como se trata de una función a beneficio de Unicef _con butacas ubicadas en el césped_, los lugares que quedan vacantes en el campo se ofrecieron a 20 pesos, diez menos que para las dos funciones anteriores.

Por el mundo

El intérprete mexicano comenzó su gira mundial el 12 de septiembre último en el Caesars Palace, de Las Vegas, un mes después de haber lanzado mundialmente su nuevo disco en el Rainbow Romm, de Nueva York.

Luego de sus fechas porteñas, lo esperan dos funciones en el interior del país: el 18 del actual actuará en el estadio de Rosario Central y el 20 lo hará en el estadio Chateau Carreras, de la ciudad de Córdoba.

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