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La UBA busca evitar una nueva toma

Ayer, la Facultad de Medicina cerró sus puertas como medida preventiva ante amenazas de la FUBA
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29 de abril de 2006  

La Universidad de Buenos Aires (UBA) transita los últimos días antes de su cuarto intento de asamblea, el martes próximo, a las 9, entre ánimos irritados, cruces de acusaciones e ironías, reuniones de última hora y un inédito operativo de organización, que excluye toda presencia policial.

Ayer, la Facultad de Medicina, donde está previsto realizar la asamblea que debe elegir al nuevo rector, cerró sus puertas y suspendió todas las actividades, como "medida preventiva y para organizar todo con comodidad".

"Perder un día de clase era el mal menor. Tenemos un gran número de personal no docente dedicado a los preparativos. Además, hay amenazas de las agrupaciones estudiantiles de izquierda de tomar el edificio", explicó a LA NACION el secretario general de la facultad, Efraín Benzaquén.

Según contó, hay 300 personas dedicadas a la preparación de la asamblea, que se realizará con ingreso limitado a los 236 asambleístas y sus suplentes, personal administrativo, invitados especiales -10 por facultad, el CBC y el Rectorado- y periodistas acreditados. En total, unas 700 personas.

Para dar soporte administrativo, técnico y hasta alimentario a todos, en Medicina había ayer gente dedicada a la limpieza, a poner las carteleras indicadoras y los vallados internos para que la gente no ingresara en cualquier espacio de la facultad, a instalar computadoras con Internet para los periodistas y líneas telefónicas adicionales.

También se ha establecido la contratación de un servicio de buffet, el alquiler de una pantalla gigante con sonido para instalar fuera del edificio y hasta un sistema alternativo de provisión de electricidad, porque creemos que la asamblea va a durar mucho, según describió Benzaquén.

Entrar o no entrar

Pero el punto que causa controversia es el ingreso en el edificio. En tres ocasiones en el último mes, los grupos de izquierda que conducen la FUBA tomaron el Colegio Nacional de Buenos Aires e impidieron la realización de la asamblea, a la que califican de antidemocrática. Ahora, ya anunciaron su voluntad de instalarse en las escalinatas de Medicina, sobre la calle Paraguay, el lunes por la noche.

Según se decidió en el Consejo Superior, el personal no docente de la facultad se ocupará de controlar las acreditaciones en el ingreso, pero no tendrá tareas de seguridad afuera.

Ya lo adelantó incluso Apuba, el gremio no docente, que en un comunicado afirmó que su personal no es "aparato represivo de nadie" y que cumplirá con su rol natural: organización administrativa y seguridad, para garantizar la preservación de los bienes de la facultad.

Según se dijo en la facultad, la idea es instalar un vallado preventivo en las escalinatas y si, se produce algún disturbio, cerrar las puertas "hasta que haya un mínimo de estabilidad".

El conflicto subyacente es, claro, político. La Facultad de Medicina no es precisamente terreno neutral. Sus autoridades, encabezadas por el decano Alfredo Buzzi, y la mayoría de sus consejeros directivos, forman parte del grupo que apoya la candidatura del decano de Derecho, Atilio Alterini, desde el que repetidamente se ha acusado al rector, Guillermo Jaim Etcheverry, de ser "cómplice de la FUBA para que no se haga la asamblea".

"Creemos que el rector no tiene voluntad de que se sesione; así que ante cualquier disturbio mínimo, seguro la va a suspender", especulaban ayer en el grupo, desde el cual circuló la adhesión de 147 asambleístas.

Ayer, Buzzi y Jaim Etcheverry intercambiaron cartas que se hicieron públicas, en las que los modos respetuosos fueron sólo de superficie.

En un tono inusualmente duro, Jaim Etcheverry expresó al decano su preocupación por la "activa participación de autoridades de la facultad en el intolerable clima de beligerancia". Se refería a los estudiantes de la agrupación QRS, que conduce el centro de estudiantes, y que en la última reunión de Consejo Superior se presentaron con carteles en los que pedían su renuncia. Buzzi respondió que no le consta que autoridades de la facultad hayan participado en dichos actos.

Además, Jaim pidió "instruir fehacientemente" a las personas que se encargarán del control de ingreso "acerca de la necesidad de abstenerse de recurrir a cualquier acto de violencia para responder a una eventual provocación". También se manifestó preocupado por la eventual presencia, entre ese personal, de integrantes o ex integrantes de fuerzas policiales que trabajan en la facultad. Incluso advirtió: "De mantenerse amenazas y comportamientos que acentúen el peligro latente de enfrentamientos violentos, lamentablemente deberé concluir que no están dadas las condiciones [para la asamblea]".

En su respuesta, Buzzi aclaró que el servicio de policía adicional no tendrá intervención y señaló que ese personal trabaja allí desde el decanato de Jaim Etcheverry, entre 1986 y 1990. En el mismo tono, invitó al rector a concurrir a la facultad para observar los preparativos.

En tanto, circulan ideas, al menos, originales: que el martes todos los asambleístas se reúnan en la Plaza Houssay y avancen juntos hacia la facultad, con el rector a la cabeza; que el rector pase la noche en el decanato y hasta, dicho con una sonrisa, "que llegue en helicóptero".

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