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Vida rural en las extensas tierras del Sur

Monte Dinero, Monte León y Güer Aike, tres estancias típicas de la Patagonia, abren las tranqueras para pescar truchas, pasear entre ovejas y descansar en confortables cascos
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7 de mayo de 2006  

RIO GALLEGOS.- Lejana y misteriosa, la Patagonia austral es una invitación a la aventura. Plena de historias de valerosos navegantes, piratas y bucaneros que se atrevieron a enfrentar los huracanados vientos del Estrecho de Magallanes, en sus confines se encuentran hoy importantes establecimientos de los pioneros que se asentaron en la región para emprender inolvidables recorridos.

Llegar a Cabo Vírgenes, balcón para asomarse al Estrecho de Magallanes, es una experiencia recomendable. Para eso habrá que recorrer 125 kilómetros desde Río Gallegos por la ruta 3. A 30 km de la capital de Santa Cruz aparece Güer Aike, tradicional estancia patagónica, que cuenta en el importante complejo con el lodge Truchaike, confortable cottage trasladado desde Inglaterra y armado aquí, rodeado de un parque, con cinco habitaciones dobles donde reciben a los amantes de la pesca de la brown trout, llegados desde distintas partes del mundo en busca de esta preciada variedad.

El camino se sumerge en los amplios horizontes de la estepa patagónica, salpicada de tanto en tanto por estaciones gasíferas y cigüeñas bombeando incansablemente para la extracción de petróleo. Un cartel anuncia la entrada a los dominios de El Cóndor, parte de las grandes extensiones de tierra pertenecientes al grupo Benetton, uno de los mayores productores de lana virgen del mundo, que acompañarán durante casi todo el trayecto al viajero hasta llegar a Monte Dinero, la estancia más austral de Santa Cruz.

Su nombre se asocia con su pasado ligado a las arenas auríferas que lo rodean, lo que a mediados del siglo XIX desató la fiebre del oro, poblando el lugar de aventureros buscadores del preciado metal.

De buena lana

Muy distintos fueron los motivos que llevaron, en 1885, al inglés Thomas Fenton y luego a su hermano Arthur, destacado médico cirujano de Dublín, a asentarse en la zona. Allí levantaron la estancia Monte Dinero para la cría de ovejas. Sus descendientes, instalados hoy en diferentes casas dentro del establecimiento ganadero, siguen aún dedicados a la producción de lana y reciben visitantes en la encantadora construcción hotel, con el particular estilo patagónico, equipada a todo confort.

Silvina y Maru, las dos jóvenes anfitrionas del lugar, importadas de Merlo, provincia de Buenos Aires, son las encargadas de recibir y atender a los viajeros que llegan de nuestro país y el exterior. Las instalaciones cuentan con seis confortables habitaciones con baño privado, un living con bar, comedor donde degustar una sabrosa cocina casera, salón con mesa de pool y hasta un pequeño museo donde sumergirse en la historia de la familia en emocionantes recuerdos.

Las chimeneas que decoran casi todos los ambientes cuentan su propia historia, ya que fueron rescatadas de los restos de barcos de los incontables naufragios que produjo el indómito estrecho. La calidez de la casa se complementa con las puertas finamente pintadas hace años por alguna Mrs. Fenton con motivos florales, seguramente para paliar los largos días australes.

La estancia ofrece varias actividades, como participar de las labores de cría, inseminación y esquila de las ovejas de raza corino, un ejemplar doble propósito, (lana y carne), que produce una lana muy sutil, ideal para fabricar refinadas prendas, y hasta una delicada y preciada lingerie.

Los paseos permiten recorrer las inmediaciones de la estancia y sus varios edificios, el importante invernadero, la gamela donde viven los trabajadores del lugar y una caminata hasta la cima del monte Dinero, desde donde tener una amplia visión del complejo ovino, que desde allí se asemeja a un poblado salpicado de techos verdes.

Pero sin duda el más excitante es una excursión hasta Cabo Vírgenes. En imprescindible 4x4 se llega hasta el faro que marca la punta más austral del confín continental de nuestro territorio, lo que produce una particular emoción.

Allí, sobre las extensas costas del estrecho de Magallanes se encuentra una reserva ecológica, la segunda pingüinera más grande de América latina, que entre septiembre y fines de abril llega a albergar una población de hasta 120.000 ejemplares de pingüinos magallánicos. Junto al faro, la familia Fenton ha levantado la confitería Al Fin y al Cabo, una construcción de madera en forma hexagonal, donde desde sus ventanas se puede disfrutar de impagables vistas al estrecho, mientras se degustan las delicias caseras de la estancia. Cuentan que una cena allí, en noche de luna llena, es el broche de oro de un viaje para no olvidar.

Monte León

Es el más joven de los parques nacionales y el primero sobre la costa atlántica. Para llegar a él hay que recorrer 210 km desde Río Gallegos por la ruta 3, que atraviesa la estepa patagónica en un solitario recorrido sólo interrumpido por Lemarchand, un parador con restaurante, levantado por Elena Davidson y Colin Jamieson, y manejado por los jóvenes integrantes de la familia.

Sorprende en esas soledades la cuidada arquitectura de típico estilo patagónico con florido jardín en el frente y detalles de buen gusto, visibles en la moderna decoración y el confort de las habitaciones, que se complementa con la buena gastronomía que ofrece el sitio, donde se puede adquirir además los mejores productos de la región.

De nuevo en la ruta, unos kilómetros más adelante un cartel señala la entrada al parque. Luego de hacer 15 km se divisa la silueta del león echado, como esculpido sobre una barda que da nombre al lugar, una reserva de más de 62.000 hectáreas y 30 km de costas. El área, de imponente belleza, alberga una gran diversidad de fauna patagónica y una importante colonia de pingüinos magallánicos en un entorno de acantilados, islas, roqueríos, restingas y curiosas formaciones que se descubren con la baja mar, como la espectacular gruta donde es posible llegar caminando y sorprenderse con los claros y sombras que la luz crea al filtrarse por un orificio de su gran bóveda.

Nada mejor para disfrutar a pleno de todos los sitios que brinda Monte León que alojarse en la cercana estancia del mismo nombre, un antiguo y reconocido establecimiento ganadero de la región, con una bella y confortable casa principal que la familia Braun levantó en 1905. En la sencilla elegancia de los ambientes con fotos y recuerdos familiares, chimeneas y hasta un piano se disfruta de la placidez del lugar, especialmente desde la amplia y luminosa galería cerrada al frente, con cómodos sillones que invitan al descanso y la lectura.

Juan Keriger y Silvia Braun son los anfitriones ideales para pasar unos perfectos días de campo combinados con paseos y las excelentes recetas caseras que salen de su cocina, mantenida impecable con los muebles originales de la estancia.

Al igual que en el cercano pueblo de Comandante Piedra Buena, desde aquí se emprenden excursiones de pesca de la trucha steelhead, una variedad de importante porte, que sólo se la puede encontrar en esta región y en algunos lugares de Canadá, Alaska y Rusia.

Truchas especiales

A unos 24 km de la estancia Monte León está la localidad Piedra Buena sobre la margen norte del río Santa Cruz y muy cerca del mar. El encantador pueblo que cuenta con una hostería con buena comida ofrece varios atractivos, entre ellos la isla Pavón. Pero lo más interesante es la pesca de la trucha steelhead, variedad muy apreciada y que en nuestro país sólo vive en esta zona. Popularmente denominada sea-run rainbow, este espécimen nace en agua dulce donde permanece dos años, y luego vuelve al mar donde se desarrolla.

Datos útiles

Estancia Monte Dinero

(02966) 42 6900, turismo@montedinero.com.ar www.montedinero.com.ar

Estancia Monte Leon

A621 4780 -154 4559 5595, monteleon@monteleon-patagonia.com www.monteleon-patagonia.com

Truchaike

4394 3486, info@patagoniatroutbanks.com.ar www.patagoniatroutbanks.com.ar

Más información

Casa de Santa Cruz, 25 de Mayo 279. Telefax, 43438478/43427756 www.scruz.gov.ar/turismo

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