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Se decidieron a convivir con la gloria

Excepcional triunfo de los Pumas frente a los Wallabies: 18 a 16
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9 de noviembre de 1997  

En el infierno de Caballito, donde los 35 grados de sensación térmica se potenciaron hasta destrozar los termómetros de la emoción, los Pumas alcanzaron el cielo con una victoria épica por dónde se la mire, increíble según los parámetros que rigen el rugby superprofesionalizado de hoy, pero no tan ilógica si se enfoca exclusivamente a lo que ocurrió en los 80 minutos del segundo test.

Quedará para otro momento un análisis más reflexivo sobre lo que ocurrió ayer, en Ferro. Se impone un directo viaje hacia las vibrantes circunstancias que generaron la mayor hazaña de la última década para un seleccionado argentino que, en una jornada de gloria, se despojó de su investidura de ganador moral para lucir la desusada pilcha de triunfador real (por 18 a 16).

Pisando fuerte

Fue fundamental no dar ventajas de entrada, no tomarse esos minutitos de estudio, de ver qué pasa (una actitud timorata que, generalmente, se paga con puntos en contra). Y para que los Pumas asumieran decididamente la iniciativa resultó determinante la flojas salidas de Knox o de Larkham, que posibilitaron la posesión de pelota argentina.

A los 5 minutos, el equipo nacional se imponía por 8 a 0; un penal de Giannantonio y un try del vivísimo Pichot marcaron la distancia inicial. ¿De dónde provino ese try del medio scrum? De una jugada preparada desde el line, paradójicamente la formación más deficitaria de los Pumas en el primer choque. Se trabajó en la semana para mejorar y se lograron resultados: el salto sorpresivo de Ruiz, la potencia de Reggiardo, la continuidad de Ledesma y la llegada oportunísima de Pichot para apoyar.

La primavera de los argentinos duró diez minutos, porque los Wallabies reaccionaron, se metieron empecinadamente en campo ajeno y no regresaron a su territorio sin antes marcar: try de Owen Finegan (el mejor de una tercera línea que no anduvo en toda la serie), gracias al empuje del maul.

El partido se transformaba en un ida y vuelta constante, con mejor imagen de Australia, que enarbolaba un superior control de pelota y alejaba el juego de las formaciones, pues la experiencia de hace una semana los obligaba a evitar el frontón que entonces constituyeron Arbizu, Martin, Turnes y Simone.

Con el tanteador igualado en ocho (Knox sumó un penal), surgió en su esplendor la escamoteada velocidad del ligerito Ben Tune, que se le fue a Martin y se hizo inalcanzable para el cierre de Jurado: los Wallabies 13-8 arriba.

Fue, acaso, el peor momento argentino. Pero los Pumas salieron de esa situación golpeando, de inmediato, con dureza. Penal a favor cerca del in-goal visitante, no patearon a los palos y la ambición tuvo la máxima recompensa del try de Martin, que recogió la pelota luego de una vigorosa arremetida de Roberto Grau (la Argentina en ventaja por 15 a 13).

Esa mínima diferencia se mantuvo durante más de 20 minutos en la segunda etapa. Había insinuaciones, mucho amague y poca efectividad. Los Pumas seguían tackleando como endemoniados y, cuando podían, se lanzaban con atrevimiento. El premio del triunfo estaba para cualquiera que acertara.

El cordobés Giannantonio agregó un penal casi bajo los palos (18-13), pero a diez minutos del telón Knox dejó el marcador 18-16 todavía para el equipo que dirigen Imhoff y Wyllie.

A sufrir, entonces. Con Australia, que avanzaba con los restos de una energía totalmente minada. Se jugaba a puro corazón, porque casi no había reservas físicas (en realidad, los Pumas parecían más enteros; sí, leyó bien...).

La pegaron los entrenadores nacionales con la inclusión de Hasán por Reggiardo. El pilar tucumano cometió knock-on en su primera pelota, pero enseguida justificó plenamente su ingreso con su fortaleza fresca para un scrum que lo necesitaba, y mucho.

Y de una pelota recuperada en defensa se escaparon los Pumas por el sector izquierdo, donde sobró Jurado, quien necesitó tres tackles rivales (Eales, Gregan y Roff) para voltearlo a un par de metros del try. Varios scrum y penales por derrumbe de una primera línea australiana que se derretía en cada formación.

De la agonía al éxtasis

Fueron, seguramente, los siete minutos (los dos que restaban y los cinco de descuento que otorgó el irlandés Mc Hughe) más largos de la historia del rugby argentino. El referee no quiso castigar a los Wallabies con un try-penal por sus permanentes desmoronamientos y, para colmo, les otorgó la posibilidad de salir del asedio con un free-kick.

Australia se venía; los Pumas tackleaban con los brazos, los hombros y, sobre todo, con el alma. El público imploraba el final de pie, imposibilitado de seguir ese thriller sentado. Hasta que en la imaginación de Mc Hughe hubo una infracción australiana y allí dijo basta...

El éxtasis de los Pumas, la comunión con la gente, los viejos ritos desempolvados. Y la pregunta que, por estas horas, se siguen haciendo los dignísimos australianos: ¿Dónde están los Pumas que se comieron 90 puntos ante los All Blacks? Perdón, pero en esta jornada de epopeya no hay respuestas para ciertos interrogantes. Hoy, los Pumas tienen todo el derecho de empalagarse con los almíbares de la hazaña, como buenos y merecidos gourmets.

Quedarán en la memoria de todos

Llegó a la hora más soñada. Esa que se postergó, por uno u otro motivo, en varias oportunidades; a veces, injustamente. El 8 de noviembre quedará remarcado en la memoria. En la historia del rugby argentino. Fue un día inolvidable. Los Pumas buscaron tanto este momento, y por fin -alegría por ellos, casi exclusivamente- obtuvieron la victoria que necesitaban. Tan merecida.

La gloria es digna para la despedida de este ´97 especial, en el que por momentos -la gira por Nueva Zelanda pegó duro- se llegó a dudar de la fortaleza espiritual de este seleccionado. Por eso, vale reconocer la equivocación, aunque pueda parecer oportunista.

Ayer los Pumas resurgieron, íntegros, y es lo que se celebra. En grupo el desafío es compartido, pero individualmente las historias son distintas. Arbizu y Sporleder, protagonistas desde 1990, vivieron muchísimos castigos y haber vencido a los Wallabies es un bálsamo. El cordobés Alejandro Allub, seguramente, jamás habrá imaginado un debut como éste. Así como Fabián Turnes se habrá entusiasmado en su exilio con un regreso espectacular. Miguel Ruiz apareció en el viaje por la tierra de los All Blacks y después de esa ingrata experiencia viene bárbaro esta reivindicación. Estos son unos pocos nombres, casos aislados, de un equipo que demostró que maduró.

Se acabaron los pequeños pasitos. Ahora se dio un salto importante -en el futuro, y con calma, se podrán medir con mejor precisión los alcances- en el impiadoso proceso de crecimiento iniciado hace un tiempo largo.

Un final de alto voltaje

En el epílogo las imágenes eran elocuentes. Revivirlas ayuda a comprender la magnitud de un triunfo trascendental. Vital, renovador. Ver desparramados a los australianos -considerados como uno de los monarcas de este deporte- en el campo de Ferro, con el alma destrozada, rendidos ante sus domadores, fue un claro síntoma de lo sucedido. Una especie de reconocimiento.

La contracara: los argentinos, exultantes, bendecidos con el tributo de 22.000 fieles, que acompañaron con aplausos y un aliento ensordecedor la conmovedora vuelta olímpica. Nadie pudo, ni quiso, controlar sus sentimientos. Todos vibraron y se emocionaron sin inhibiciones. Hasta Luis Gradin, presidente de la UAR, dejó escapar algunas lágrimas.

Durante esos cinco últimos minutos infartantes, en la platea principal las pulsaciones alcanzaron los mismos niveles que deberían tener los jugadores. En un sector, Pipo Méndez y Pochola Silva, sufriendo parados y suplicando por el silbato de la libertad. El Ruso Sanz, que iba y venía de un lado para el otro, más loco que nunca. Hugo Porta, sin perder la compostura, se tomaba la cabeza y respiraba profundo. A su lado, Hugo Tozzi y Gradin, inquietos buscaban un poco de calma por donde no había... Varias generaciones de Pumas; las mismas sensaciones...

El adiós al barrio de Caballito se demoró. Los festejos resonaron por un buen rato. Y las exclamaciones abundaron. "¡Como en las viejas épocas!", le deslizó una persona, con la voz a punto de apagarse, a su amigo, mientras descendían de la tribuna. Así se sintió este éxito. Así se gozó...

Voces cargadas de emoción

Después de la resonante victoria, el plantel argentino rescató las claves que provocaron esta enorme alegría

Tras el festejo con la gente, los jugadores y los entrenadores expresaron todo el esfuerzo que hicieron en los últimos tiempos y que se reflejó en el notable triunfo frente a Australia.

José Luis Imhoff, por ejemplo, destacó:"este fue un triunfo de esos partidos que normalmente se pierden.Rescato que en este tiempo de trabajo el equipo logró una línea de juego".

El neocelandés, Alex Willye, señaló:"para mi es lo mismo derrotar a Francia que a Australia. Lo más importante fue la actitud y concentración que mantuvieron en todo el encuentro".

Estas fueran algunas de las impresiones de los protagonistas al final del partido.

Pedro Sporleder: "Nos debíamos un triunfo así. Esta actuación se empezó a forjar con la gira por Nueva Zelanda. Nos dimos cuenta de nuestras limitaciones y comprendimos que si no mejorábamos en la parte física no podíamos competir con las potencias." Agustín Pichot: "Este fue mi primer triunfo importante con la camiseta argentina. En la semana, nos dimos cuenta que los podíamos derrotar, y rescato la actitud que tuvimos en todo el partido".

Rolando Martin: "Creo que fue el triunfo más importante desde que estoy en los Pumas. Lo que más rescato es que jugamos al límite de nuestras posibilidades. Lo importante para este grupo era ganar y lo hicimos".

Pablo Camerlinckx: "Este éxito fue muy importante para nosotros, pero no debemos quedarnos sólo en esto. Debemos seguir creciendo y el objetivo debe ser llegar al mundial".

Diego Albanese: "La semana pasada los respetamos demasiado, salimos a ver con qué nos encontrábamos. Esta vez, tratamos de presionarlos y tacklearlos en todos los sectores de la cancha, y nos salió bastante bien. Si bien esperábamos más de Australia, creo que ellos no se imaginaban tanto de nosotros". Lisandro Arbizu: "En la medida que crezcamos dirigentes, jugadores y cuerpo técnico, estas alegrías se van a dar más seguido. La diferencia que tuvimos con partidos anteriores fueron las ganas que pusimos para ganar".

Fabián Turnes: "Después de tanto tiempo de no estar en el país, el sólo hecho de volver a vestir la camiseta de los Pumas, fue un honor para mí.Esta victoria va a consolidar más al grupo".

Eduardo Simone: "El orden, el control del juego, la garra y las ganas de ganar fueron las bases del triunfo. El balance de este año fue positivo, porque nos dimos el gusto de ganarle a Inglaterra y Australia".

Rod Mcqueen, entrenador del seleccionado australiano

Sin excusas. En el análisis de la derrota, Rod Macqueen, no puso excusas en aceptar que sus dirigidos no estuvieron a la altura de lo esperado y así definió la actuación de su equipo:"Tuvimos muchas oportunidades para ganar, pero cometimos demasiados errores. Sabíamos que la gira iba a ser dura, pero nunca imaginé que íbamos a jugar tan mal.

"Los Pumas -continuó- jugaron mejor que en el primer test-match, pero nosotros fuimos los responsables porque fallamos en el estilo de juego y en las individualidades".

Cuando se le preguntó si se sentía mal porque un equipo super profesional como el suyo había perdido contra uno amateur, respondió:"no coincido, porque los Pumas tiene varios jugadores que actúan en equipos del exterior. Sin embargo -agregó-, como profesionales no nos vamos conformes con lo realizado".

Una fiesta completa

En el palco de honor sobresalió la presencia de Hugo Porta, a quien se lo vio emocionado por la victoria de los Pumas. Al finalizar el partido y luego de los abrazos con viejos amigos comentó: "Hoy quedó reflejado que se puede vivir una fiesta deportiva sin violencia. El rugby demostró el rumbo que deben seguir las demás disciplinas, en cuanto a espectáculos deportivos se refiere".

* * *

Previo al match entre Los Pumas y Australia se disputaron dos encuentros. En el primero el seleccionado argentino de menores de 18 años venció a Chile por 67 a 6. El otro, más curioso, fue protagonizado por mujeres: jugaron el combinado Ward-Sitas frente a otro denominado Las Brest (utilizaron la camiseta de Hindú), en la modalidad de ten-a-side.

* * *

Uno de los extranjeros que estuvo observando el partido fue Federico Méndez. El hooker del Bath, de Inglaterra, continúa recuperándose de una fractura en la quinta vértebra de su espalda que lo mantendrá inactivo durante tres semanas. Mendez viajaba hoy a Mendoza, donde permanecerá hasta el 20 de este mes, para luego volver a Inglaterra.

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