Barile se expresa con su flauta

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12 de mayo de 2006  

Concierto de la Sinfonía Baires, dirigida por Andrés Tolcachir. Solista: Claudio Barile, flauta. Programa dedicado a Mozart: Obertura de "El empresario teatral"; Concierto para flauta Nº 2, K.314 y Sinfonía Nº 40, K.550. Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino. Teatro Gran Rex.

Nuestra opinión: muy bueno

El panorama del mediodía porteño, a pocas cuadras del Obelisco, es distinto si el día es miércoles. Es que exactamente en la mitad de la semana laboral, según una costumbre instalada hace muchísimos años, al paisaje habitual hay que sumarle la visión de una verdadera multitud que se acerca hasta el Gran Rex para observar el concierto que, con entrada libre y gratuita, organiza el Mozarteum Argentino desde hace varias décadas. Podría afirmarse que los célebres Conciertos del Mediodía son una propuesta ideal para que los porteños puedan encontrar la mejor solución para romper la rutina, para recomponer fuerzas o, sencillamente, para satisfacer las más íntimas necesidades de buena música. El último miércoles, en buena hora, con la participación de la Sinfonía Baires, dirigida por Andrés Tolcachir, comenzó la 47» temporada de esta reconocida institución cultural y musical argentina.

Al principio, la presidenta del Mozarteum, Jeannette Arata de Erize, dio la bienvenida al público y agradeció a las empresas auspiciantes por el aporte para la realización del ciclo. El programa estuvo dedicado íntegramente a Mozart y, gracias a él, Andrés Tolcachir y la Sinfonía Baires, una orquesta juvenil de creación reciente, pudieron demostrar sus bondades y correcciones. Es de hacer notar que la orquesta sonó mucho más convincente y más atractiva en la obertura de "El empresario" que en la Sinfonía Nº 40. En la primera, primaron las exactitudes, los fraseos galantes y la muy buena afinación. En cambio, cuando otros instrumentos se sumaron para poder enfrentar a la más famosa de las sinfonías de Mozart, aquélla en la cual los contenidos dramáticos devenidos de la ópera se colaron casi de contrabando dentro del elegante mundo del clasicismo instrumental, se escurrieron algunas imperfecciones y desbalances que enturbiaron o empastaron algunos pasajes. De todos modos, es altamente estimulante observar una orquesta y un director, todos juveniles, exhibiendo buenas destrezas.

Pero la mención especial y todos los elogios hay que dispensárselos a Claudio Barile, sin lugar a dudas, uno de los músicos argentinos más notables de la actualidad, afirmación ésta que no debería aparecer como desmedida para quien, en cada presentación, alcanza, inevitable y afortunadamente, niveles de excelencia. Su técnica es tan abrumadora que transmite una sensación de infalibilidad tranquilizadora. Barile es, esencialmente, un músico integral, un artista que se expresa a través de una flauta. Su secreto, que, en realidad, no es tal, estriba en la capacidad de elaborar y expresar pensamientos musicales utilizando un sinfín de recursos como toques, matices y colores de infinita y muy sutil variedad. La interpretación que realizó del segundo concierto para flauta de Mozart fue, sencillamente, exquisita, memorable, perfecta. Por lo demás, hay que destacar que, al día siguiente, en el Colón y con la Filarmónica de Buenos Aires, iba a interpretar el primero de ellos.

Fuera de programa, Tolcachir condujo a los muchachos y muchachas de la Sinfonía Baires en una muy poco conocida "Melodía en la menor", de Astor Piazzolla. Y después sí, del teatro salió la muchedumbre hacia la avenida Corrientes, seguramente con la placidez que confieren las dosis de buena música, tan apropiadas para poder continuar el día con el mejor ánimo.

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