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Discriminan a gays en la Aeronáutica

El hospital de la Fuerza Aérea echó a un médico y a un empleado administrativo que viven en pareja desde hace 17 años
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16 de noviembre de 1997  

Leonardo Pini trabajó casi 15 años para la Fuerza Aérea Argentina. Oscar Arcas hizo lo propio, aunque durante menos tiempo. Desde hace cuatro años no tienen empleo estable ni dinero y uno de ellos está gravemente enfermo sin la cobertura de una obra social. Sólo cargan con el amargo convencimiento de que deben sus males actuales a la discriminación, producto de su nunca ocultada relación homosexual.

Cansados de sufrir, se presentaron el miércoles último en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), dependiente del Ministerio del Interior. Contaron su historia y consiguieron el apoyo incondicional del organismo, que determinó que la Fuerza Aérea los discriminó por su inclinación sexual.

Pini dejó de percibir el salario que le correspondía como médico de guardia del hospital Aeronáutico en 1993. Le dijeron que había pasado a disponibilidad, pero nunca lo notificaron. Para esa fecha ya estaba delicado de la insuficiencia renal que hoy, a los 46 años, lo tiene luchando mano a mano contra la muerte.

"Me juraron que era un error y seguí yendo, hasta que un día me prohibieron la entrada. Sólo cuando envié la carta documento en la que me consideraba despedido me respondieron por escrito que había pasado a disponibilidad", relata con un hilo de voz, sentado en un sillón de la casa de La Boca, donde convive con Arcas.

Le dieron, como argumento, un recorte presupuestario. Lo habían elegido a él: licenciado en administración de empresas y médico, con las mejores calificaciones y que, además, había contraído su enfermedad en 1986, cuando ya era empleado aeronáutico.

"Allí empezó mi calvario...", empieza a decir, pero el relato se interrumpe. Luce agitado. Se le llenan los ojos de lágrimas y atina a acariciar a su perra, Inés. Arcas toma la palabra. También tiene cosas para contar.

"Renuncia compulsiva"

Los protagonistas de esta historia se conocieron en 1980, el mismo año en que Pini ingresó como personal civil en la Fuerza Aérea. Cuatro años después hizo lo propio Arcas.

A él no lo echaron, pero asegura que lo obligaron a renunciar un año antes que a Pini, cuando trabajaba en la parte administrativa del edificio Cóndor.

"Regresaba de una licencia de dos años. Había estado grave por un tratamiento psiquiátrico. Una junta médica me revisó y decretó que ya podía reanudar mis tareas", explica.

Apenas recuperado, debía volver a trabajar a las órdenes de su último jefe: un brigadier que lo bastardeaba por su condición de homosexual y que fue el causante de muchas de las crisis nerviosas que sufrió durante varios años. "Pedí un cambio de destino y me dijeron: ÔSi no te gusta, renunciá´", señala este hombre de 42 años.

Nunca más consiguió otro empleo. "Cada vez que estuve a punto de lograrlo, pedían referencias. Imaginate lo que les dirán", indica, y le pasa una mano por detrás de los hombros a Pini, que tose y pide un vaso con agua.

La pérdida del puesto y el avance implacable de la enfermedad no alcanzaron para que Pini claudique. Consiguió otros trabajos, pero los perdió por sus preferencias sexuales.

Su último empleo, en una clínica privada, terminó trágicamente, en 1995. Tuvo una discusión porque no le pagaban y entro en una crisis nerviosa que derivó en un derrame cerebral. Se negaron a internarlo allí y Arcas, desesperado, lo llevó a un lugar conocido: el hospital Aeronáutico.

"Ingresó en terapia intensiva, pero un día después lo pasaron a una sala común -comenta Arcas. Uno de los jefes ordenó que no lo atendieran y que tampoco le dieran el alta. Querían que se muera. Logramos sacarlo esa noche mediante un hábeas corpus."

Rendirse, jamás

Yrecuerda cuando él fue internado en ese hospital, en 1990: "El psiquiatra creía que yo tenía tendencias suicidas. Me daba Rohypnol con otro medicamento llamado Insomnium -que estaba prohibido en todo el mundo- y me dejaba solo en una sala del séptimo piso con las ventanas abiertas".

Muestran pruebas de todo lo que denuncian, pero piden que no se publiquen nombres.

Hoy habitan una casa hipotecada. A Pini le diagnosticaron que su mal es crónico y sólo puede salvarse con un trasplante o un tratamiento de diálisis, si lo tolera.

Esa luz basta para que el doctor no se resigne. Espera que en el Ministerio de Defensa aprueben el recurso que presentó, en el que solicita ser restituido en el cargo -o que lo jubilen- y que le paguen los sueldos atrasados y una indemnización por daño moral.

"No pensamos rendirnos. Hasta ahora Dios nos mantuvo unidos. Por algo será", concluye Arcas.

Para el Gobierno, ellos tienen razón

"Estudiamos todos los antecedentes y no podemos dudar de que se trata de un caso aberrante de discriminación por tener una tendencia sexual diferente", indicó a La Nación Víctor Ramos, titular del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), en referencia a la denuncia que presentaron ante el organismo a su cargo Leonardo Pini y Oscar Arcas.

El funcionario, que depende directamente del ministro del Interior, Carlos Corach, informó que el miércoles último, poco después de recibir a los ex empleados de la Fuerza Aérea, remitió una carta al titular de la cartera de Defensa, Jorge Domínguez, en la que le recomienda aprobar el recurso jerárquico que presentaron ante ese ministerio.

"Ahora, la alternativa de Domínguez será corregir el error o avalar la discriminación", subrayó Ramos.

Pero la decisión del titular de Defensa deberá esperar, porque se encuentra en los Estados Unidos y pasará toda la semana fuera del país.

Según el titular del Inadi, Pini y Arcas serán asistidos jurídicamente por ese organismo en todas las diligencias que devengan de sus reclamos. "Los dos fueron discriminados, pero en el caso de Pini creo que, al menos, merece una indemnización y la restitución en su cargo, porque fue dañado física, moral y económicamente", afirmó Ramos.

Discriminar es delito

Bajo el lema "la discriminación es un delito", el Inadi tiene la obligación de "promover e impulsar, cuando existan suficientes evidencias, las acciones judiciales y administrativas pertinentes" contra las personas o grupos que asuman actitudes discriminatorias.

Funciona desde mediados de agosto último en el ámbito del Ministerio del Interior y fue creado por la ley 24.515 con el propósito de elaborar políticas nacionales y medidas concretas para combatir la discriminación de todo tipo.

El Gobierno encomendó al periodista Víctor Ramos la conducción del instituto. El funcionario es hijo del desaparecido ex embajador en México Jorge Abelardo Ramos, fundador del Frente de Izquierda Popular, una variante del nacionalismo de izquierda.

En relación a las personas que estuvieron involucradas en la historia de la pareja gay expulsada de la Fuerza Aérea, Ramos consideró que "habrá que investigar para determinar la responsabilidad de cada uno. Desde el director del hospital hasta el jefe de la fuerza".

Aumentan las denuncias

La principal función del Inadi es recibir y centralizar denuncias sobre conductas discriminatorias, xenofóbicas y racistas y llevar un registro de ellas.

Según los datos que maneja el organismo, las personas que se acercan a relatar sus experiencias están en aumento. Durante los tres meses de existencia han recibido alrededor de 2000 llamados. La mayoría refieren a discriminación en las discotecas.

Otra de las misiones que se le encomendaron al Inadi es constatar la existencia en el territorio argentino de personas que, durante la Segunda Guerra Mundial o con posterioridad a ella participaron en el exterminio de pueblos o en la muerte de personas de su raza, religión, nacionalidad u opinión política.

Con rango de secretario de Estado, Ramos debe impulsar "campañas educativas tendientes a la valoración del pluralismo social y cultural y a la eliminación de actitudes discriminatorias". La idea es promocionar la problemática de la discriminación mediante campañas de difusión.

Además, tiene la obligación de brindar un servicio de asesoramiento "integral y gratuito para personas o grupos discriminados o víctimas de la xenofobia o racismo".

Para ello se ha habilitado una línea telefónica (0800-69408), a la que se puede llamar en forma gratuita durante las 24 horas. También están disponibles el teléfono 334-2485 y el fax 343-9430.

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