Suscriptor digital

Rosi y el cine de la memoria

El laureado realizador italiano habló con La Nación de su película más reciente, "La última tregua", basada en un libro de Primo Levi, que se proyectará hoy por primera vez en el país en el Festival de Mar del Plata
(0)
16 de noviembre de 1997  

"Yo hice la película para demostrar que a pesar de todo, la vida triunfa sobre la muerte", dice, desde Roma, el realizador italiano Francesco Rosi, en diálogo telefónico con La Nación desde Italia.

El director de "Cristo se detuvo en Eboli", "Salvatore Giuliano" y "El caso Mattei", entre otros, se refiere esta vez a "La tregua", un film basado en el libro homónimo de Primo Levi y protagonizado por John Turturro.

En la película de Rosi -que se estrenará comercialmente en Buenos Aires el jueves 27 del actual con el título "La última tregua" y que se proyecta hoy, fuera de concurso, en el Festival de Cine de Mar del Plata-, John Turturro interpreta a ese Primo Levi que glorifica la vida por encima de todo.

Nacido en Turín en 1919 y graduado en química, Levi padecerá en su propio pellejo el campo de exterminio de Auschwitz. En su retorno a la vida, se convierte en un prestigioso escritor. Sin embargo, el horror de los campos nazis es un presente continuo que no admite olvido. "Aquel que ha sido torturado, permanece torturado. Aquel que ha padecido el tormento no volverá a sentirse en casa en el mundo. La abominación de la anulación jamás volverá a extinguirse", escribe en "Los hundidos y los salvados", publicado en 1986. Quizás allí resida la clave de su trágica decisión: Levi se suicida el 11 de abril de 1987, en Turín.

En "La tregua", publicada en 1963, el escritor narra la odisea del regreso. El relato comienza cuando el Ejército Rojo libera a los sobrevivientes de Auschwitz, entre los que se encontraba Levi y describe su experiencia de retorno a Italia.

La repatriación de ese puñado de italianos que salieron vivos del campo de exterminio fue un lento proceso. Implicó un largo viaje lleno de penurias por Polonia, Rusia, Ucrania, Rumania y Hungría antes de llegar a casa.

-¿Qué es exactamente lo que mantuvo vivo su entusiasmo por llevar ese libro al cine, durante tres décadas?

-Todos los directores de cine tenemos proyectos que mantenemos durante años. "La tregua" me impresionó mucho cuando fue publicado, en 1963. Lo mismo les sucedió a otros realizadores y productores. Pero no era fácil de llevar al cine. En 1986, tuve el deseo de releer ese libro de Levi. Era un momento en el que nadie hablaba del Holocausto en Europa. Parecía que el mundo lo había olvidado. La relectura de "La tregua" me hizo pensar que justamente por el hecho de que se había dejado de hablar del tema, como para quitarle su calidad de hecho histórico, había que llevar ese libro al cine.

-¿Por qué razón?

-El libro de Levi no tiene una historia verdadera, sino una cantidad de recuerdos, personajes y episodios. Sentí que convertir "La tregua" en película era un modo de no olvidar. Y de demostrar la capacidad que tiene un hombre de volver a la vida después de haber pasado el horror. Ese tema me resultaba estimulante.

-¿Conocía a Levi entonces?

-Conocía su obra, pero no a él personalmente. Lo llamé y hablamos por teléfono durante media hora. Entre nosotros surgió una inmediata comunicación de sensibilidades. A él lo alegró mi intención de llevar "La tregua" al cine porque le habían gustado mis films anteriores. Levi me confió el libro, pero una semana más tarde murió de la manera trágica que todos conocemos. Yo no tuve el coraje de pedirle a la familia los derechos del libro. Pasaron seis o siete meses. Entonces, su mujer y sus hijos me dieron los derechos porque dijeron que esa habría sido la voluntad de Primo Levi.

-¿Cómo se explica que quienes vivieron el horror de los campos de exterminio nazi y lograron salvarse no hayan decidido, en su gran mayoría, que un mundo capaz de generar esos monstruos no merecía ser vivido?

-El primer libro de Levi, "Si esto es un hombre", está planteado en el campo de exterminio de Auschwitz. Ese libro es exclusivamente el dolor y el horror de la muerte. El sufría el dolor, pero al mismo tiempo se ponía como observador de los hechos que vivía. En "La tregua", que Levi escribió dieciséis años después, el tema es otro: es la continuación de la vida después del horror. La salida de la cultura de la muerte que era la consecuencia de una ideología pervertida como lo es la ideología nazi. A lo largo de la historia siempre ha ocurrido la muerte de masas. Pero la exterminación científicamente decidida y realizada, nunca se había producido antes del Holocausto. La odisea del retorno implica la capacidad de volver a la vida. La posibilidad de entrar otra vez en la vida me parecía algo digno de ser representado en el cine.

-¿Por qué eligió a John Turturro para interpretar a Levi?

-Porque es un actor muy valiente. Y es un hombre muy sensible; tiene una mirada inocente. Y hoy día no es fácil encontrar en el cine un actor que reproduzca una mirada inocente. Eso es actualmente una rareza. Turturro tiene la capacidad de comunicar el drama y la tragedia, pero también la ironía. Eso para mí era importante porque una de las características de Levi como escritor era, justamente, la ironía. En "La tregua" está presente no sólo su capacidad de ironía, sino también la del grotesco. Yo me había dado cuenta al ver "Barton Fink", en Cannes en 1991, que John Turturro era un actor que estaba fuera de lo ordinario, moria del horror sobre la vida.

-¿Por qué Primo Levi, un hombre capaz de celebrar ese triunfo de la vida sobre la muerte, termina eligiendo voluntariamente la muerte.

-El suicidio es una cosa tan misteriosa que nadie puede comprenderla. Yo hablé con Levi una semana antes de que se suicidara. En aquel momento estaba contento; era un hombre feliz. Tenía buena disposición para imaginar algunas páginas del libro convertidas en película. Pero, al mismo tiempo, me dijo: "Usted me da una luz en un momento muy triste de mi existencia". Me contaron que padecía una depresión y eso no es algo simple.

-¿En qué medida cree que su suicidio, en 1987, tiene su causa en la experiencia del Holocausto?

-Todos los deportados que regresaron del horror no han querido ni siquiera hablar del tema durante largos años. No quisieron relatar ni un ápice de la experiencia que habían hecho. Hubo gente que tuvo la fuerza para hablar recién al cabo de veinte o treinta años. Antes no habían sido capaces de hacerlo. Esto significa que quien ha vivido semejante experiencia de horror, la lleva dentro de su alma, de su cuerpo y de su memoria durante toda la vida. Y para morir es suficiente un momento.

-En "Todos los torrentes van a la mar", el Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel -que siguió creyendo en Dios a pesar de haber padecido en Auschwitz- dice que para Primo Levi el problema de la fe se planteaba en estos términos: "O Dios es Dios, omnipotente pues, culpable de haber dejado actuar a los asesinos, o su poder es limitado y, en ese caso, no es Dios". ¿En cuál de las dos posturas se ubica usted?

-Yo estoy de acuerdo con la línea que está en la película: no se puede comprender cómo Dios ha permitido Auschwitz. Cada uno de nosotros tiene su relación con Dios. Yo no soy un fiel creyente, pero a mi manera soy religioso: tengo una religión de la vida. Personalmente, creo que la existencia de Auschwitz pone muchas dudas sobre Dios, al menos sobre Dios visto como lo ve la gente que tiene fe.

-Tanto en "La tregua" como en "Cristo se detuvo en Eboli" el pan, la comida y el agua son tratados como un símbolo de la celebración de la vida, a pesar de todo. ¿Por qué elige usted esos elementos tan simples de la vida cotidiana para expresar sentimientos e ideas tan díficiles de narrar cinematográficamente?

-Porque el cine es el arte de lo que se ve. A través de lo que se ve, el cine comunica una emoción que entra en la conciencia del espectador. Si a través de lo que se ve tenemos la capacidad de comunicar algo de verdadero, nada es difícil. Si en un fotograma hay un poco de verdad, algo de la verdad que encierran las cosas más sencillas de la vida, la comunicación se vuelve más simple y más directa.

-¿Qué reflexión le merece el pedido de disculpas del Papa respecto de la conducta de los católicos durante el Holocausto?

-La conclusión del simposio sobre el antijudaísmo cristiano fue que los cristianos que ceden al antisemitismo ofenden a Dios y a la Iglesia misma. Sobre esta base, el Papa podrá preparar para el año próximo el solemne pronunciamiento de mea culpa. Esto es lo que sabemos según la información de los diarios. Por lo tanto, no se puede decir que ya haya pedido el perdón.

-¿Cómo cree que operará ese pedido de perdón ante la irreversible realidad de la muerte de seis millones de seres humanos?

-No creo que sea suficiente pedir perdón para obtenerlo. No creo que los crímenes contra la humanidad se puedan perdonar. Pero es importante que quien lo ha cometido admita su culpa. Por esta razón he puesto en la película la imagen de un oficial alemán que se pone de rodillas delante de la estrella que lleva Levi en su uniforme. Algunos me han criticado diciendo que no es creíble que en aquella época un oficial alemán fuese capaz de ponerse de rodillas. Pero para mí es importante que quien ha cometido el crimen demuestre la admisión de su culpa.

La política desde la pantalla

Definido por los críticos de su país como "el más intelectual de los realizadores italianos", Francesco Rosi cumplió ayer 75 años. Nacido en Nápoles e ideológicamente vinculado con el socialismo, pero sin fidelidades partidarias ni inflexibilidades doctrinarias, Rosi nunca soslayó de sus films el compromiso político, aunque nunca cayó en la denuncia gratuita.

Cuando se le pregunta qué lugar hay actualmente para el cine político en Italia, Rosi responde: "Hoy, la crónica televisiva tiene la posibilidad de representar inmediatamente argumentos que en el cine requieren mucho tiempo de elaboración. Entonces, el cine político es más difícil ahora que cuando yo hice "Salvatore Giuliano", "El caso Mattei", "Tres hermanos", "Saqueo a la ciudad" y todas mis otras películas de contenido social y político".

Según Rosi, los films citados denunciaban hechos que no tenían detrás toda la información que hoy aporta la pantalla chica. Pero advierte: "Si bien la TV tiene la ventaja de representar inmediatamente, en la mayoría de los casos se queda en la crónica. Una película, en cambio, tiene la posibilidad de lograr la poesía y a través de ella volverse universal y resistir el paso del tiempo".

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?