Detalles de un festival diferente

Wagner, Piazzolla y Mozart conviven en esta edición que busca la apertura
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1 de junio de 2006  

BERGEN (Noruega).- A Bergen se puede venir, siempre con algún paraguas, ya que la lluvia acecha a la vuelta de cada esquina, para conocer la principal ciudad de la costa occidental de Noruega, para tener el mejor acceso a los fiordos, para deleitarse con paisajes de ensueño en los que se entremezclan la modernidad y el costumbrismo y, además, para asistir al festival musical mas importante de los países nórdicos. Pero a diferencia de otros acontecimientos similares que se desarrollan a lo largo del planeta, la dirección del Festival de Bergen tomó este año una decisión osada de apertura hacia otros horizontes y que, al parecer, ha sido sumamente acertada habida cuenta de la gran aceptación que está teniendo.

En 2006, el músico residente, aquel que atraviesa las dos semanas del festival ofreciendo conciertos prácticamente a diario, es Per Arne Glorvigen, un estupendo bandoneonista noruego, residente en París desde hace mas de una década, y que transita con la misma solvencia por los tangos de Troilo como por la composición contemporánea europea. Aunque también debe ser rescatado en su condición de generador de nuevos ámbitos de desarrollo musical.

Por lo tanto, en Bergen, este año conviven, en saludable y democrática armonía, "El oro del Rin", de Wagner, "María de Buenos Aires", de Piazzolla, los conciertos de cámara que toca el violinista Julius Rachlin, una alianza insólita de bandoneón y chelo barroco, las presentaciones de Gideon Kremer, una maratón Mozart, la Filarmónica de Oslo, la puesta teatral de Peer Gynt a cargo del catalán Calixto Bieito, siempre controversial, y un recital especial que ha traído hasta Bergen a Mauricio Kagel. Y todo aromatizado con cierto sabor de tango que proviene de cada una de las presentaciones de Glorvigen que, por lo observado, convoca multitudes. Por supuesto, para que la apuesta por la variedad y la amplitud de criterios pueda ser justificada y valorada debe ser sostenida a través de buenas performances y, a juzgar por lo que hasta ahora se ha podido observar, no hay nada que pueda empañar la excelencia. Como testimonio de esta afirmación, pueden ser recordados dos espectáculos absolutamente disímiles.

En la iglesia de María, tuvo lugar el encuentro del bandoneón de Glorvigen con el chelo barroco de Tormod Dalen, un músico que ha formado parte de algunos de los ensambles historicistas más notables de Europa, como son el Gabrielli Consort, Les talens Lyriques o Doulce Mémoire. A lo largo de una hora y media, aprovechando las capacidades melódicas de ambos instrumentos y una gran fantasía para elaborar contrapuntos, los músicos recrearon obras barrocas y tangos. Presentadas cada una de las piezas sucesivamente por uno y otro en un noruego impenetrable y misterioso, apenas se filtraron al entendimiento algunos fonemas tan internacionales como Bach, milonga, suite, Vivaldi, chacarera, Vivaldi o "Buenos Aires Hora Cero".

Al comienzo, Dalen arrancó con el preludio de la "Suite en Sol mayor", de Bach y sobre la literalidad puntual de las notas de la partitura, comenzó Glorvigen a aportar contrapuntos. El detalle es que sobre el barroco impecable del chelista, el bandoneón estuvo lejos de contribuir con algún sonido que pudiera asemejar a un órgano y el aroma tanguero de fraseos, toques, respiraciones y acentuaciones, con el inconfundible timbre del bandoneón, apareció sin generar ninguna disputa estilística, ninguna controversia. Todo lo contrario. Pasaron variaciones sobre bajos de ostinato, los cuatro movimientos de la Sonata en mi menor para chelo y bajo continuo, unidos y enlazados a través de clusters tan ajenos como atractivos, el Recercar en re menor para chelo solo, de Domenico Gabrielli, en una verdadera exhibición de interpretación barroca por parte de Dalen y algunos tangos hasta que llegaron al punto más alto de la presentación, la Suite Nº 4 para chelo solo, de Bach, transformada, por virtud de contrapuntos y aportes rítmicos en una obra de perfiles diferentes. La sucesión de movimientos, anunciada por Glorvigen, fue, luego del Preludio, Allemanda-Milonga, Courante-chacarera, Sarabanda-vals, Bourrée-Milonga y Giga-Malambo, con arreglos muy logrados y con un ajuste y balance irreprochables. Para los que piensen que semejante apuesta puede sonar a sacrilegio, vale la pena recordar que el acto profanador tuvo lugar, precisamente, en la iglesia más antigua y emblemática de Bergen.

Al día siguiente, en la Sala Grieg, fue el momento de la única presentación en el festival de la Filarmónica de Oslo, en la oportunidad con uno de los directores más notables de su generación, el coreano Myung-Whun Chung. El programa, "Exactamente Brahms", consistió en la interpretación de las sinfonías tercera y cuarta del compositor alemán. Chung dirigió la orquesta con una sobriedad y una precisión ideales y contó con la concentración y la absoluta entrega de los músicos. Tal vez como resumen de dos momentos particularmente sobresalientes, podrían ser mencionados el tercer movimiento de la Sinfonía Nº 3, cuando Chung, a pura sutileza, logró que la orquesta cantara con libertad y expresividad la celebérrima frase de rítmica asimétrica con la cual comienza, y el Scherzo de la cuarta, cuando imprimió una energía fenomenal y alcanzó niveles increíbles de intensidad sin perder ni la transparencia ni el control.

Todavía resta mucho por escuchar en este festival diferente. Por ejemplo, un concierto que tendrá lugar en el teatro Logen, que se llama "Glorvigen encuentra a Kagel" y en el cual participará, dirigido por el compositor, el renombrado ensamble MusikFabrik de Köln.

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