Música del dolor

Con disco nuevo, los integrantes de Callejeros cuentan por qué decidieron seguir y cómo viven a un año y medio de la tragedia de Cromagnon; ayer se complicó la situación legal del cantante
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2 de junio de 2006  

La charla de dos horas a solas con los seis integrantes del grupo Callejeros llega a su fin y la sensación es que en ese período los músicos expresaron la variada gama de sentimientos que han experimentado en el último año y medio, luego de la tragedia de Cromagnon: dolor, desconfianza, angustia, bronca, impotencia, desconcierto y, finalmente, un poco de fe y orgullo tras el buen recibimiento que ha tenido su nuevo álbum, "Señales", y luego de certificar que, a pesar de todo, la palabra "futuro" existe en el diccionario de la banda.

En una sala de ensayo de Mataderos, Patricio Santos Fontanet, Maximiliano Djerfy, Elio Delgado, Juan Carbone, Christian Torrejón y Daniel Cardell cuentan por qué decidieron editar un disco y seguir adelante con la banda; cómo llegaron a componer esas canciones que documentan parte de sus vivencias recientes, cuáles son sus temores, qué errores cometieron y cómo imaginan su futuro como músicos, aún inmersos en el complicado cuadro legal y público en el que se encuentran después de aquella trágica noche del 30 de diciembre de 2004, en la que fallecieron 194 personas que habían asistido a uno de sus conciertos.

-¿Qué significó para ustedes volver a editar un disco?

Fontanet: -Fue, en cierta forma, canalizar un montón de cosas por el lado que mejor nos sale: la música. Pudimos superar una etapa que fue muy dura y eso nos dejó conformes. Nos llevó mucho tiempo volver a tocar en una sala de ensayo, porque cada vez que intentábamos hacerlo no nos sentíamos bien, pero poco a poco empezamos a salir juntos de esta historia, psicólogos mediante. Ahí nos volvimos a encontrar y fue como que hubo un proceso de maduración, que no llegó tocando, sino a través del silencio.

Carbone: -Cuando nos juntamos en el estudio hubo ciertos temas que no pudimos grabar, porque las letras eran tan personales que Pato se quebraba al cantarlos. Y la idea era hacer temas que algún día pudiéramos tocar en vivo y, por otro lado, tampoco queríamos castigarnos tanto con lo que pasó.

-¿Cuándo decidieron que la historia de Callejeros no se había terminado?

Fontanet: -Nunca lo decidimos en realidad, sino que llegamos a esa situación luego de pasar por un montón de cosas. Mi vieja se quemó toda en Cromagnon; yo, el 1º de enero, llorando, le decía que no quería tocar nunca más, pero ella me decía que tenía que seguir. En algún momento te cae la ficha. Uno no puede terminar una historia con un mensaje que venías tirando, de ir para adelante y no bajar los brazos, justo en la peor situación. No habíamos llegado ahí de regalo ni por tener palanca ni nada, habíamos llegado ahí tocando. No correspondía otra cosa y nos terminó pareciendo lo más adecuado. Fue un proceso duro, que me costó mucho comprender, pero en un momento la idea de grabar estaba ahí, no sabíamos cuándo ni dónde, pero queríamos hacer temas, queríamos decir algo, no nos queríamos quedar callados.

-¿Y qué es lo que quisieron decir en el disco?

Carbone: -Creo que el mensaje está en el título. Porque por más que nos tiren misiles desde todos lados, todavía hay señales de vida en esta banda. Desde que ocurrió la tragedia, sentí que nos quisieron dejar sin identidad como músicos. Dijeron que fuimos ahí a coproducir un show, a ser un grupo empresario y no sé cuántas cosas más, pero nunca dijeron que fuimos a Cromagnon a tocar, nada más. Nos despersonalizaron tanto de nuestra profesión que cuando nos juntamos nos parecía raro estar tocando.

-En sus apariciones televisivas a veces se los vio prepotentes o fuera de lugar...

Fontanet: -En la tele nunca vas a actuar bien, porque no somos personajes de la televisión. Tuvimos que aprender a manejarnos con los medios, porque no nos preparamos toda la vida para dar notas más allá de lo musical. Creo que lo que reflejaron los medios fueron todos nuestros estados de ánimo, y ni siquiera se tomaron el trabajo de preguntarse en qué situación estaban estos pibes, a los que se les murieron sus familiares, que perdieron a su público, que estuvieron ahí adentro, que se quedaron sacando gente y que sufrieron un montón. Yo dije lo que sentía, que estuve ahí, que se me murió mi novia, que me quiero matar, que es un garrón lo que pasó, pero que no sabía lo que podía ocurrir.

Carbone: -Igual, yo estoy tranquilo, porque más allá de lo que diga la Justicia, que no sé realmente si es justa, sé que salgo a la calle, donde está la justicia de los pueblos, y ahí nos alientan todos, incluso gente que ha pasado peores cosas que nosotros, como las Abuelas de Plaza de Mayo o líderes religiosos.

Daniel Cardell: - Todos coinciden en que el mensaje no tiene que claudicar, que tiene una función en la sociedad y que tiene que estar. Nunca tomamos la decisión de seguir, pero cuando León [Gieco] lo llamó a Pato y le dijo "tienen que seguir" nosotros lo miramos y pensamos: "Este tipo está loco".

Fontanet: -Y tenía razón. Además tenés el empuje de los pibes, que al principio no entendíamos cómo era que se juntaban a saltar escuchando nuestros temas en el Obelisco. Hasta que un día fui a verlos y a agradecerles y ahí los entendí. Ellos tienen un sentido de pertenencia con la banda que ni nosotros tenemos. Eso también pesó a la hora de seguir, porque por más que no comprendas que ellos dependan tanto de una banda, para ellos es así.

Cardell: -Fue una discusión que se dio con Nelson Castro, que nos decía que éramos líderes y Pato le insistía en que no era así.

Fontanet: -Yo tengo 26 años, no me siento un líder de nada y tampoco creo que pueda explicar mucho. Todo esto me cayó como un baldazo de agua fría, no lo esperaba, no sabía que podía ocurrir. Y es terrible, porque no le podés dar una explicación a una madre que perdió a su hijo, porque lo que realmente necesita no son palabras, sino a su hijo. Es algo a lo que le vas a buscar la vuelta toda la vida y si le buscás la vuelta toda la vida se te va la vida buscándole la vuelta.

Carbone: -Esas demostraciones de la gente también te hacen ver que el camino musical que tomaste no estuvo errado, que tenemos errores como todos, somos seres humanos, pero el camino y la gente con la que te juntaste para hacer música, el tiempo que invertiste en todo esto y los sueños que depositaste no estuvieron errados. Eso está en estado puro.

-¿Pensaron en algún momento que la banda se podría convertir en una especie de mito?

Fontanet: -Una de las cosas que más me asustan es en lo que se podría transformar Callejeros y que tampoco sabemos si está bien o está mal. Lo único que yo quería era tocar, hacer temas y que la gente los escuchara. Nada más.

-¿Eso te limitó al componer?

Fontanet: -No, porque en realidad lo que hice fue componer con lo que me iba pasando e iba sintiendo. Lo que no queríamos era caer en el morbo, sino hablar de lo que nos pasa, aunque con eso uno se expone demasiado. Porque para muchos es sólo una canción, pero esa canción resulta que es tu vida.

-¿Insisten en querer hacer un concierto?

Fontanet: -Sí, queremos tocar, lo necesitamos. No conozco algo que se parezca a esa sensación de subir a un escenario, cantar y que haya un grupo de gente abajo que cante lo que alguna vez se te ocurrió en tu casa.

-Después de las medidas que se han tomado, ¿creen que una tragedia como la de Cromagnon puede volver a ocurrir?

Fontanet: -Sí, porque el taller de bolivianos que se incendió no estaba en Holanda, estaba en la Capital Federal, y lo mismo puede ocurrir en un subte, en un geriátrico o en un shopping. Entonces, OK, nosotros no tocamos más ¿pero vos podés poner los lugares en condiciones o no?

-¿Qué responsabilidades les caben en la tragedia?

Fontanet: -Si a mí me toca una responsabilidad, que me toque por haber estado tocando, pero que no me inventen cosas. Yo estuve ahí y desde el momento que pasó me hice cargo, porque me quedé y no me fui corriendo a ningún lado; porque estaba mi familia y porque estaba tocando para mi público, no para otro. Yo estaba ahí adentro, no me morí de casualidad, estoy vivo, me toca ésta y desde el primer momento me hice cargo. Y esto no quiere decir que no me sienta responsable, que no sufra por lo que pasó, que no me quiera matar cada vez que me acuerdo. Acá nadie se desentendió nunca del tema, fuimos los únicos que en el momento nos presentamos ante la Justicia para lo que nos necesitaran.

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